Barcelona prueba elementos de madera para mejorar los espacios conquistados al tránsito

Nuevas estructuras permiten a las escuelas ocupar los chaflanes y mejoran la estética de las terrazas

Las restricciones asociadas al covid hicieron que una de las primeras decisiones del Ayuntamiento de Barcelona fuera empezar a cambiar de uso espacios tradicionalmente ocupados por el coche para cederlos a los peatones, ya sea a través de urbanismo táctico, en pacificaciones de entornos escolares o cambiando plazas de aparcamiento por terrazas de bar. Ahora, después de aquella urgencia inicial, el consistorio ya ha anunciado que trabaja para buscar un prototipo de terraza que permita dejar atrás los bloques de hormigón amarillo y que también analiza los elementos instalados para separar los nuevos espacios pacificados del tránsito. De momento, en las calles de la ciudad ya se han instalado dos prototipos, hechos de madera, que buscan mejorar estos espacios ganados al tránsito.

Se trata de unas estructuras colocadas en el chaflán de la Escuela Pública Sagrada Familia, en un proyecto liderado por Elisava, para permitir que los alumnos del centro den más uso a los nuevos espacios pacificados, y de una tarima de madera, impulsada por el Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya (IAAC), que amplía el espacio de acera y acoge la terraza de un bar al chaflán de Valencia con Casanova. La hace, en definitiva, más acogedora.

Los dos proyectos, con financiación europea, nacen de la convocatoria de la European Institute of Innovation & Technology (EIT) para buscar soluciones rápidas a la crisis abierta por el covid en cuestiones urbanas y de movilidad. Una de las particularidades de las estructuras es que se han creado de manera digital y que todo el proyecto está disponible en código abierto para que cualquiera pueda reproducirlo.

El plan piloto liderato por Elisava para crear estructuras de madera en los chaflanes pacificados ante las escuelas persigue un doble objetivo: que estos espacios puedan acoger diferentes usos –por eso, se conciben con formas abiertas cómo si fueran gradas y rampas que permiten tanto sentarse como jugar– y hacer de límite "seguro" a los metros cuadrados ganados al coche. Por eso, como explica Roger Paez, de Elisava Research, la estructura se ha situado en el límite del chaflán, en la frontera ya con el tránsito, para hacer que todo el espacio conquistado para la vida sea utilizable.

Espacio de encuentro y de juego

El prototipo instalado ante la Escuela Pública Sagrada Familia ya ha permitido, de momento, que se puedan dar clases y realizar actividades lúdicas. Y, fuera del horario escolar, sirve de espacio de encuentro y de juego. "Las familias son las que más lo utilizan", explica Pepa Reig, directora del centro, que hace una valoración "positiva". La escuela ya ha hecho alguna clase de tipo práctico, como la sesión con un padre que explicaba topografía, y también ratos de juego para ir probando qué utilidades se les puede dar a las estructuras. De momento, las tendrán montadas durante dos semanas y la idea es poder introducir cambios si se detectan deficiencias para después poder exportar el sistema a otros centros educativos con espacios pacificados.

El proyecto lleva el nombre de Vora (borde) por esta idea de marcar el límite entre un espacio seguro y el tránsito. Se ha escogido la madera porque tiene un precio asumible, es un material natural y tiene las prestaciones óptimas para estructuras como las que se plantean.

El otro prototipo que se está probando afecta una terraza y está liderado por la IAAC. La idea es anterior al llamamiento que hizo la teniente de alcalde de Urbanismo, Janet Sanz, de acordar un diseño estándar para las nuevas terrazas colocadas sobre la calzada. El consistorio prevé que todas puedan pasar a ser permanentes pero como condición tendrán que adoptar un diseño homologado que deje atrás los bloques amarillos.

Vicente Guallart, fundador del IAAC, explica que el objetivo del proyecto que ahora se prueba en un restaurante del Eixample es generar nuevos elementos urbanos que se adapten a la situación de pandemia y que, sobre todo, sean explicables. La nueva tarima, de 4,5 x 4,5 metros, está hecha con madera de pino local y admite cuatro mesas con cuatro sillas cada una.

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