Tatxo Benet: “No necesito mucho para ser feliz”

Laura Rosel se toma un helado con el socio de Jaume Roures en Mediapro

TEXT: LAURA ROSEL / FOTO: PERE VIRGILI

Tatxo Benet tiene el 12% de Mediapro. Y es feliz con un helado. Nos citamos un viernes de mediados de julio a la una y media del mediodía en El Tío Che, en el corazón del Poblenou. Su agenda es -también este día- endemoniada: al mediodía aterriza en el aeropuerto del Prat directo desde China (Mediapro hace uno de cada tres consejos en Shanghai, en la sede del nuevo socio principal del grupo, el fondo de inversión Oriente Hontai Capital), se tomará el helado sin pasar por el despacho y después de comer volverá a embarcar, esta vez para irse de vacaciones. Si él no va al despacho, el despacho va adonde esté él. Cinco personas de su equipo le esperan con un montón de documentos para firmar. Se lo plantan delante de sus narices al verlo asomarse del interior de El Tío Che (nadie le había visto llegar) y él los firma uno tras otro, con resignación. En el momento que estampa la firma en el último papel de la pila, el equipo se dispersa.

Sin querer, le acabo convenciendo para que se pida un 'blanco y negro': granizado de café con batido de leche merengada. Me confiesa que le gustan las cosas dulces, pero no será hasta media entrevista, cuando haya degustado más de la mitad, que emitirá el veredicto: "Es bueno, eso que me has dado, eh". Espontáneo, despeinado y divertido. Saluda educadamente al señor jubilado que nos cede una parte del banco donde hablaremos sobre los veranos de cuando era pequeño, el trabajo, el compromiso político y la debilidad por la cultura. La bomba de azúcar y cafeína que nos han servido en El Tío Che estimula la conversación.

La felicidad en un helado

Terrina, cucurucho, granizado o batido. Los helados hacen la felicidad. Aunque sea fugaz. Lo que ahora es un 'blanco y negro', hace un montón de años era un mantecado. La piscina del Campo de Deportes y las expediciones en bici con el grupo por los caminos de la huerta de Lleida monopolizaban los meses de verano en un ambiente de despreocupación y de libertad que, visto ahora, resulta casi celestial. Para alguien que vive de manera consciente en el presente, el pasado no es un lugar donde volver, pero sí un paisaje para contemplar. "Me gusta mucho recordar aquella época y añorar algunas cosas, como la libertad de poder hacer lo que quería a cada instante a pesar de que entonces no fuera del todo consciente de ello!". Con los 60 estrenados (parece) hace poco, Tatxo Benet sigue encontrando instantes de felicidad en cosas tan sencillas como un helado en la sombra. "No necesito mucho para ser feliz, me acomodo bien en cada situación".

Hace más de veinte años que no ejerce de periodista, pero de vez en cuando busca la manera de volver, ya sea escribiendo o tuiteando. Quería ser periodista desde muy pequeño y empezó pronto. Forma parte de una generación en la que el empuje, la pasión y las horas de trabajo contaban más que los títulos. Aunque se matriculó en la facultad, no le hizo falta licenciarse, nadie le pidió si tenía la carrera cuando entró en TV3 (1983). De la etapa en la televisión pública salió con la experiencia única de haber vivido en primera línea los Juegos de Barcelona 92, la complicidad con Jaume Roures (jefe de producción de TV3 en aquella época) y la inspiración para dedicarse a la gestión audiovisual. Desde entonces no ha dejado de dar un sentido periodístico a todo lo que hace. Mantiene la inquietud de la profesión y asiste maravillado a la llegada de las nuevas generaciones de periodistas, que ve mucho mejor preparadas que antes. "Tienen más recursos y sobre todo más conocimiento tecnológico y de los medios audiovisuales. Trabajan ante la cámara mucho mejor de como lo hacíamos nosotros, lo creo firmemente. Yo hice pantalla porque no había más opción y fue un desastre, ahora no me dejarían salir!".

