“No podemos aguantar más cerrados, moriremos más de hambre que del virus”

Los empleados de la restauración y la hostelería, en alerta roja ante las nuevas restricciones por el covid-19

Un restaurante de la Rambla de Barcelona cerrado, después de que el Govern aprobara por decreto los quince días de restricciones a bares y restaurantes. / MARC ROVIRA

“La primera vez estaba tranquilo y tenía ahorros guardados, pero ahora depende de cuánto se alargue esto. Tengo muchas dudas”. Cuando Unai (nombre ficticio) salió del restaurante donde trabaja en el Eixample el jueves 15 de octubre todavía no sabía si al día siguiente por la mañana tendría que ir a abrir el local. El cierre de la restauración en Catalunya como parte de las nuevas medidas de la Generalitat para contener la pandemia pilló descolocado a un sector que ya es uno de los más tocados por la crisis del covid-19. Para los propietarios, la restricción agrava el agujero de sus cajas y la urgencia de recibir ayudas directas. Para los trabajadores, supone volver a la casilla de salida de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y a la preocupación por conseguir cobrar las prestaciones a tiempo.

Unai forma parte de los 41.054 trabajadores que en una semana han engordado la lista de personas que vuelven a depender de los ERTE para llegar a final de mes en Catalunya. Desde que se aprobó el cierre de bares y restaurantes, se han sumado 4.871 empresas del sector. “Nuestro restaurante tiene sobre todo público local y en junio habíamos vuelto a abrir con la plantilla a media jornada, pero haciendo las mismas horas”, apunta este camarero.

Con la parada de la primavera ya tuvo que hacer equilibrios, porque cobraba la prestación cada dos meses aproximadamente, lo cual le dificultaba pagar los gastos fijos como el alquiler o la alimentación. “Mi jefe me adelantaba dinero hasta que yo la recibía y después se lo devolvía. Si no, no hubiera podido”, añade. Trabaja en un restaurante de tapas que no se ha podido adaptar al formato de comida para llevar y ve la situación más complicada que en marzo . El propietario ha tenido que pedir un préstamo y él todavía no sabe cómo cobrará durante los días en que tengan la persiana bajada. “Yo soy una persona joven sin menores a cargo y me están ayudando, pero tengo amigos y conocidos en la restauración que se están marchando de Barcelona porque no se pueden mantener”, asegura.

Daniel Cachineros también se siente bastante afortunado, aunque hace diez días que no puede ir al restaurante de Mataró donde trabaja. Para él, este trabajo de fines de semana es el único sueldo estable, puesto que el resto de la semana saca adelante su propio proyecto como autónomo. “Mi caso no es muy representativo porque mis jefes decidieron seguir pagando a los trabajadores de sus ahorros sin pedir un ERTE”, explica. Ahora, sin embargo, sí que se han acogido a las medidas y Cachineros todavía no tiene claro cuándo y cómo cobrará. “Quizás los negocios de toda la vida que ya han recuperado parte de la inversión irán menos con el agua al cuello, pero habrá cierres”, dice.

Los sindicatos tienen muy claro que la segunda oleada de la pandemia y las posteriores restricciones a determinadas actividades económicas han dejado miles de familias viviendo “al día”. “El desayuno y la comida forman parte del horario laboral de mucha gente que ni siquiera lo hace por ocio. No entendemos por qué cuando en Europa solo se está cerrando en los horarios relacionados con el ocio, aquí se hace diferente”, argumenta Jesús Lodeiro, responsable sindical del sector de la hostelería, el turismo y el juego a la UGT de Catalunya. Considera que estas son las franjas en que la gente se relaja más y que podrían tener un efecto en el contagio, pero cree que las medidas de la Generalitat son “desproporcionadas”. “Es demasiado exigente”, insiste.

