El siglo XXI empieza en 2021

Hace sólo 15 años habría sido imposible cerrar las universidades y continuar la docencia

MARTA AYMERICH
MARTA AYMERICH Vicerectora de planificació estratègica i recerca - Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

La pandemia ha acelerado cambios en la educación a los que ya se apuntaba y que a partir de ahora serán ineludibles. Por eso un importante pensador como Sanjay Sarma, vicepresidente de la prestigiosa universidad norteamericana Massachusetts Institute of Technology (MIT), dice que el siglo XXI empezará en 2021. La pandemia del covid-19 ha significado el punto de inflexión y el comienzo real de siglo.

Hace sólo 15 años habría sido imposible cerrar las universidades y continuar la docencia. Hoy ha sido posible. Aun así, esto también nos ha hecho darnos cuenta de las carencias que la universidad tiene para repensar la docencia. Y es que el modelo casi no ha cambiado desde hace muchos siglos, como decía el mismo Sarma en la lección inaugural de este año en mi universidad.

Se ha hecho evidente que el profesorado ya no es el único repositorio de conocimiento. Hoy en día el conocimiento está disponible por todas partes y se puede llegar a cualquier persona con un ordenador portátil, una tableta o un teléfono móvil. Además, el auge de las redes sociales y el rápido crecimiento de la tecnología digital plantean retos sin precedentes en las universidades para ayudar a los estudiantes a personalizar sus aprendizajes. El SARS-CoV-2 nos lo ha hecho muy patente.

Esto significa que tendremos que cambiar la manera en la que abordamos la docencia y el aprendizaje. Entre otros aspectos, la presencialidad tendrá que demostrar que tiene suficiente valor para que valga la pena dedicar tiempo a ir a clase solo para escuchar.

Por otro lado, por si no fuera bastante evidente, la pandemia ha puesto de relevo que necesitamos la interdisciplinariedad para resolver problemas complejos. De hecho, como ha escrito Richard Horton, editor de The Lancet, “el covid-19 no es una pandemia, es una sindemia”. El término se utiliza cuando interaccionan dos o más epidemias que causan más trastornos que la suma de las dos. Lo es porque la emergencia del SARS-CoV-2 aparece concomitantemente con una serie de enfermedades no transmisibles, y las dos condiciones interactúan en un contexto de desigualdades sociales que exacerba los efectos adversos de todas ellas.

Esta sindemia actual no es el único problema complejo al cual tenemos que hacer frente. Hay muchos y muy diversos, y hay que abordarlos desde la investigación científica interdisciplinaria. Justo es decir que no solo hago referencia a conocimientos de diferentes disciplinas científicas y sociales, sino también a habilidades transversales, como por ejemplo, el pensamiento crítico, la capacidad comunicativa, la empatía, la curiosidad, el saber trabajar en equipo o la creatividad.

Hoy en día sabemos que determinadas metodologías de aprendizaje, como por ejemplo la basada en problemas o la basada en proyectos, no solo fomentan un enfoque multidisciplinario del conocimiento sino también las competencias transversales y, además, permiten desarrollar habilidades de aprendizaje a lo largo de la vida. Ya lo dice Sanjay Sarma que, más que formar personas para esta u otra profesión, tenemos que formarlas para que se conviertan en directoras y directores generales de sus propias vidas.

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