LA JUDICIALITZACIÓ DEL PROCÉS

Adrià Carrasco: “El conflicto no se resolverá con política parlamentaria”

Mil días después de escaparse por una ventana y exiliarse en Bruselas, Adrià Carrasco vuelve a casa

Mil días después de escaparse por una ventana y exiliarse en Bruselas, Adrià Carrasco (Esplugues de Llobregat, 1992) vuelve a casa con el compromiso intacto de seguir al pie del cañón para que la represión no lo condicione más de lo que ya lo ha hecho hasta ahora.

En octubre, cuando absolvieron a Tamara, no se planteaba volver porque temía entrar en prisión preventiva. ¿Se esperaba volver a casa tres meses después?

Sabía que en algún momento la causa caería por su propio peso porque desde un principio no había ninguna prueba contra mí y todo era un teatro para aplicar la estrategia del miedo.

¿Cuándo le comunican el archivamiento de la causa?

A finales de la semana pasada.

¿Vuelve enseguida o se espera?

Me espero un par de días. Por seguridad prefiero no decir cómo lo hice, pero no tuve ningún problema para volver.

Con Tamara han sido absueltos y los encausados por la operación Judas están en libertad provisional. ¿La justicia ha fracasado en el intento de criminalizar a los CDR?

En Catalunya mucha gente ha cuestionado la versión oficial, pero sí ha cuajado en el Estado porque los medios españoles han hecho de transmisores de la voluntad del Estado de dar un cariz violento al independentismo.

¿Cree que tomó la decisión correcta yéndose o en algún momento se ha arrepentido de haberlo hecho?

En ningún momento me he arrepentido. Ir al exilio evita que el Estado se pueda hacer suyo el caso y lo obliga a rebajar los cargos. El Estado sabía que yo estaba en Bélgica y no envía una euroorden cuando aquí tienen a una persona acusada de terrorismo. La justicia queda en evidencia porque es muy contradictorio.

¿Por qué no envían la euroorden?

Porque es un montaje policial y no tienen pruebas fundamentadas. Saben que Bélgica denegará la euroorden y no la envían. Es ridículo e incoherente, pero cada vez les importa menos. De terrorismo, rebelión y sedición, Tamara y yo hemos pasado a cero acusaciones.

¿Por qué cree que lo quieren detener?

No lo sé y no he perdido tiempo ni energía en intentar averiguarlo. Podía haber sido cualquiera de nosotros, como pasaba antes en el País Vasco. Y seguirá pasando hasta que no se disuelva la Audiencia Nacional y su brazo armado, la Guardia Civil, quien más crímenes ha cometido en el Estado y quien más impunidad tiene a la hora de actuar.

El lunes en su regreso hizo un llamamiento a seguir luchando y desobedeciendo.

Nuestra victoria es que tenemos unas convicciones políticas más sólidas. La represión intenta paralizar la lucha para atemorizar a la gente y ante esto la única opción es seguir la lucha.

¿En Bruselas ha seguido activo?

Me he implicado en las luchas locales porque me parecía más lógico actuar en el lugar donde vivía.

¿La represión sí ha frenado al Govern?

La represión tiene un impacto cuando ves que la persona que ocupaba tu lugar ha sufrido unas graves consecuencias. Y esto te condiciona. La lucha está en la calle, tenemos que dejar de creer que el conflicto se solucionará con política parlamentaria.

¿Cómo ve que la Generalitat se haya personado como acusación contra militantes independentistas?

Es una vergüenza que se promueva la lucha y después se reclame prisión.

¿Ha recibido el apoyo de partidos y entidades en el exilio?

En un inicio los gastos jurídicos los asumió la caja de solidaridad, pero después el grupo de apoyo ha sido bastante autónomo.

¿Ha tenido relación con el ex president Puigdemont o los ex consellers?

No nos hemos visto mucho. Con Puigdemont he hablado dos o tres veces. Lluís Puig me ayudó mucho al principio como Meritxell Serret ofreciéndome lo que necesitara.

¿El exilio ha internacionalizado el conflicto?

Sí, los exiliados han dado mucha voz al caso catalán y ha servido para salir en portadas internacionales. Las protestas postsentencia, sin embargo, consiguieron internacionalizar más el conflicto que diez años de Procés y esto nos tiene que hacer reflexionar sobre el hecho de que no se puede criminalizar la lucha en la calle.