ANÁLISIS

El 'remake' de Pedralbes

El pacto ERC-PSOE resucita las conductas del 20 de diciembre de 2018… excepto la de Torra

El 20 de diciembre de 2018 el president Quim Torra y el presidente Pedro Sánchez, tras un cónclave de sus gobiernos en Barcelona, se reunieron en el Palau de Pedralbes para dar fe del pacto para lanzar un "diálogo efectivo que vehicule una propuesta política que cuente con un amplio apoyo en la sociedad catalana", pacto que movilizó a la derecha y ultraderecha contra el gobierno.

Sin embargo, un mes y medio más tarde, el 5 de febrero de 2019, el president Torra difundió el documento de 21 puntos que había presentado en las reuniones, en los que se pedía “reconocer y hacer efectivo el derecho a la autodeterminación", que se acepte "la mediación internacional" y que se apliquen medidas para la "regeneración" del Estado (“desfranquizar”). 

La “revelación” de ese programa por parte de Torra fue la horma perfecta para el zapatazo de la derecha y la ultraderecha por alta traición contra Pedro Sánchez por aceptar la figura de un relator -algo bastante irrelevante- en las negociaciones. Sánchez se remitió a defender lo único acordado: el documento de Pedralbes.

Desde el comienzo de las negociaciones posteriores a las elecciones del 10 de noviembre para la investidura de Pedro Sánchez, ERC explicó que se trataba de tomar el pacto de Pedralbes como punto de partida. El PSOE, por cierto, nunca renegó de dicho pacto.

Y lo que ha acabado pactando ahora es básicamente el documento de Pedralbes con un elemento nuevo que no es baladí: los acuerdos que se adopten -si es que se adoptan- serán sometidos a consulta de los catalanes. Aquí no hay relator insustancial, pero hay una posible consulta en ciernes.

Lo que fue bueno para Torra el 20 de diciembre de 2018 ya no es bueno para Torra hoy. Según ha dicho, no se contempla la figura del relator.

El infantilismo es la nota dominante de la política española. Torra parece incapaz de razonar algo tan elemental como que al haber impulsado el pacto de Pedralbes en diciembre de 2018 -si es que creía realmente en su desarrollo lo que no es del todo seguro por su conducta de torpedearlo al filtrar un mes y medio después de firmarlo los 21 puntos, típica operación de saboteo del acuerdo-, es también un avance para sí mismo y para su govern, habida cuenta que su socio ERC también se cuenta entre los impulsores del pacto de Pedralbes que ahora ha renovado bajo el envoltorio del pacto de investidura. 

El gobierno en ciernes de Pedro Sánchez tendrá que lidiar por un lado con el infantilismo –presente en la batalla por la hegemonía del independentismo entre los titanes Oriol Junqueras y Carles Puigdemont- y por el otro con el sueño de las derechas en liza para que la política española haga un viaje de retorno, a través del túnel del tiempo, a febrero de  1936.

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