Jaume Collboni: “Aterricé en una escuela anclada en el franquismo”

El candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona vuelve a su escuela con el ARA

“Por esta escalera subían los niños y por aquella las niñas. Nosotros vestidos de azul y ellas de rosa. Primero los niños y después las niñas. Y, cuando llegábamos a clase, tocaba rezar y absolutamente todo se hacía en castellano. Era un cole instalado en el franquismo”. El candidato socialista a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, vuelve con el ARA a la escuela donde acabó la EGB, en el escenario de su infancia. Un centro que él vio cambiar a la velocidad de la luz. Sobre todo, observación, por el esfuerzo de la asociación de familias, de la cual formaban parte activa sus padres y que lideró la llegada de los cambios en la escuela. “Las familias tomaron el control efectivo del centro”, explica, y dice que recuerda el día exacto en el que niños y niñas se mezclaron, por primera vez, en una misma aula.

Habla de la escuela pública Obispo Doctor Irurita, en el Baix Guinardó, donde llegó empujado por las circunstancias familiares después de que su padre, que era ingeniero, perdiera el trabajo en plena crisis de los 70 y la familia se viera obligada a estrecharse el cinturón. Collboni dejó, entonces, la escuela Icària, del Colectivo de Escuelas para la Escuela Pública Catalana, donde estudiaba: un centro, como recuerda, pionero en la innovación pedagógica y la inmersión en catalán. Hizo un “viaje en el tiempo” para empezar a estudiar en un centro “oscuro”: “Aterricé en una escuela anclada en el franquismo y me tuve que adaptar”.

“Yo no había rezado nunca”, recuerda. Habla de una época en la que se dirigían a los profesores como señores maestros y los castigos físicos estaban al orden del día. Collboni ahora vuelve allí como quien recorre su barrio después de muchos años de vivir en otra ciudad: “Eso era de arena y estos edificios no existían. Está irreconocible”.

La escuela, que, empujada por las familias, también cambió de nombre, es ahora el centro público Mas Casanova, enclavado detrás del Hospital de Sant Pau, en el barrio natal del candidato socialista. De ver que su casa acogía reuniones de las familias organizadas o de cómo se cortaba la calle Lepant para exigir inversiones al Ayuntamiento le viene, dice, la toma de conciencia de la capacidad de cambio de la ciudadanía organizada. ¿La vocación política? Quizás también, pero sobre todo, asegura, la conciencia.

“Lo pasamos mal”, recuerda en referencia a la situación económica de la familia y al choque de entrar en una escuela que parecía anclada en el pasado. “¡Y era a finales de los años 70! No hace tanto, de todo esto”. La sensación es compartida por uno de los actuales maestros de P3, que estudió allí unos años antes que Collboni y que ahora se cruza con el socialista en su retorno a la escuela: “¿Parece imposible, verdad?”

Preguntas enlazadas

El paseo con Collboni acaba con la pregunta que el candidato de ERC, Ernest Maragall, le ha formulado a través de un juego planteado por el ARA entre los alcaldables. Quiere saber si encuentra “coherente” defender políticas progresistas y no medidas como el derecho a la autodeterminación o la liberación de los presos. Y si aceptaría debatir en la prisión con Joaquim Forn. “Defiendo los derechos y las libertades, el estado de derecho, el cumplimiento de las leyes y que todo el mundo tenga un juicio justo”, dice Collboni, que pide centrar la campaña en Barcelona y dice que no debatiría en la prisión.

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