El proyecto deportivo del Barça, a debate

El club reformula la planificación de una plantilla cuestionada por las derrotas en la Champions

Después del final del partido en Anfield, cuando los cuatro goles encajados por el Barça todavía resonaban más que el You’ll never walk alone que entonaba la afición del Liverpool, Josep Maria Bartomeu dijo que venían “unos días difíciles”. A pesar de tener ya la Liga en el bote y una nueva final de Copa para disputar, la derrota mayúscula en la Champions y cómo se produjo han sacudido un proyecto deportivo que el club veía como ganador y que ahora está inmerso en una profunda revisión y reflexión, después de cuatro temporadas sin llegar a una final europea.

Son varios los factores que hay que revisar de un proyecto deportivo con caras nuevas desde el pasado verano, cuando en la secretaría técnica Robert Fernández fue sustituido por Éric Abidal, que se estrenaba en el cargo, y su adjunto, Ramon Planes, bajo la supervisión de Pep Segura, mánager deportivo de fútbol desde 2017. Un equipo encargado de trabajar, junto con Ernesto Valverde, para construir la plantilla, establecer la metodología a seguir y planificar los fichajes con la última palabra para Bartomeu.

Cuatro puñaladas al corazón del barcelonismo (4-0)

En los casi cuatro años del mandato de Bartomeu ha habido varios cambios en la dirección deportiva, y la creación del cargo de mánager deportivo de fútbol. En enero de 2015, después de perder en Anoeta, los platos rotos los pagó el director deportivo, Andoni Zubizarreta, mientras que Carles Puyol, su adjunto, presentó la dimisión. Meses más tarde, en julio, un Bartomeu reelegido después de ganar el triplete incorporó a Robert Fernández, no con el cargo de director deportivo sino como secretario técnico. Dos años después, en julio de 2017, Pep Segura fue nombrado nuevo mánager deportivo del área de fútbol, una posición que lo convertía en el máximo responsable de la gestión deportiva antes de un verano que acabaría siendo convulso por el episodio de la marcha de Neymar al PSG. La inesperada baja la tuvo que gestionar Ernesto Valverde en su primer curso en el banquillo del Barça. No fueron los únicos cambios aquel año, porque en octubre el ejecutivo Albert Soler, entonces director de deportes profesionales, fue apartado del área de fútbol. Al final del siguiente curso, con la derrota de Roma, el cabeza de turco acabó siendo Robert Fernández: Bartomeu decidió no renovarle el contrato.

Muchos cambios en cuatro años, que han dibujado un contexto poco estable para escribir un relato que gire en torno a un estilo que, aunque todavía se esgrime como bandera característica del Barça, hace tiempo que encima del césped ha mutado: si bien no se ha convertido en una deriva en los principales torneos españoles, sí que se ha hecho evidente las últimas temporadas en Europa lejos del Camp Nou. A pesar de tener una estructura repleta bajo el paraguas de lo que se denomina dirección deportiva, el rumbo del equipo hace ya varias temporadas que se aleja del modelo Barça.

La involución del estilo

El estilo (una palabra tan clara en el imaginario colectivo culé que no hay que adjetivarla) no se abandonó en la eliminatoria contra el Liverpool, sino que esta ha sido la tónica a lo largo de todo el curso, y también de los últimos años. En la última década, desde la marcha de Guardiola, cada entrenador ha tenido filosofías diferentes, cosa que se acentuó con el año gris de Tata, un técnico que pasó por el club sin acabar de entender exactamente qué hacía ahí. Después llegó el Barça del tridente con Luis Enrique, en el que, bajo la trampa de “ganar en imprevisibilidad”, el medio del campo se fue difuminando. Aquel equipo ganó un triplete, pero con el tiempo siguió mutando para acá y se ha traducido en derrotas europeas. Neymar, una pata indiscutible de aquel tridente, se marchó y muchos de los jugadores que formaban parte de aquella columna vertebral han ido sumando años en sus piernas. De hecho, uno de los factores que el club prevé como argumento de la debacle en Anfield es la carga de minutos de pesos pesados como Piqué, Busquets, Suárez (intervenido de la rodilla derecha), Rakitic y Alba. Messi ha descansado más, pero dejarlo todo en manos de Messi, en lugar de generarle un buen contexto, es un error que se ha visto ejemplarizado con Argentina. Unos futbolistas que, tratando de aplicar el plan de jugar al contragolpe, chocaron con un especialista en este guion como el Liverpool.

De Jong, la única certeza

Además del fichaje conocido de De Jong, el club trabaja para incorporar a un central —De Ligt ocupa la pole—, un lateral izquierdo y un delantero en un verano en que los nombres de Griezmann e incluso el de Neymar, según RAC1, estarán encima de la mesa. Todo con el debate sobre la continuidad de Valverde y de algunos jugadores, como Rakitic, que hace tiempo que aparece en las quinielas para salir del club, y Coutinho, un nombre que genera quebraderos de cabeza.

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