Así se gestó la confesión de Pujol

La “dejada” en Andorra salió a la luz pública tras varias discusiones entre los hijos 

En la mesa larga de este gran despacho de la zona alta de Barcelona no hay sitio para nadie más. La familia es numerosa y están casi todos. No está el padre, Jordi Pujol Soley, presidente de la Generalitat de Catalunya durante 23 años y referente moral para una parte importante de la población catalana. Se está cocinando su confesión: el 25 de julio de 2014, justo cinco años atrás, hará público que la familia tiene una fortuna oculta en Andorra y originará un terremoto en la política catalana.

El paso se gestó en 15 días, según narran fuentes del entorno del expresidente recogidas en el libro 'Jordi Pujol: la gran familia'. El 7 de julio de 2014 el diario 'El Mundo' publicó una captura de pantalla obtenida directamente de la policía con este título: "La familia Pujol ingresa 3,4 millones en un mes en un banco de Andorra". Ese mismo día Jordi Pujol -que no figuraba entre los nombres, entre los que sí había el de su mujer y de algunos de sus hijos- acude a la habitual reunión de los lunes de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC). Artur Mas le pregunta por el tema: "Ya te hablaré de ello en los próximos días". La respuesta es esquiva, diferente a la negativa contundente habitual cuando habían surgido insinuaciones similares.

Las reuniones del 7 al 11 de julio

Durante la mañana contacta con sus hijos, y por la tarde se produce la primera cumbre familiar de las muchas que habrá en los días siguientes. El padre, curiosamente, no está. Tampoco está Josep Pujol, el hijo que consiguió vender su empresa a Indra. Jordi Pujol Ferrusola alias 'Júnior', el más cercado por los asuntos judiciales, lleva la voz cantante:

- Papá dice que esto es la herencia.

Habla de un legado no incluido en el testamento que los abogados desconocían. La familia empieza a repasar las cuentas una por una porque el extracto es de cuatro años atrás. Las multas para regularizarlo todo pueden llegar al 150% del importe. A Jordi y Oleguer no les merece la pena hacer nada, lo pueden incluir en su causa judicial. José se había acogido a la amnistía fiscal del 2012 y Oriol había cancelado la cuenta. Los que lo llevan peor son Pere, Marta y Mireia. Finalmente todos acabarán bajo la lupa judicial.

Marta Pujol, sentada al lado de su madre, salta:

- La cagamos, la cagamos cuando no quisimos ir a la regularización.

- Ya lo valoramos y nos lo habrían sacado públicamente -responde Júnior.

Si la familia en pleno no se acogió a la amnistía del 2012 fue por miedo a afectar el legado de Jordi Pujol y la carrera política de su hijo Oriol, que en ese momento estaba en su punto álgido. En 2014 el caso ITV -por el que acabará condenado a prisión- ya le salpica, pero aún confía en el peso del apellido. Pide retrasar cualquier decisión.

- Es que a finales de mes se vota una ley importante en el Parlamento ...

Jordi Júnior lo interrumpe:

- Papá hará una declaración.

La posibilidad de una confesión genera la discusión principal, que se alarga en sucesivas reuniones entre los días 7 y 11 de julio de 2014. "¿Para qué?", se preguntan algunos de los hijos. Júnior responde:

- Lo sacarán en el momento que sea más peligroso para CDC y para nosotros. Nos seguirán presionando, y papá lo quiere hacer. Tenemos que decir lo que hay que decir.

Jordi tiene la idea de que, confesando, los Pujol marcarán los tiempos judiciales. Se equivoca. Oriol sigue resistiéndose.

- Coño, seamos reactivos: quizá esto sólo lo tiene 'El Mundo'. Quizás no se puede reconstruir judicialmente. Quizás solo tienen eso. ¡No nos atemos a una confesión! Dejemos a papá al margen, tenemos que salvar su legado.

- Es imposible mantener a papá al margen porque mamá está implicada.

Júnior es rotundo. Y su estrategia impone. El día 12 de julio el plan se confirma en la casa que el hijo Josep Pujol tiene en la Tour de Carol. Recuperada de la sacudida inicial, Marta Ferrusola da todo el apoyo al primogénito. El expresidente cree que la confesión será una mancha en su currículum, pero que la polémica solo durará unos meses y no afectará a su legado.

El lunes 14 de julio la madre y cuatro hijos regularizan las cuentas de la BPA en el Banco de Madrid. Oriol Pujol no acude. Come en un restaurante cercano a la sede de CDC con dirigentes afines que le preguntan por las informaciones de 'El Mundo'. Aunque no ven a venir el último capítulo, la respuesta no les satisface. Nueve días más tarde, Pujol y sus abogados se encargan de preparar un comunicado: quieren que sea bastante comprensible para salvar a los hijos y suficientemente ambiguo para no aclarar grandes cosas. Oriol Pujol lee la versión final del documento el día 24: no le gusta, pero no puede tocar ni una coma. El 25 de julio de 2014 Pujol se reúne con Artur Mas en el Palau de la Generalitat y le explica la situación. El entonces presidente se derrumba y suplica al expresidente Pujol que espere unas horas: CDC había elegido justamente ese día para iniciar una nueva etapa con la designación de Josep Rull como coordinador general. Las siglas pronto estarían destinadas a desaparecer. 

Cumplida la misión política, Jordi Pujol va a casa de su hermana María y de su cuñado Francesc Cabana; ellos aun no saben nada.

- ¿De qué herencia hablas?

- Perdón, perdón - les dice él.

A las 19.30 h, a los correos electrónicos de los medios llega un comunicado firmado por Jordi Pujol Soley. Habla de una "dejada" que su padre "había legado" a sus hijos y a su mujer ante "el incierto futuro" de su carrera política. El comunicado termina así: "Les pido que sepan discernir los fallos de una persona [...] y que esta declaración sea reparadora en lo que sea posible del mal y de la expiación de mí mismo". La confesión, hoy hace cinco años, no reparó nada: fue el inicio del ostracismo político y de un periplo judicial que todavía dura. Desde aquel día, el apellido Pujol ya no significa lo mismo.

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