Las políticas culturales y aires de una nueva era

Los candidatos exponen sus propuestas en materia de cultura en un debate en el Ateneo Barcelonés

La primera constatación del debate sobre el modelo cultural que quieren los partidos para Barcelona es que el nivel de conocimiento del sector y la concreción de las propuestas han mejorado respecto a los comicios anteriores. No costaba mucho. Algunos de los ponentes del acto que se celebró este miércoles en el Ateneo Barcelonés eran viejos conocidos de la administración socialista —Ferran Mascarell (JxCat), Gemma Sendra (ERC), Xavier Marcé (PSC)- y de la izquierda —Joan Subirats (BComú)—. También había cuatro caras nuevas: Marc Cerdà (CUP), Jordi Graupera (BCap), Manuel Valls (BpC-Cs) y Eva Higueras (PP), que fue la que levantó más cuchicheos en la sala, con propuestas como reconvertir el Castillo de Montjuïc en una fortaleza, el apoyo al proyecto del Hermitage porque “faltan museos” y el “escalofrío” que declaró sentir cuando Subirats defendía la “politización de la cultura”. Según el PP, “la cultura no sirve para hacer política”.

El día en el que los manteros tuvieron voz en un debate electoral

A pesar de la inevitabilidad de algunos temas clásicos y recurrentes (la defensa del binomio educación-cultura; el cambio de gobernanza de las instituciones; que el ICUB no produzca, sino que gestione la cultura; la mejora de las ayudas a los creadores; la sorprendente alabanza sin fisuras al modelo de Fábricas de Creación, y la visión metropolitana de Barcelona), lo cierto es que se respiraban ciertos aires de una nueva era. Porque los ejes troncales del debate giraron alrededor del valor social de la cultura y la necesidad de democratizarla: la dificultad de acceso actual; la voluntad de distribuirla en el territorio a través de los equipamientos de base y las escuelas; la no integración de la diversidad; la importancia de la innovación, ciencia, tecnología y creatividad, y que haya una paridad comprobable con cifras. En esto Subirats lideró el discurso, coincidiendo a veces con Mascarell y sobre todo con Sendra, que además pide a la ciudad “ambición en el liderazgo de la capitalidad” y un uso coordinado de los recursos ya existentes.

Excepto el PP y BpC-Cs, no se habló de grandes equipamientos ni grandes acontecimientos, y en cambio sí de la necesidad de repensarlo todo. Mascarell dijo: “No tenemos un proyecto de ciudad sólido. El último plan estratégico tiene 20 años”. Insistió en la necesidad de “renovación” del relato de ciudad, que para él debe ser “la ciudad del talento”. “Barcelona debe definir su marca”, coincidió Marcé. Graupera hacía una enmienda a la totalidad de las políticas culturales de los últimos 40 años y defendía que “hay que poner al creador en el centro” en vez de “los intermediarios” y “las redes clientelares”, lo que convierte la cultura en un lugar de riesgo y conflicto y no de pacto y consenso”.

Mascarell y Marcé defendieron que el presupuesto destinado a Cultura suba del 5% al 7%. El capítulo de promesas electorales fue jugoso. Una elección: BComú promete 100 residencias para creadores, un espacio de exhibición estable de circo y una sala municipal de cine; ERC propone un alquiler social para espacios culturales; JxCat, un salario mínimo de ciudad de 1.200 euros; el PSC, hacer que los miércoles las escuelas vayan a su centro cívico; la CUP, remunicipalizar los servicios privatizados; el PP quiere abrir sedes del Museo del Prado y del Reina Sofía en los edificios del Banco de España y Correos; BpC-Cs quiere hacer dos ejes culturales en Montjuïc y el 22@, y BCap defiende una compañía de teatro municipal itinerante. El acto atrajo a 240 personas del sector cultural que llenaban la sala y 60 más que lo siguieron en un anexo durante dos largas horas, sin debate ni turno de preguntas.

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