Un presidente 'celestial'

Hasta su magistrado 'protector', Hurtado, se ha visto obligado a llamarle la atención

El tribunal le puso una mesa en estrados, el presidente de la Audiencia Nacional le recibió a pie de garaje y a pesar de este trato deferente de VIP, Mariano Rajoy se comportó en la sala de juicio como suele hacerlo en el Congreso: contestó muchas veces con desprecio las preguntas de los abogados. Y eso pasó porque el tribunal le puso a su nivel y al de los abogados. Si el de Rajoy es un caso inédito –primer presidente en ejercicio que declara como testigo por corrupción de su partido-, su conducta no lo fue menos: arrancó los reproches de hasta Ángel Hurtado, presidente del tribunal, quien se opuso en minoría a su declaración y quien luchó sin éxito para que se realizara por videoconferencia.

Rajoy no declaró en función de lo que sabía por su cargo de presidente del Gobierno sino por su condición de dirigente del Partido Popular. Pero en lugar de dignificar la institución presidencial y agradecer el trato del tribunal, su comportamiento hacia los letrados, pasando por encima del tribunal, se inspiró en el estilo navajero del portavoz Rafael Hernando. Su cargo de presidente debía aconsejar contención, pero, como ha dicho ua fuente jurídica: "Rajoy vino a dar por saco".

Rajoy presentó como un presidente celestial del Partido Popular. Nada terrenal le ha concernido en sus años de vicesecretario general y secretario general. Rajoy, genio y figura. "Negar. Negar. Negar. Su teoría de la defensa penal consistía simplemente en: ¡Negar! No admitir nunca ningún hecho ni ninguna prueba que pudiera ser indicio de culpabilidad", dice un abogado en la novela de John Grisham llevada al cine 'La tapadera'. Es lo que ha hecho Rajoy, testigo de primera clase, y lo que hicieron los otros ex ministros del PP que le precedieron como testigos de segunda clase.

Y esa negación lamentablemente no recibió en las acusaciones la respuesta adecuada. Por ejemplo: la reunión de marzo de 2010 en el despacho de Rajoy entre Luis Bárcenas, su esposa Rosalía, y Javier Arenas. Rajoy y Arenas han estado de acuerdo: no se pactó nada, fue una reunión "humana" de despedida. Pero María Dolores de Cospedal soltó la liebre el 14 de agosto de 2013 ante el juez Ruz. Allí en el despacho de Rajoy se pactaron las condiciones de salida y el presidente del PP se lo dijo a Cospedal ocho meses más tarde.

En que consistía el acuerdo: 20.000 euros mensuales, coche con chófer, secretaria y sala para guardar documentos. ¿Por qué lo cuenta Cospedal? Primero, porque así ocurrió; segundo porque Bárcenas había declarado el 6 de febrero de 2013 en la Fiscalía Anticorrupción que había llegado al "acuerdo de compensación" con… Cospedal. Y la secretaria general al revelar el pacto Bárcenas-Rajoy-Arenas se reafirma en lo que había declarado acerca de los sobresueldos en enero: "Que cada palo aguante su vela". Los "palos" Arenas y Rajoy debían aguantar la "vela" de los 20.000 euros.

Pero ningún letrado recordó ayer esta contradicción. Quizá se pueda solicitar un careo entre Rajoy y Cospedal en el juicio de los Papeles de Bárcenas o contabilidad B del PP. Uno de los temas que provocó comentarios irritantes o despreciativos de Rajoy en su declaración fue el de los SMS a Bárcenas. Una acusación preguntó por dos de ellos. En uno, Rajoy dice el 10 de abril de 2012 –nueve meses antes de conocerse las cuentas suizas-, lo siguiente: "Luis, nada es fácil pero hacemos lo que podemos. Ánimo".

Rajoy contestó, irritado, que quería decir exactamente eso: que hacemos lo que podemos. Y luego añadió, con cierta tensión, mofándose del letrado, que nada de lo que hacían era "contra" el proceso penal. Interesante respuesta. Porque en un SMS anterior, Bárcenas le pedía que relevara al fiscal jefe Anticorrupción, Antonio Salinas, y a las dos fiscales en aquel momento, Concha Sabadell y Miriam Segura. Estas gestiones Rajoy y Bárcenas las confiaron al "enlace" pactado entre ambos: Alfredo Prada, presidente de la Comisión de Justicia del Congreso. Prada hizo gestiones para satisfacer a Bárcenas, con el respaldo clandestino de Rajoy, pero no logró el apoyo del ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón.

También hubo maniobras en la Audiencia Nacional para que el juez Javier Gómez Bermúdez no interrogara, como estaba previsto, a Bárcenas en marzo de 2013, por temor a que enviara al extesorero a prisión, según había deslizado en privado. El PP apoyó momentáneamente que el juez Pablo Ruz asumiera como pieza separada los Papeles de Bárcenas para que no llevara el caso Gómez Bermúdez. Más tarde, cuando el PP consideró que Ruz iba demasiado lejos, encargó dar por finiquitada su comisión de servicios, operación que consumó Carlos Lesmes, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Ángel Galindo, abogado de José Luis Peñas, el denunciante del caso, preguntó precisamente a Rajoy por el SMS en el que Bárcenas le recuerda que a través de "nuestro amigo" –Alfredo Prada- se barajaba un nombre para sustituir a Salinas. Pero Hurtado advirtió a Rajoy que la pregunta era impertinente, que no contestara. Hicieron lo que pudieron, pero lo que pedía Bárcenas era demasiado. Rajoy incurrió ayer en una 'excusatio non petita' al afirmar que no hicieron "nada" contra el proceso penal. Y ya sabemos que eso equivale a una… 'accusatio' manifesta.

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