URBANISME

Barcelona descarta un gran edificio para el Clínico en la Escuela Industrial

El Ayuntamiento prefiere que la ampliación del hospital se haga en diferentes emplazamientos

El recinto de la Escuela Industrial, con la gran chimenea en la parte posterior. / BRUNA CASAS

Respetar el patrimonio, los usos vecinales y los equilibrios de la ciudad. Son las tres condiciones que se marca la ciudad de Barcelona a la hora de proponer un espacio para la más que necesaria ampliación del Hospital Clínico. Y, por ello, el Ayuntamiento ya habla en plural de posibles ubicaciones y huye de la idea de construir un macro-edificio en el recinto de la Escuela Industrial, que era la alternativa que desde el hospital se veía como más factible para poder disponer de los cerca de 200.000 metros cuadrados de instalaciones que calculan que necesitan para acabar con el actual apelmazamiento del edificio histórico, a la Izquierda del Eixample. También la Diputación de Barcelona, que es la tercera en discordia, como propietaria de los terrenos del recinto industrial, pide explorar todas las alternativas de emplazamientos, teniendo en cuenta que el proyecto planteado por el Clínico, a pesar de respetar los edificios catalogados, supondría crecer en altura y construir en espacios que ahora están vacíos y dan oxígeno a una zona muy densa.

El consenso que sirve de punto de partida para el Ayuntamiento, Diputación, y departamento de Salud es que el nuevo Clínico es ya una urgencia que hace muchos años que espera soluciones, y que no se quiere que se vaya de la ciudad y, en la medida de lo posible, tampoco del barrio, ya que da servicio a unos 450.000 usuarios del lado izquierdo de la ciudad. Donde hay menos entendimiento es en la idea de trocear la ampliación: el hospital aspiraba a tenerlo todo cuan más concentrado mejor por una cuestión funcional, y de este modo tenerlo todo cerca del edificio actual y de la Facultad de Medicina.

Tampoco hay consenso sobre cuáles serían las ubicaciones alternativas. Sobre la mesa hay diferentes posibilidades, como aprovechar el edificio de la Escuela Industrial que quedó vacío cuando se fueron los estudiantes de ingeniería al campus del Besòs o algún otro lugar del recinto, dar uso al solar de la calle Provença (donde estaba prevista la ampliación inicial del hospital en un gran edificio -descartado por las obras del AVE que hacían imposibles las cuatro plantas subterráneas previstas-), el Hospital Universitario Sagrado Corazón o dar más espacio al Clínico en el recinto de la Maternidad, que también es de la Diputación. O incluso utilizar parte del recinto de la Feria de Montjuïc, que es una de las propuestas lanzadas por entidades como la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona. De momento, las partes implicadas rehuyen concretar cuáles serían los emplazamientos posibles, pero sí coinciden en remarcar que antes de que termine el año se debería poder sellar un primer protocolo para tomar las decisiones en los meses siguientes y no retrasar más el proyecto. Todas garantizan disposición al diálogo.

Buscar equilibrios

"En estos rompecabezas puede haber muchas piezas y la Escuela Industrial puede ser una", asegura la concejala de Salud del Ayuntamiento, Gemma Tarafa, que defiende que habrá que saber encontrar "el punto" entre las necesidades del hospital y los "equilibrios del barrio y de la ciudad", y asegura que se trabaja con actitud "constructiva" para encontrar soluciones y con la idea de mantener el hospital dentro del área de influencia actual. "Claramente, el Ayuntamiento dice no al nuevo edificio", remachó el concejal Jordi Martí en el último consejo de barrio de la Izquierda del Eixample para responder a las inquietudes de los vecinos que ya se han organizado en plataforma contra este posible nuevo edificio, y piden estudiar alternativas. Martí insistió en que el gobierno municipal es partidario de mantener el Clínic en el Eixample y no elegir "la opción más fácil", que sería llevarlo a la periferia, donde hay menos dificultades para encontrar emplazamientos. "Seguramente tendremos que pensar en varias ubicaciones", adelantó.

Una decisión rápida

El director del Servicio Catalán de la Salud, Adrià Comella, insiste en que el momento actual, y teniendo en cuenta la posibilidad que lleguen fondos europeos que ayuden a financiar la operación, exige una “decisión rápida” que evite que el Clínico se estanque: “No podemos mantener más el hospital como está, hace falta una solución. Soy optimista y estoy seguro de que la encontraremos”. Comella reitera que la preferencia del centro es poder concentrar toda su actividad en un punto por una cuestión de funcionalidad, puesto que ahora ya tiene partes separadas. Si no fuera posible, añade, se podría buscar más de un emplazamiento, pero sin mucha más fragmentación, ya que esto, avisa, acabaría afectando la calidad del servicio.

El Clínico, de momento, declina hacer valoraciones oficiales sobre cómo avanzan las conversas, pero fuentes del centro defienden que si se trocea la ampliación querrán garantizar que una parte importante vaya a la Escuela Industrial. La Diputación de Barcelona se suma al consenso sobre la necesidad y la urgencia de hacer la ampliación, pero pide estudiar todas las alternativas y, sobre todo, garantizar que se mantenga el patrimonio arquitectónico de la Escuela Industrial. El prototipo presentado por el Clínico proyectaba el nuevo edificio rodeando los actuales y superando la chimenea, de 62,5 metros, que es uno de los símbolos del recinto. También obligaba a resituar espacios como las piscinas Sant Jordi o el campo de fútbol.