Signo de civilización

Para Tatxo Benet el trabajo es "bastante" un placer. Le gusta lo que hace -se le escapa una sonrisa a medias cuando lo dice- aunque le obligue a estar siempre disponible. Desconectar de la responsabilidad que conlleva un gigante como Mediapro (con 58 sedes en ciudades de cuatro continentes, siete mil trabajadores y más de 1.900 millones de euros anuales de facturación) debe ser imposible. "Esto de desconectar es un mito. Puedes bajar el ritmo, pero nunca dejas de tener las cosas en la cabeza". Eso sí, hay un tiempo sagrado: el descanso del fin de semana y de las vacaciones de verano. "Una sociedad demuestra que es civilizada en el momento en que todo el mundo se pone de acuerdo para decir que el sábado y el domingo no se trabaja o que el mes de agosto es inhábil. Mis amigos norteamericanos se ríen, yo les cuento que es un signo de civilización y que toda la humanidad debería pactar unos periodos de fiesta que todo el mundo respetara ".

La sinceridad tiene consecuencias

La prensa española ha disparado varios titulares envenenados contra Tatxo Benet por cuestiones políticas. La compra de la obra 'Presos Políticos' que la feria Arco prohibió lo situó en el punto de mira de un periodismo atrincherado. Él no esconde su independentismo. Tampoco ha dejado de decir qué piensa, convencido de que en la vida todo tiene consecuencias, también la sinceridad y el silencio: "Opto por decir lo que pienso y si a alguien le molesta, lo siento mucho pero toda la vida lo he hecho y no tengo ningún amigo ni conocido que me haya dejado de hablar por ello".

Cuando compró la obra de Arco ignoraba que sería la primera de una serie de adquisiciones que lo convertirían en un coleccionista de piezas censuradas. Una nueva faceta que le ocupa los ratos libres y los fines de semana. "Me molestó mucho que dijeran que compraba 'Presos Políticos' por alguna circunstancia extraña. Aquello me hizo pensar en otras obras que habían sido censuradas y empecé a comprar. Como todo en mi vida, no es algo que haya planificado ". Ahora es un experto de la censura en el arte y posee más de cincuenta obras que algún día confía en poder exponer al público.

El arte juega un papel muy importante en la vida de Tatxo Benet, aunque no se considera a sí mismo una persona culta, sino más bien alguien con un gran interés por todo tipo de productos culturales. Además de ir comprando obras censuradas por todo el mundo, le entusiasma el teatro (la semana anterior a la entrevista había hecho una escapada a Londres para ver dos funciones en un mismo día y de paso escuchar a Bob Dylan en directo en Hyde Park) y tiene alma de librero. Parece un niño con un juguete nuevo cuando habla de la librería que estrenará en otoño en Barcelona. Como tantas otras cosas, tampoco estaba planificado. Cliente de toda la vida de la librería Ona de la Gran Vía [en la que se venden sólo libros en catalán], y continuó yendo cuando se mudaron a un local más modesto de Gran de Gràcia, donde las dificultades para sacar adelante el negocio también llegaron. "Un día dije a Montse -la librera -: «He pensado que podría ser tu socio». Y lo fui ". Poco después, Camino Quiroga, la mujer de Benet, le animó a implicarse a fondo y con un proyecto más ambicioso. El resultado es la librería Nueva Ona que abrirá puertas a principios de 2020 en un local de mil metros cuadrados de la calle Pau Claris. Estará especializada en literatura en catalán y tendrá la pretensión de ser "la librería de referencia de Barcelona".

¿Un rincón donde perderte en verano?

Sa Tuna.

Un local en el que hacer la última copa.

Soy poco de salir a hacer las últimas copas, pero si lo hago, es al C-Roak de Begur.

¿Qué banda sonora tiene este verano?

Soy muy tradicional con la música, pero últimamente he ido a muchos conciertos de King Crimson, estoy rodeado de su música.

Qué libro te llevas estas vacaciones?

Para que sean unas buenas vacaciones tienes que llevarte bastantes libros, pero si tengo que elegir uno me quedo con 'Con la cuerda en el cuello' de Joseph Conrad.

El verano de tus sueños es…

La gente pensará que estoy loco, pero el verano de mis sueños es rodearme de mi familia: mi mujer, mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos… tanta familia como pueda.

¿Qué te hace derretirte?

[Se ríe] Un buen libro, una buena película, una buena canción, una buena obra de arte… en general, la cultura.

Cucurucho o tarrina?

Cucurucho, por puro sentimentalismo.

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