Una conjura fallida para intentar ir a una

El ejecutivo ya intentó frenar los choques hace 20 días

Las treguas cada vez duran menos en el Palau de la Generalitat. El Govern de JxCat y ERC ya hace tiempo que funciona como dos compartimentos estancos, y el horizonte de las elecciones del 14 de febrero, a raíz de la inhabilitación del ex president Quim Torra, solo lo ha acentuado. Ni siquiera la necesidad de hacer frente a la segunda oleada de la pandemia ha frenado las disputas internas, cada vez más crudas. Las miradas de reojo y las zancadillas son constantes, y las crisis, periódicas. La última ayer, abierta por la mañana cuando ERC se levantó de la mesa del comité de crisis por el covid-19 y reconducida, como mínimo momentáneamente, a mediodía con una reunión entre el vicepresidente, Pere Aragonès, y la consellera de la Presidencia, Meritxell Budó, en la que los dos se volvieron a conjurar para hacer que el ejecutivo vaya a una. Como hace tres semanas, la última vez que, según varias fuentes gubernamentales consultadas por el ARA, todos los consellers  se hicieron la promesa de minimizar las batallas internas. Por lo que se vio ayer, fracasaron.

El 28 de octubre, mientras la Guardia Civil peinaba el territorio en otro macrooperativo contra el Procés, el Govern se reunió informalmente –sin convocatoria y sin levantar acta– en Palau. Fue una reunión maratoniana que duró toda la mañana –solo fue interrumpida para que algunos de los consellers participaran en el acto de la Plaça Sant Jaume con el que el independentismo rechazó la operación Volhov– y que, después de una interrupción a mediodía, se retomó al atardecer. El encuentro llegaba después de que el lío del conseller de Trabajo, Chakir el Homrani, sobre la obligatoriedad del teletrabajo pusiera la guinda a unos días de mensajes contradictorios entre los consellers –toque de queda sí o no, teatros abiertos sí o no, tregua a la restauración sí o no– y, según explican varias fuentes, sirvió para que todo el Govern mostrara voluntad de enmienda.

Evitar las filtraciones

La conclusión ese día fue que era necesario no contribuir a la inquietud y la confusión de una ciudadanía que ya mostraba síntomas de estar agotando la paciencia. Se acordó minimizar las apariciones públicas de los consellers y dejar que la voz cantante la llevaran solo Aragonés, Budó, Salud e Interior. Y, sobre todo, se pactó que no se hablaría públicamente de medidas que no estuvieran antes consensuadas y aprobadas por el ejecutivo entero. El pacto duró poco. El cruce de reproches entre Trabajo y Políticas Digitales por el fiasco de las ayudas a los autónomos y el choque entro en Aragonès y Ramon Tremosa por la filtración desde Empresa de un plan para reabrir pronto bares y restaurantes fueron el preludio de una crisis que acabó de estallar ayer. Las treguas duran poco en un Govern donde la pulsión electoral y las ganas de marcar perfil y poner el dedo en el ojo al socio –y al mismo tiempo máximo rival electoral– se imponen.

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