ENTREVISTA

"Si el instinto maternal fuera universal, ninguna mujer abortaría de forma voluntaria"

Después de 'No es país para coños', la periodista Diana López Varela publica 'Maternofobia'

López Varela es periodista y guionista y autora de 'No es país para coños' y 'Maternofobia'. / PERE TORDERA

Después de una interrupción voluntaria del embarazo y de darse cuenta de que no hay literatura sobre el tema, la periodista Diana López Varela (Pontevedra, 1986) decide ponerse a escribir, tanto sobre lo que considera que es una historia silenciada -las mujeres que abortan voluntariamente- como sobre el dilema de la maternidad.

Los abortos voluntarios siguen siendo un tabú.

Hay 100.000 mujeres al año que abortan en el estado español y nadie habla de ello. Es un estigma y un tabú. Y es legal, pero cuando lo cuento parece que esté explicando que he cometido un asesinato o un delito. Se lleva con secretismo.

Del aborto sólo se habla para restringirlo.

Y normalmente son los hombres quienes opinan. No lo banalizo porque como feminista deseo que haya el mínimo de abortos porque lo que quiero es que no haya embarazos no deseados. Restringiéndolo sólo conseguiremos que las mujeres corran riesgos, porque el aborto seguirá existiendo. La única manera de reducirlos es con más educación sexual, no restringiéndolos. Y se ha de implicar a los hombres de una vez por todas en la anticoncepción. Se cuestiona que detenemos un embarazo no deseado pero nadie cuestiona que no haya corresponsabilidad en la anticoncepción. La comunidad médica prefiere que estemos hormonadas cada día cuando sólo somos fértiles 4 o 5, en lugar de buscar algo para los hombres más allá del preservativo, que, en general, no se utiliza.

En el libro dices que interrumpir voluntariamente un embarazo es como pasar al lado oscuro.

Es que no se concibe la opción de ser mujer y no tener el instinto maternal que se te supone cuando te quedas embarazada. Yo cuestiono el instinto maternal porque si existiera siempre y fuera universal no habría mujeres que abortaran voluntariamente ni mujeres que rechazan, abandonan o no quieren a sus hijos.

¿Se ha mitificado la maternidad?

Creo que retrocedemos en este concepto. La vida de mi madre no estaba tan subyugada a la crianza como ocurre ahora. Se ha sustituido el amor romántico al hombre por el amor a los hijos. Y por el contexto económico de crisis y paro, que afecta más a las mujeres, parece que tengamos que convencernos de que ir a casa a cuidarlos es lo que nos conviene. Lo tenemos que empaquetar de alguna manera para que el sistema funcione, ya que los servicios públicos no lo hacen.

Nos venden que lo podemos tener todo.

Y, evidentemente, no podemos. Tener una carrera profesional relevante no es compatible con una maternidad tan intensiva. Se pueden seguir aumentando los permisos de maternidad pero no habrá de dos años porque no es compatible con el mundo empresarial. También se nos ha vendido que puedes disfrutar mucho de la maternidad y yo cuestiono el verbo: se ha perdido el derecho a la queja y decir que estás hasta las narices de estar en casa con los hijos. Falta, además, la implicación de los hombres, que no llegará hasta que haya un permiso de paternidad intransferible, y si no igual, sí más amplio, que sólo pueda disfrutar él porque al empresario le sea igual contratar a un hombre que a una mujer. Y porque hay que cuidar a las cuidadoras: ¿de verdad queremos una sociedad donde las mujeres estemos solas en casa sin más vida social, ya no digo laboral, que la del bebé?

¿Se ha perdido la naturalidad con que antes se vivía la maternidad?

Todas las exigencias que nos hemos puesto para demostrar que somos válidas como los hombres las hemos llevado al extremo con la maternidad. Atender ahora las necesidades emocionales de un niño de tres años cuesta más que antes criar a cuatro. Y tenemos hijos déspotas, poco independientes emocionalmente y poco capaces de resolver conflictos.

También hablas de la reproducción asistida como el negocio del siglo.

Uno de cada diez niños en España nace por reproducción asistida, tenemos la edad de maternidad más alta de la UE. El 70% de las españolas menores de 35 años no tenemos hijos. Es una barbaridad y se explica por las condiciones laborales y económicas. Todos estamos de acuerdo en que tener hijos más cerca de los 40 años que los 20 es una anormalidad.

¿Y cuál es la solución?

Yo hablo en el libro del caso de Francia y me parece paradigmático. A diferencia de aquí, allí las mujeres con mejores sueldos y carrera profesional son las que tienen más hijos, y no hay una sacralización de la maternidad. Como dice Elisabeth Badinter en su libro 'La mujer y la madre', son madres mediocres que se parecen más a cómo fueron nuestras madres. Se lacta muy poco, tienen una red de guarderías muy potente, ayudas a la conciliación y se incorporan muy pronto al mercado laboral. Su vida laboral no se interrumpe con la llegada de los hijos.

Quienes defienden la crianza natural alegan que el problema no son los hijos sino el mercado laboral.

No me gusta meterme en experiencias personales y, en principio, me creo a las mujeres que quieren pasar tanto tiempo con los hijos. Pero creo que detrás de esto el feminismo ha absorbido un discurso antifeminista, porque volver a casa a criar a los hijos a coste cero no es lo que nos explicó Simone de Beauvoir y las feministas de la tercera ola, porque al final es reducir a las mujeres a las funciones biológicas. En un sistema de libre mercado es incompatible un permiso de dos años y, además, veo difícil competir así en igualdad de condiciones con los hombres. Yo defiendo que el estado corrija un poco el libre mercado con buenos servicios públicos y que no seamos nosotras quienes lo corrijamos renunciando a todo a coste cero, porque los cuidados ni se pagan ni cotizan. Es un debate social que se debería poner en el centro de la vida de hombres y mujeres porque cuando se habla de políticas de cuidados y conciliación se termina hablando sólo de mujeres, y la paternidad también se debe poner en el centro porque un hombre cuando tiene hijos se supone que es porque también los quiere criar y educar.

Pero a ellos la vida no les cambia tanto.

En algunos casos, nada. Pero soy optimista y creo que los permisos paternales cambiarán la concepción que tienen los hombres de la crianza.

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