El día en el que los manteros tuvieron voz en un debate electoral

Colau y Maragall hacen pinza para cambiar la ley de extranjería

No fue del todo un debate entre candidatos y manteros porque, tal como se quejó Marine Faye, representante de la cooperativa de manteros creada por el Ayuntamiento de Barcelona, algunos alcaldables rehuían el contacto visual y se dirigían más al electorado que a ellos, a quienes tenían enfrente. Pero el debate mantero impulsado por la entidad Casa Nostra Casa Vostra en la sede de Radio Primavera Sound con la colaboración del ARA, permitió oír a una voz habitualmente en la sombra y que los candidatos tuvieran que escuchar sus reclamaciones. Estaban todos menos los que más han puesto el foco en el top manta, Cs y el PP.

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Con intervenciones directas, los manteros salpimentaron el debate, presentado por Laura Rosel, y desmontaron algunos mitos que les han atribuido. “Ninguno de mis compañeros quería dedicarse a la venta ambulante, cuando llegamos aquí se nos rompe el sueño que nos habían vendido en Senegal”, afirmó Lamine Bathily, del Sindicato Popular de Manteros, que dio uno de los titulares de la tarde: “Yo llevo más tiempo aquí que Manuel Valls: 12 años”. El recuerdo de los estragos de los países colonizadores en su lugar de origen fue una constante: “Nos miran como a gente pobre que viene de lejos, pero vengo de un país mil veces más rico que España que tiene todos los recursos naturales que necesita el mundo. No hemos venido a saquear ni a colonizar, sino con el sueño de trabajar”, subrayó Lamine Sar —también del Sindicato de Manteros—, que describió la crudeza de la llegada a España. Pasó por un CIE, que “es peor que una prisión”, y como vendedor ambulante ha sufrido “racismo y agresiones”: “Ninguno de vosotros me puede explicar qué sientes cuando la policía te pega con una porra eléctrica”, destacó.

El debate político enseguida se decantó hacia el lado de cambiar la ley de extranjería. Tanto la alcaldesa y candidata de los comunes, Ada Colau, como el cabeza de cartel de ERC, Ernest Maragall, insistieron en reformarla para abordar la situación. Hasta dos veces Colau pidió a Collboni que se decidiera a hacerlo: “Aquí tenemos mayoría”. Y Maragall defendió iniciar los trámites desde el Ayuntamiento para cambiarla.

Collboni, el más crítico

A estela de ellos, la candidata de Junts per Barcelona, Elsa Artadi, dio su apoyo y al mismo tiempo reclamó la colaboración entre administraciones. Daouda Dieye, otro mantero, les recordó a todos los obstáculos que deben superar para obtener papeles y legalizar la situación. Eso, después de que el socialista Jaume Collboni —erigido en la voz más crítica con los manteros, sobre todo por la parte de la competencia comercial y el empleo de la calle—, sacara pecho por las medidas de los gobiernos socialistas con la inmigración. Collboni, sin embargo, evitó mojarse sobre la ley de extranjería. El cabeza de lista del PSC tiró de comerciantes que conoce —José, Pili...— para ejemplarizar los perjuicios del top manta. Lo rebatió Marine Faye: “Tenéis más problemas por resolver que el de la inmigración”. Además, reclamó poner el foco en las naves de proveedores, de las que nunca se habla.

Collboni motivó más de un resoplido de Colau, muy expresiva mostrando su desaprobación ante algunos reproches. La alcaldesa defendió la línea de su gobierno (la cooperativa, el carné de vecindad, los planes de empleo) y la necesidad de profundizar. En eso la instó Anna Saliente (CUP), que también propuso “desobedecer la ley de extranjería xenófoba y buscar un espacio donde se pueda vender sin estar sometido a la violencia policial”.

Entre Colau y Maragall se ahorraron el cuerpo en cuerpo, y estuvieron de acuerdo en alguna cuestión más, como que es necesaria la colaboración con el área metropolitana y aplicar los mismos criterios de empadronamiento. Algún rasguño se hicieron, como cuAndo Maragall dijo que la cooperativa no había tenido suficientes resultados. “Al principio los Encants eran ilegales, Sant Antoni también: aprendamos”, dijo Maragall. Daba así la razón a Lamine Sar, que había recordado que la venta ambulante ya existía mucho antes de que ellos llegaran: “Es una actividad de la clase más baja y vulnerable”.

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