La Diputación tiene en marcha el proceso para repensar y rehabilitar el edificio 12, donde hasta el 2016 había los estudiantes de la Escuela de Ingeniería que se trasladaron al Campus Diagonal Besòs: unos 16.000 metros cuadrados que, obviamente, distan mucho de los 200.000 de todo el proyecto del Clínico, pero que sí que podrían acoger una parte. Los planes de la Diputación para este espacio pasan por hacerlo accesible a la ciudadanía y por dignificar la sala hipóstila que queda sepultada y que es uno de los grandes exponentes de la obra de Rafael Guastavino en Barcelona.

Quien se ha opuesto con más contundencia a este traslado es la Plataforma un Nou Clínic és possible salvant l'Escola Industrial ["un nuevo Clínico es posible salvando la Escuela Industrial"], que aglutina asociaciones de vecinos del Colegio de Arquitectos (COAC) o entidades como SOS Monumentos. Piden preservar el antiguo recinto fabril para mantener el patrimonio arquitectónico de la antigua fábrica Can Batlló y para no perder el apreciado “vacío” que suponen los callejones internos del complejo. Por eso, defienden aumentar el nivel de protección del recinto de bien cultural de interés local a bien de interés nacional, y avisan de “incoherencias” como buscar pacificar el Eixample y, al mismo tiempo, quitarle espacios libres y añadir más movilidad. La arquitecta Sandra Bestraten, del COAC y de la plataforma, lamenta que se esté apostando por extender las superislas y, en cambio, se amenace la Escuola Industrial, que “ya funciona como tal”.

El riesgo de densificar

“Densificar más una zona que ya es muy densa puede generar nuevos problemas”, alerta, y por eso pide estudiar a fondo todas las alternativas. Desde el Colegio, remarca, se ofrecen a colaborar para hacer un censo de edificios vacíos que pueda ayudar a todas las transformaciones de la ciudad sin necesidad de nuevas construcciones.

De la decisión de donde ubicar el Clínico -y la de qué se mantiene en el espacio actual- dependen otras muchas decisiones que van ligadas a esta pieza. Por ejemplo, el regreso en la calle Provença del cuartel de bomberos que una sentencia obliga a sacar del parque Joan Miró, y la posible ubicación de la Escola Entença, que ahora se encuentra en el recinto de la Escuela Industrial y que también tiene el solar de la calle Provença como una de sus alternativas de futuro. El rompecabezas empieza en el Clínico.

REPENSANDO LA ANTIGUA SALA DE TELARES

La Diputación de Barcelona tiene en marcha el proyecto de repensar y rehabilitar el edificio número 12 del complejo de la Escuela Industrial, que es el lugar donde, hasta el año 2016, estaban los estudiantes de la Escuela de Ingeniería que se trasladaron al Campus Diagonal Besòs. La iniciativa busca hacerlo accesible para la ciudadanía y dignificar la sala hipóstila, que queda sepultada y que es uno de los grandes exponentes de la obra de Rafael Guastavino en Barcelona. Aquí es donde estaba la antigua sala de telar de la fábrica. 

EL PARANINFO, RECUPERADO Y A PUNTO DE CARAMELO

Lo proyecto estrella en el que ha trabajado la Diputación durante los últimos años en el recinto de la Escuela Industrial es la reforma del paraninfo, que no había sido nunca abierto al público y que ahora es un auditorio de lujo con capacidad para unas 600 personas, bajo la cúpula original y rodeado de vitrales. La crisis sanitaria ha obligado a aplazar la puesta de largo prevista para este auditorio, que ha costado cerca de siete millones de euros y que se concibe como un espacio polivalente, con gradas retráctiles, para poder acoger diferentes tipos de actos. El paraninfo original es obra del arquitecto modernista Joan Rubió y Bellver, padre de obras como el puente de la calle del Bisbe, entre la Generalitat y la Casa de los Canónigos. En su momento el paraninfo quedó inacabado, y ahora es un espacio inédito.

LA CHIMENEA OCTOGONAL, SÍMBOLO DEL RECINTO

El Edificio del Reloj y la chimenea octogonal de 62,5 metros de altura son dos de los elementos más reconocibles del recinto industrial de la antigua fábrica de tejidos Can Batlló en el Eixample. A la chimenea, que también es obra de Rafael Guastavino, llegan una serie de galerías que traían el vapor cuando la fábrica estaba en funcionamiento. El nuevo edificio que proyectaba el Clínico en el recinto de la Escuela Industrial superaba en altura en algún punto esta torre, que equivale a 17 pisos de un edificio. La propuesta de construcción bordeaba elementos icónicos, como la misma chimenea, que forma parte del catálogo de patrimonio protegido del Ayuntamiento. La fábrica Can Batlló cerró el 1889 después de sólo 19 años en funcionamiento.

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