La situación es la misma -o en algunos casos peor- para los trabajadores de los hoteles, que desde el estallido de la pandemia quedaron vacíos de turistas y en buena parte no han vuelto a abrir. Abelardo Linares es venezolano y hace siete meses que no trabaja. El Hotel Princesa Sofía, donde trabajaba rellenando los minibares de las habitaciones, cerró en marzo y desde entonces la plantilla está en un ERTE. “Teníamos esperanzas que volviera a abrir en septiembre o en octubre, pero con esta segunda oleada no sé cómo irá”, dice. Para él, que desde entonces tiene problemas para llegar a final de mes, la principal preocupación es no poder enviar dinero a su familia en su país. “Mi padre necesita una medicación y allá la situación todavía es más crítica”, lamenta Linares.

Inquietud en la hostelería

Marc Guia estuvo tres meses sin cobrar la prestación de la ERTE en primavera después de que el hotel donde trabaja cerrara y ahora su peor pesadilla es que esta situación se vuelva a repetir. “La empresa ha tenido que volver a entregar toda la documentación al SEPE y no hay manera que nos contesten, están desbordados”, comenta. Al inicio de la pandemia, tanto Guia como su mujer -trabajadora de limpieza- se quedaron en los limbos de los ERTE y con la caída repentina de los ingresos en su hogar la familia acudió al Banco de Alimentos para dar comer a su hija de seis años. “Fue un calvario y no quiero volver a pasar por eso, pero si tengo que volver a pedir comida, lo haré”, afirma. Mientras no trabaja ha hecho algunos cursos para ganar formación en otros sectores, pero tiene muy claro que con quince años de antigüedad en la empresa no se puede permitir dejarla y perder la indemnización. “No podemos aguantar más cerrados, moriremos más de hambre que del virus”, sentencia.

Esteban Becerra expresa la misma preocupación. “Estábamos acostumbrados a lo que ganábamos y yo acababa de contratar una hipoteca. Ya vamos mal, pero si encima vuelve a haber retrasos en los pagos...”, dice. En 40 años trabajando en el mismo hotel nunca había marchado más de un mes por vacaciones y ahora hace siete que no lo pisa. “Me está afectando mucho psicológicamente”, confiesa, y recuerda que a partir de este mes también empezará a agotar su paro.

Quince días de vacaciones para dejar la puerta abierta a los ERE

La decisión repentina de la Generalitat de cerrar bares y restaurantes durante al menos quince días ha provocado una nueva disyuntiva que todavía no estaba sobre la mesa. Fuentes sindicales explican que algunos propietarios están optando para conceder estas dos semanas como vacaciones a los trabajadores para no volver a arrancar un nuevo proceso de ERTE. Esta opción, sin embargo, añade un nuevo interrogante: ¿sin un nuevo ERTE, podrían despedir directamente la plantilla antes de que se cumplan los seis meses de tregua? Los representantes de los trabajadores temen que, como ya pasa con la industria, algunas empresas empiecen a convertir los ERTE en ERE, de forma que los empleados se queden en el paro. “También podría ser que se acogieran a un proceso concursal y el resultado acabe siendo el mismo”, indica una voz sindical. A esto se suma el colapso de los servicios del SEPE, que ya dan por hecho que propiciará, de nuevo, las situaciones del inicio de la pandemia.

LAS VOCES DE LOS TRABAJADORES MÁS AFECTADOS

“Fue un calvario y no quiero volver a pasar por eso, pero si tengo que volver a pedir comer, lo haré “

“La empresa ha tenido que volver a entregar toda la documentación al SEPE y no hay manera de que nos contesten, están desbordados"

“Estábamos acostumbrados a lo que ganábamos y yo acababa de pedir una hipoteca. Ya vamos mal, pero si encima vuelve a haber retrasos en los pagos [de los ERTE]...”

“Mi jefe me adelantaba dinero hasta que yo la recibía y después se lo devolvía. Si no, no hubiera podido”

“El restaurante tiene público local y en junio habíamos vuelto a abrir a media jornada, pero haciendo las mismas horas”

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