La moción de censura divide al PP y pone a prueba a Casado

El líder popular mantiene en secreto el sentido de su voto

A pesar de que se presenta contra el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, la moción de censura de Vox que se empieza a debatir este miércoles en el Congreso tiene otro liderazgo en el punto de mira: el de Pablo Casado. El presidente del PP es el protagonista colateral de un debate que ya se sabe que no hará caer al gobierno de coalición -Vox quedará lejos de los apoyos necesarios- y con el que el partido de Santiago Abascal no busca sino desgastar a los populares y erigirse en el referente de la triple derecha en la oposición.

En un intento de esquivar la trampa de la ultraderecha, Casado ha optado por mantener en secreto el sentido del voto de sus diputados. En las últimas semanas ha mantenido decenas de contactos con dirigentes y ex dirigentes del partido sobre este tema sin que, por ahora, haya hecho pública la conclusión a la que ha llegado. Aun así, la división de opiniones dentro de la formación se ha hecho evidente en las últimas semanas y va desde los que creen que se tiene que votar a favor de la moción, como Esperanza Aguirre, hasta los que defienden que “sin ningún tipo de duda” se tiene que votar en contra, como el expresidente español José María Aznar, que interpreta que el movimiento de Vox solo servirá para “fragmentar la derecha” y “consolidar” la coalición de gobierno. Para completar el cuadro, la hasta hace poco portavoz de los populares en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, ha defendido públicamente que la única opción que considera razonable es que el PP se abstenga porque “ni puede apoyar a Sánchez ni puede apoyar a Abascal como presidente”. La disparidad de criterios, pues, es total y a estas alturas no se descarta incluso que algunos diputados -como por ejemplo la propia Álvarez de Toledo- puedan romper la disciplina de voto si la decisión final de Casado no los satisface.

En el trasfondo del debate sobre qué hacer con la moción de censura está, de hecho, el dilema estratégico que afronta Casado casi desde el minuto uno de su llegada a la presidencia del PP: si escorarse a la derecha para competir con Vox y tratar de recuperar votantes populares que se han ido con Abascal o, por el contrario, desmarcarse de la ultraderecha y exhibir un perfil más moderado que permita arrinconar a Vox y captar votos centristas. Hasta ahora, en los dos años que hace que es el líder de los populares, Casado ha representado todos los papeles, oscilando entre el discurso más duro que mostró antes de las elecciones del 28-A de 2019 al perfil más conciliador que lució desde la derrota de esos comicios hasta la repetición electoral del 10-N de ese mismo año.

En plena pugna con el PSOE

El debate es endemoniado para el PP, que sabe que haga lo que haga el resto de grupos tratarán de desgastarlo por un lado o por otro. Así, si vota con Vox a favor de la moción el PSOE lo aprovechará para redoblar sus críticas a Casado homologándolo a la ultraderecha y acusándolo de estar dispuesto, incluso, a hacer presidente a Santiago Abascal. En cambio, si vota en contra de la moción o se abstiene, los altavoces de Vox no tardarán ni un minuto en recuperar el mantra de la derechita cobarde y en presentar a los populares como unos aliados del gobierno de coalición de Sánchez y Pablo Iglesias.

De momento, y en un intento precisamente de marcar distancias con el ejecutivo español, el PP continuó ayer con su cruzada contra la reforma del Consejo General del Poder Judicial. La duda es si, una vez pasada la moción de Vox, los populares mantienen la dureza o, en otro giro de Casado, se avienen a negociar.

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