ENTREVISTA

Florian Schmidt y Lucy Joffe: "Estamos repitiendo los errores de antes de la burbuja inmobiliaria"

Entrevista a un concejal de vivienda de Berlín y Comisaria de Política de Vivienda en Nueva York

Florian Schmidt y Lucy Joffe son los responsables de asesorar sobre políticas de vivienda y de llevarlas a cabo en los ayuntamientos de Berlín y Nueva York, respectivamente. Tienen soluciones diferentes y también algunas visiones compartidas, pero son rotundos ante la emergencia habitacional: "No se puede no hacer nada". El ARA ha conversado con ellos sobre la situación en Barcelona -y Cataluña- y las posibles alternativas en el marco legal actual.

¿En qué momento se puede decir que hay una crisis de acceso a la vivienda?

Lucy Joffe: En Nueva York lo hacemos de una manera muy técnica, con la tasa de viviendas vacantes: cuando se sitúa por debajo del 5% significa que tenemos una crisis de acceso.

Florian Schmidt: En Berlín nos fijamos sobre todo en el porcentaje de ingresos familiares que se destinan a la vivienda. Consideramos que el máximo debería ser el 30% y, ahora, en la ciudad estamos por encima del 40%. También existe la norma, no escrita, del 5% de los pisos vacantes. Además, yo opino que los procesos de gentrificación también se deberían tener en cuenta.

¿Estamos cometiendo los mismos errores que antes de la burbuja?

F.S.: Exactamente los mismos. En España la crisis hipotecaria quizás ha hecho que haya un poco más de escepticismo que en otros sitios en cuanto a la compra, pero en general son los mismos errores.

L.J.: Yo creo que aún tenemos que seguir aprendiendo. Pero esta última década, al menos en Nueva York, sí hemos hecho más leyes para proteger a los inquilinos.

El Ayuntamiento de Barcelona sacó adelante una moratoria que no permite hacer más pisos turísticos para evitar que los precios suban más. ¿Qué impacto tienen empresas como Airbnb en el mercado de la vivienda?

L.J.: Enorme. En Nueva York tenemos los mismos problemas que en Barcelona y hemos tenido que aplicar medidas para minimizar su impacto. Por ejemplo, damos incentivos a los propietarios para fomentar que los pisos estén disponibles para inquilinos que no sean los de Airbnb. Además, tenemos grupos de trabajo y negociación con la empresa para evitar que cope completamente el mercado.

F.S.: Sí, sí. Es un problema no sólo en Berlín, Nueva York o Barcelona. También en muchas otras ciudades. En Berlín tenemos medidas que limitan los alquileres de corta estancia. Pero pienso que estamos luchando por separado contra una empresa global que tiene mucho dinero y capacidad para buscar resquicios legales. Deberíamos tener una regulación global contra ellos. Vamos un poco perdidos, en este sentido.

En Barcelona hay un debate intenso sobre si se debería regular el precio de los alquileres. ¿Ustedes, como expertos, como lo verían?

L.J.: En Nueva York el regulamos desde los años 50. Tenemos más de 3,1 millones de pisos y la mayoría son de alquiler. Y, de estos, 300.000 son viviendas sociales: dedicamos más de 1.000 millones de dólares al año. Es que no se puede no actuar ante los problemas de acceso a la vivienda.
F.S.: La situación del mercado de alquiler en Barcelona es mucho más precaria que en las ciudades alemanas. Aquí el nivel de protección de los inquilinos no es muy elevado. Yo diría que es urgente que se tomen medidas en Barcelona y en otras ciudades españolas. Necesitará más regulación.

Aquí la vivienda protegida que se construyó en los años 80 y 90 tenía concesiones que ahora han terminado, y los pisos han pasado al mercado libre. ¿Cuál es la mejor manera de mantener o no perder este parque de pisos públicos o protegidos?

L.J.: En Nueva York nos pasa algo parecido. Se hicieron colaboraciones público-privadas para hacer pisos a precios asequibles, y ahora caducan. Para evitar perder este parque estamos destinando dinero a preservar estos pisos. Y esto también pasa por regular los alquileres.
F.S.: En Alemania cometimos el mismo error. En cambio, fíjese en Viena: actualmente la mitad de su parque de viviendas es público porque hace 100 años que los acumulan, no los pierden. En Alemania ahora hay algunas iniciativas políticas que intentan revertirlo, por ejemplo determinando usos sociales que no puedan cambiar con el tiempo. En Berlín, además, estamos invirtiendo en comprarlos a través de empresas públicas de vivienda. Hace unas semanas una de estas empresas compró 6.000 apartamentos en diferentes distritos. Es muy caro pero es una inversión de futuro.

¿Creen que la medida del 30% que hay en Barcelona será útil a pesar de que ahora se construyen más bien pocos pisos?

L.J.: No hay una receta mágica, se deben combinar soluciones a corto y largo plazo. Nosotros tenemos una medida similar que obliga a los promotores a destinar una parte de las obras nuevas a vivienda social en ciertas áreas. Así, si los privados están obligados a hacerlas por ley, se destina menos dinero público.
F.S.: En Alemania también tenemos la fórmula del 30%. En Viena, en cambio, creo que es del 66%. Al principio los promotores se quejaron mucho pero luego lo aceptaron. Es cierto, sin embargo, que ahora se construye poco y por lo tanto el efecto de la medida es relativo. Os planteo una reflexión de fondo compleja: ¿necesitamos pisos tan grandes? En el futuro no podemos rehuir este debate; quizás los que viven en espacios más grandes tendrán que entender que tienen que ir a vivir a pisos más pequeños. Esta es mi teoría, sobre todo en los centros de las ciudades. Tiene que ver con la idea de evitar el desperdicio, también en el espacio que necesitamos para vivir.
L.J.: Y hay que innovar mucho más. Nosotros también estamos experimentando con microunidades o minipisos, pero debemos tener presente que no son una buena solución para todos.

¿Cómo reciben ustedes la lucha de los movimientos sociales por una vivienda digna que se vive en las calles de Barcelona?

F.S.: Estos movimientos, ya sea en Barcelona o en Berlín, que también tenemos, presionan y ayudan a poner la cuestión de la vivienda en el mapa. Y tienen el apoyo de muchos ciudadanos, como ocurre con la PAH. Confrontan situaciones, dan visibilidad a los inquilinos y ayudan a promover leyes.
L.J.: Es esencial que todo el mundo participe, sobre todo los más afectados por la crisis de la vivienda. Aquí, en Nueva York o en cualquier lugar. Es fundamental que los inquilinos tengan voz propia en la toma de decisiones y la formulación de políticas y que oigamos las voces de los más afectados.

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