PANDÈMIA

"Sacrificamos nuestro tiempo libre para vacunar a la ciudadanía"

Las enfermeras encargadas de inyectar las dosis de Pzifer viven con emoción el hito histórico

"A ver si acabáis con el bicho", "¿Ahora ya podremos salir?", "Por fin, ¡ya me vacuno!" Son algunas de las frases que confiesan al oído la mayoría de las 22.737 personas mayores que viven en residencias, y que en los últimos días han recibido la primera dosis de Pfizer. "Cuando llegas con la vacuna, ¡te reciben como si fueras los Reyes Magos! Lo han pasado muy mal, y se alegran mucho cuando los vacunas. Todos sentimos que vivimos un momento histórico, muy bonito y emotivo", describe Joana Cabezas, que es una de las enfermeras encargadas de vacunar en la región de Lleida.

Como ella, en todo el país, más de 5.000 enfermeras se ofrecieron voluntarias para participar en la campaña de vacunación que comenzó el 27 de diciembre. Ponen inyecciones fuera del horario de su trabajo, y eso hace que muchos días encadenen varias jornadas laborales. "Tenía que hacer de 8 a 15 h, pero me han preguntado si me puedo quedar por la tarde, que les falta gente. Y cuando salga a las 21 h, iré hacia el Hospital de Bellvitge, que comienzo a trabajar a las diez de la noche y hasta mañana por la mañana", repasa Anna Bou, de 36 años, que trabaja en las urgencias de Bellvitge y ahora también en el CAP Alhambra del Hospitalet de Llobregat, en la campaña de vacunación. Pero Bou no lo explica con tono de queja o crítica, sino como descripción y ejemplo del compromiso que sienten los de su profesión. "Lo haces porque te sale de dentro. Porque somos personas que cuidan de personas y hemos sufrido mucho en los últimos meses, hemos pasado muchos miedos". "Todas sacrificamos nuestro tiempo libre y de descanso para vacunar a toda la ciudadanía", recuerda también Cabezas.

Organizar las vacunaciones

Cuando comienza su jornada de vacunación, Bou llega al CAP Alhambra, donde encuentra preparadas las neveras con el número exacto de dosis del día, el listado de residencias de ancianos y personas con discapacidad que deben vacunarse y un equipo de emergencia para si alguien tuviera una reacción alérgica. "De momento nadie ha tenido ninguna reacción, más allá de enrojecimiento o molestia en el lugar de la inyección", recalca la barcelonesa.

Cada región sanitaria está dividida en zonas con un coordinador que distribuye y organiza las inyecciones diarias. En el caso de Girona, está dividida en dos zonas y la que se encarga de la norte es la enfermera Ruth Martín, de 27 años. "Tenemos 10 enfermeras por la mañana y 10 por la tarde, y 6 administrativos que las acompañan. Y tenemos que planificar, con los delegados de cada residencia, el día que iremos y qué pedido de dosis necesitaremos", relata.

La vacuna de Pfizer tiene unas características que complican la logística de vacunación, y las profesionales que tienen que inyectarla han recibido una formación previa y específica de unas tres horas. Las dosis deben conservarse a -70º, pero cuando les llegan a los CAP y hospitales para distribuirlas, ya están descongeladas. Entonces, si se mantienen a entre 2 y 8 grados, pueden utilizarse durante cinco días. "Vienen en unas neveras que controlan la temperatura las 24 horas, con acumuladores de frío y unas placas que evitan que se puedan mover durante los traslados", sigue Martín. De hecho, uno de los puntos más importantes para no dañar la vacuna es evitar cualquier sacudida o movimiento brusco. "Cuando las sacamos de la furgoneta, intentamos transportarlas entre dos enfermeras para que el recipiente siempre vaya recto. Y siempre repetimos que las dosis deben tratarse como si fuera un algodón, con mucha delicadeza".

La mayoría de vacunas llegan preparadas para aplicar y en dosis individuales. Pero la del Covid de Pfizier viene en viales de 5 dosis y esto -según la enfermera- hace que cada centro solo pueda vacunar a una cifra múltiple de cinco: "En las residencias, priorizamos siempre a los usuarios. Y si se quedan tres trabajadores sin vacunar, volvemos al día siguiente ".

Una vez abren el vial, deben preparar las dosis: se debe diluir el ARN de la vacuna con suero y mezclarlas con diez movimientos muy suaves que se han de repetir dos veces, al principio ya la mitad del proceso de vacunación. "Y tiene que estar todo muy contado y planificado porque, una vez has reconstituido el vial, tienes que poner las dosis a cinco personas en el momento, no se pueden trasladar de un centro a otro", añade Bou.

Inyecciones siete días la semana

En cuanto a las críticas que aparecieron en los primeros días por el bajo ritmo de vacunación, las tres enfermeras aseguran que ellas no han parado desde el 27 de diciembre. "He ido a vacunar en domingos y hasta el día de Reyes", explica la de Lleida. Y la de Barcelona añade: "No sirve de nada tener 100 vacunas si no tienes personal, pero es normal que al principio cueste organizarlo porque no lo habíamos hecho antes".

Sin embargo, la coordinadora de Girona Norte admite que aún no han recibido indicaciones de cómo deberán organizar la vacunación con las dosis de Moderna, que está previsto que empiecen a llegar a Catalunya esta semana. A diferencia de la de Pfizer, esta vacuna se puede conservar a 20 grados bajo cero durante seis meses y en nevera estándar durante un mes, lo que facilitará su distribución. Pero las dos vacunas requieren dos dosis para lograr la inmunidad, y si una persona recibe la primera de una marca, la segunda deberá ser de la misma. A fecha de 8 de enero, se ha inyectado la primera dosis a 53.343 catalanes, entre residentes y sanitarios.

Queda, pues, un largo camino hasta vacunar a toda la población, pero las tres viven el hito histórico con "ilusión", "responsabilidad" y, sobre todo, "con mucha emoción". "Solo pedimos que se nos valore más, que las enfermeras siempre lo damos todo y lo hemos demostrado", pide Bou, y Cabezas anima a vacunarse: "Tenemos este deber por los ancianos, por los que no están y por los que están".

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