Eva Tudela: "Con el cambio climático, si los políticos no se mueven, la ciudadanía tampoco lo hará"

Entrevista a la ingeniera técnica forestal Eva Tudela

Aparte de ingeniera técnica forestal, Eva Tudela es licenciada en ciencias ambientales y forma parte de la comisión de territorio de Acción Ecologista Agró, una ONG con gran implantación en Valencia (37 años de existencia) y que ella presidió hasta 2017

¿Hasta qué punto puede desmovilizar a la ciudadanía la ausencia de acuerdos en la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU celebrada en Madrid?

Para la ciudadanía en general, los políticos son el ejemplo a seguir, y si los políticos actúan, la gente sabe que después les tocará a ellos. Pero si ese primer movimiento [de la administración] no se produce, ellos no se mueven.

Con el cambio climático se incrementarán los problemas con viviendas edificadas en espacios inundables y cerca del mar, una realidad muy presente en Valencia y en todo el Mediterráneo. ¿Cómo se resuelve?

Ya hay sentencias contra casas que no se deberían haber construido y que los políticos no se atreven a derribar. Hay zonas donde no podrá existir la negociación y donde debería establecerse un plan de evacuación y derribo, son los casos de las viviendas que están en zonas de dominio público marítimo y de dominio público hidráulico [cauces de ríos, barrancos...]. En otros habría que empezar a negociar y en alguna situación establecer algún tipo de indemnización. Lo que no tiene sentido es, por ejemplo, construir muros y llevar arena para proteger viviendas -cerca del mar- que en muchos casos son segundas residencias y a las que no se puede proteger frente al contínuo aumento del nivel del mar. Si la administración se planteara indemnizar a los propietarios y demoler esas casas, probablemente sería más económico. Pero el problema es que no se atreve. Y luego están los medios de comunicación, que tergiversan y manipulan esas actuaciones creando unos discursos que dificultan más que el político haga el paso.

¿Quiere decir que los medios de comunicación tratan como víctimas muchos ciudadanos que no lo son tanto?

Sí, sólo hay que mirar el caso de la DANA [fuerte temporal de lluvias del pasado septiembre que afectó el sureste peninsular y que causó graves inundaciones]. Ciertamente, hay personas que han sufrido mucho, y debemos ayudarlas, pero sus casas están en zonas donde no debería haber viviendas, y ahora todavía se les otorgan subvenciones para rehabilitarlas. Y yo lo que haría es analizar el coste de trasladar a las personas a otra vivienda, porque quizás nos ahorraríamos dinero. Si dentro de dos años se vuelven a inundar, ¿Qué hacemos, los volvemos a indemnizar? ¿Y de aquí cuatro y seis años? ¿Los indemnizaremos cada vez?

En el País Valenciano los movimientos sociales arrastran un cierto desencanto con el Ayuntamiento de Valencia y la Generalitat. ¿A qué lo atribuye?

A la falta de planificación. Por ejemplo, en Valencia deberían preguntar a la ciudadanía qué ciudad quiere: si una donde se pueda caminar por el centro y en la que reducimos la contaminación, o una cada vez más contaminada y congestionada. Si hicieran un buen proceso de participación, creo que ganaría la opción más ecológica, porque la ciudadanía está entendiendo que la salud y la contaminación van ligadas. Y con esas respuestas el gobierno ya no debería pelearse con nadie para oponerse a la ampliación de la autovía V-21 o del puerto [peticiones de los movimientos sociales y ecologistas], porque simplemente podría contestar que la ciudadanía no las quiere. Serían decisiones que se tomarían solas. Pero sin esa planificación van improvisando e intentando contentar a todo el mundo, y eso es imposible. Además, con un proyecto participativo permitirían que la ciudadanía, que actualmente no puede decir lo que piensa sobre los proyectos que le afectan, pudiera hacer oír su opinión. Porque, si no, el poder sólo escucha el mensaje de quién tiene acceso a él, y que son, por ejemplo, la Autoridad Portuaria y la empresa a la que se concederá la explotación del puerto.

Pero las consultas ciudadanas consiguen muy poca participación.

La administración debe plantear las cuestiones de forma más sencilla. Después debe estar dispuesta a aceptar las respuestas, porque hay proyectos participativos que no son vinculantes. Si la voluntad de la ciudadanía ha sido expresada en un proyecto transparente y bien estructurado, con unas respuestas contundentes y claras, la actuación se llevará a cabo sí o sí. El proceso de participación el problema que tiene es que es largo, porque la ciudadanía ha sido formada e informada, y eso requiere tiempo.

Entónces ¿cree que son fórmulas válidas para la mayoria de proyectos al margen del coste y retrasos?

Sí. En todos los que generarán cambios importantes. Es verdad que el primer proceso será un desastre, pero en el cuarto o el quinto ya será diferente. A participar aprendes participando.

Entidades como la suya a menudo se quejan de que sufren una falta de relevo. ¿A qué lo atribuyen?

A veces hay personas que se acercan, por ejemplo, a una reunión de la comisión de territorio, pero no vuelven. Quizá les parece demasiado pesado, o creen que el voluntariado en una entidad ecologista son más actividades al aire libre, que también, y no tanto leer documentación para hacer alegaciones. Para las actividades más dinámicas y divertidas sí tenemos gente suficiente, pero para las otras no.

Por lo tanto, ¿el voluntariado se moviliza por el disfrute y no por el compromiso cívico?

El problema es que la sociedad ha educado la ciudadanía a dedicar mucho tiempo al ocio pero no ha enseñado que la militancia estricta también es una opción para el tiempo libre y, además, necesaria. Vivimos en una sociedad poco crítica que reduce la participación a votar cada cuatro años. En los procesos de participación nunca se suele superar el 10%, y el 11% es todo un éxito.

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