ENTREVISTA

"En Guinea una lesbiana se normaliza siendo madre, y el hijo es su medicamento"

Entrevista a la escritora, politóloga y activista LGTBI Melibea Obono

De la etnia fang, ecuatoguineana de 1982, Obono ha venido a Barcelona para presentar Yo no queria ser madre (Editorial Egales) y Allí abajo de las mujeres (Ediciones Wanafrica), dos novelas sobre los abusos y malos tratos que sufren las mujeres que, como ella, se atreven a cuestionar la tradición. Afirma que el franquismo sigue en su país, donde quiso volver después de terminar los estudios universitarios en Murcia, aunque es consciente de que en España la vida tal vez sería más fácil. Se presenta como Melibea, pero firma los libros añadiendo Trifón al principio, y con un dibujo  lo explica: Trifón es el nombre cristiano que le impusieron y el literario Melibea es el que ella ha elegido. Aunque tiene un nombre fang, Oyana, que descarta porque quiere decir espera. Ha renunciado al apellido del padre aunque el materno, Obono, significa débil y ni ella ni su madre responden a este calificativo, dice.

¿Con tanto nombre, quién es usted?

No lo sé. A veces soy quien quiero ser, a veces no. Quizás porque he elegido una forma de vida que no es la que se esperaba de mí en mi Guinea.

¿Qué esperaban?

No soy heterosexual ni sumisa y me dedico a actividades que en mi país no se consideran aptas para mujeres. Por eso no me siento parte de mi sociedad, pero es lo que nos pasa a muchas feministas.

¿Cómo se sale del armario en Guinea?

Sabes que tienes que aceptar el repudio social, familiar y gubernamental. Sentirte sola del todo, incluso te sientes sola dentro del mismo colectivo LGTBI porque muchas personas que no quieren salir del armario no quieren que las relacionen conmigo, así que pierdes amigas, confidentes. Es la consecuencia de la represión y la homofobia. El patriarcado es así.

Quiso salirse y hacer activismo.

Es más duro el activismo que salir del armario.

¿Cuál es el trato que las instituciones dan al colectivo?

Tenemos una Constitución que consagra derechos fundamentales, pero no hay desarrollo normativo de la Constitución y las leyes son las que existían con Franco. Es un estado subsidiario del franquismo.

¿El franquismo vive en Guinea?

No es que esté vivo, sino que no ha terminado y vive en todos los espacios. En Guinea la colonización llega de la mano de la cruz de Jesucristo, con el misionero, y luego viene el guardia civil y canaliza la cultura.

Y luego está Teodoro Obiang.

El problema de Guinea no es Obiang. Guinea tiene sólo 51 años de existencia, y no importa lo que dicen las leyes sino lo que establece la tradición. Ya puede haber leyes, que si la tradición dice algo y tu haces otra ya estás perdido. En Guinea manda la tradición sobre la razón, que deberían ser el ministerio y la ley.

En uno de sus libros habla de las mujeres que no quieren ser madres.

La gente relacionó el libro sólo con el colectivo LGTBI, pero no es cierto. En Guinea hay un problema enorme con la maternidad precoz y la ONU ha puesto la lupa en este problema, que hizo que el gobierno prohibiera que las niñas embarazadas fueran a la escuela. Una decisión muy coherente, ya ves. En casa, para que nadie las vea, y así la ONU se calma.

¿Y a las madres LGTBI?

Te normalizas siendo madre, y tienes que ser madre a la fuerza, porque si no la familia te repudia. Entonces, a las cis, les dicen "o te embarazas o te embarazan", y se buscan un hombre para quedarse embarazadas. Y, como a muchas no les gusta, se drogan o se emborrachan para tener sexo con él, sin saber su estado serológico. Como a las masculinizadas o las trans ya las diagnostican como enfermas, poseídas por un espíritu, con un virus, las llevan de iglesia en iglesia o a curanderos. Por eso una gran mayoría es analfabeta. Tienen la infancia robada por las tradiciones. Y las familias aceptan que un hombre las viole y las deje embarazadas.

¿Y los hijos de estas relaciones?

Heredan el repudio, el estigma. El niño es el medicamento y ¿qué hacer cuando un tratamiento no funciona? Cambiarlo, ¿verdad? Pues en Guinea las mujeres se vuelven a quedar embarazadas, dos, tres veces más.

¿Es su caso?

Yo fui madre precoz a los 16 años, y el segundo ya fue una maternidad deseada.

¿Qué se esconde en Allí abajo de las mujeres?

Explico una práctica tradicional que se hace para castigar a las niñas fang, que cuando no son obedientes primero reciben un castigo físico: palizas, collejas... Si no cambian, la cosa es más grave y las desnudan, las exponen en un lugar público y les untan la vagina con picante.

¡Qué brutalidad!

¿Y sabes qué? Las encargadas de untar el picante son mujeres y, así, el patriarcado hace que interioricen las normas.

¿Hay antídoto contra la barbarie?

La educación. No es una cuestión de colocar una mujer en un cargo público, porque ahora en África existe la moda de aparentar que las mujeres han ganado el espacio público. Pero al final mandan los hombres, las mujeres tienen un papelito y las tradiciones no cambian. Todo el mundo debe ser consciente de que debemos avanzar hacia la igualdad, a todos los niveles.

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