Los siete magníficos

El tribunal confirmará la competencia esta semana rumbo al juicio oral en la tercera semana de enero

Algunos colegas de los miembros del tribunal (Manuel Marchena, Andrés Martínez Arrieta, Juan Ramón Berdugo, Luciano Varela, Antonio del Moral, Ana Ferrer y Andrés Palomo) ya les han bautizado.

En algunos chats de jueces les llaman "los siete magníficos", nombre que evoca aquel film de Hollywood en el que Yul Brinner, veloz como el rayo con su revólver, recluta a otros seis colegas, entre los que destacan, en la versión original de 1960, unos jóvenes Steve McQueen, Charles Bronson y James Coburn, para defender, por poco dinero, a un pueblo de México que es saqueado periódicamente por un grupo de forajidos, un guión que se inspiró en  Los siete samuráis, de Akira Kurosawa.

Los siete magníficos decidirán, pues, a partir de hoy miércoles –el auto puede estar listo el próximo viernes- confirmar la competencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo para enjuiciar el caso del  procés, es decir, a los 18 acusados independentistas por los delitos de rebelión, malversación y desobediencia. ¿Seguro? Con total seguridad.

Porque la razón de fondo nos remonta al motivo que llevó al fiscal general del Estado, José Manuel Maza, a presentar el 30 de octubre de 2017, la querella criminal en el Supremo: la desconfianza en el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Y ahora que la faena está a medio realizar, el tribunal no se va a volver atrás.

La sesión del antejuicio, por así decir, sobre la competencia –artículo de previo pronunciamiento- empezó con una breve introducción del presidente de la Sala Segunda, presidente y  ponente del tribunal, Manuel Marchena, quien buscó crear un ambiente confortable, garantizando a letrados y letradas de los acusados –ausentes- su derecho a exponer, sin ser coartados, todos sus argumentos.

Fue curioso escuchar a Marchena dirigirse a los abogados y abogadas por su nombre de pila. El uso del vocablo tan castellano  Don precediendo, por ejemplo, el nombre catalán  Jordi,  se hacía extraño, todo un cambio de actitud respecto al perfil adusto exhibido en febrero de 2017, durante el juicio de Francesc Homs por desobediencia en el Supremo.

En aquella ocasión, cuando Homs protestó porque el fiscal Jaime Moreno –quien también expuso ayer sobre el tema de la competencia- le interrumpía  ("En mi casa me enseñaron que uno tenía que dejar que el otro acabara de hablar antes de empezar él. Y me gustaría que se me tratata con respeto"), Marchena, que presidía el tribunal, saltó como leche hervida: "Esto no es su casa, esto es el Tribunal Supremo".

Todo lo contrario de la sesión de ayer y, según fuentes judiciales consultadas por ARA, este será el  estilo de la presidencia durante los casi tres meses que puede durar el juicio oral, aunque si se observa el espíritu expeditivo de la sesión de ayer, quizá la duración pueda resultar inferior.

El punto fuerte de las defensas respecto del tema de la competencia: la razón que invocó la Fiscalía para lograr que se afirmara la competencia del Supremo ha brillado por su ausencia en la instrucción del magistrado Pablo Llarena.

Esa razón se titulaba, en la querella de Maza, así: " Los aspectos internacionales en las distintas fases del proceso independentista" .

Fue Judith Gené, que defiende a los acusados Ramona Barrufet y Joaquim Forn, quien lo explicó de manera tan sencilla como desenvuelta. Una cosa es decidir hace algo más de un año, el 30 de octubre de 2017, aceptar los argumentos de la Fiscalía y decretar la competencia, y otra distinta es, instruida la causa, con los autos de procesamiento y de conclusión sobre la mesa, mantener esa posición.

Según la letrada, en coincidencia con sus colegas, esos aspectos internacionales invocados hace un año no han justificado la competencia declarada  prima facie.Esos hechos no han merecido diligencias de prueba ni aparecen mencionados en los autos de procesamiento y conclusión del sumario. La letrada insistió, por otra parte, en que el Supremo había afirmado la competencia del TSJC en el caso de la consulta del 9-N de 2014.

Y aunque el fiscal Jaime Moreno, con un tono apacible y sereno, explicó que la competencia excedía el TSJC precisamente porque se había atacado la Constitución – “el corazón del Estado”, dijo-, la verdad es bastante sencilla: fue la desconfianza en la actividad del TSJC durante el 9-N la que llevó a Maza a optar por el Supremo.

Porque el gobierno de Rajoy y el TSJC no intentaron impedir el 9-N y porque cuando el fiscal general Eduardo Torres-Dulce urgió a presentar la querella a la Fiscalía del TSJC contra Mas, Ortega y Rigau, se encontró con una resistencia a hacerlo, conducta que luego se repitió durante la instrucción de la misma con los retrasos en la convocatoria de los investigados a prestar declaración.

La construcción del argumento de los “aspectos internacionales”  fue el vehículo de la Fiscalía para evitar que la instrucción del 1-0 quedase -también por rebelión- en el TSJC.

El tribunal no dará marcha atrás. Pero sería deseable que los siete magníficos realicen un debate a fondo y que asome alguna discrepancia en el telón de acero que se ha erigido.

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