REINSERCIÓN

Voluntarios: el apoyo para los delincuentes sexuales de alto riesgo

Cataluña aplica un proyecto para evitar la reincidencia en el tercer grado

Los primeros permisos de salida de Mohamed no eran lo que él se esperaba. No le apetecía pasar tiempo con la familia ni hablar con los amigos. Se había acostumbrado a las dinámicas de la prisión, donde se aislaba del resto de internos. Solo, después de años encerrado, empezaba a olfatear la libertad, pero no sabía cómo enfrentarse a ella. “¿Y ahora qué hago”?, se preguntaba. Y acababa en la barra de un bar, tragándose su frustración con alcohol. Así cada fin de semana.

La historia de Mohamed —nombre ficticio— podría ser la de muchos otros internos que cumplen condena en las prisiones catalanas por delitos contra la libertad sexual. Son hombres que hace muchos años que viven con unas rutinas muy marcadas por los servicios penitenciarios y que con el tiempo han dejado de pensar por ellos mismos. “Cuando llegan al tercer grado, deben aprender a organizarse para evitar repetir las conductas de riesgo que les llevaron a cometer la agresión”, explica Eva Ortiz, voluntaria del proyecto Cercles (Círculos). Se trata de un programa del Departamento de Justicia para potenciar la rehabilitación de los delincuentes sexuales de alto riesgo que disfrutan del tercer grado —pueden salir durante el día, pero deben dormir en la prisión— y, al mismo tiempo, para asegurar que su reinserción sea segura para el conjunto de la sociedad. En otras palabras: Cercles pretende que, una vez el interno salga del centro penitenciario, no haya ninguna víctima más. Y esto pasa por reducir los factores de riesgo que en su momento condicionaron la agresión.

Acompañar situaciones de riesgo

Mohamed hace siete meses que participa en un “círculo”. Se reúne semanalmente con cinco voluntarios que lo escuchan, lo ayudan a prepararse para el futuro en libertad —como por ejemplo, a encontrar trabajo— y lo valoran como individuo. “No es fácil explicar lo que has hecho a cinco desconocidos —subraya—, tienes miedo a su reacción. Pero poco a poco la confianza crece: te animan y se preocupan por ti, y me cogen el teléfono siempre que necesito explicarles algo”.

La bebida es el factor de riesgo que Mohamed debe mantener a raya. “Cuando salgo de permiso ya no tengo ganas de beber solo en el bar: ahora pienso en compartir tiempo con los míos, pasear con mi sobrina o salir a comer con mis hermanos”, dice. Ahora bien, si pasa un momento de crisis y empieza a oír la necesidad de beber, sabe que puede llamar a un voluntario que lo ayudará a reconducir la situación. “Los voluntarios se forman cada cuatro meses para aprender a detectar posibles situaciones de riesgo”, subraya Laura Portugués, coordinadora del “círculo” de Mohamed.

El proyecto Cercles se puso en marcha en el 2012, inspirado en otro programa, los Círculos de Apoyo y Responsabilidad que Canadá ofrece en las prisiones desde 1994. Buena parte de los agresores sexuales tienen poca red social y se sienten rechazados por la sociedad una vez ponen un pie en la calle. No es, según Carlos Soler, subdirector general de Programas de Rehabilitación de Justicia, el mejor escenario para la reinserción. “Las culturas originarias canadienses apartaban de la sociedad a aquellos que tenían un comportamiento reprobable, pero después se reunían con él para reincorporarlo en la comunidad”, explica Soler. Los voluntarios de Cercles trasladan esta actividad a la actualidad. Cuando los individuos cumplen su pena —son apartados—, tienen su primer contacto con la sociedad a través de su “círculo”, formado por cinco voluntarios y una psicóloga.

“No es un voluntariado fácil. Hay en juego aspectos emocionales porque la persona ha producido mucho padecimiento”, admite Soler. El titular de programas de rehabilitación de Justicia advierte que la iniciativa no busca justificar el delito que cometieron en un momento dado, sino entender que los individuos reconocen su responsabilidad y quieren cambiar. “En un 'círculo' el agresor sexual compensa de cierta forma a la sociedad, porque, abiertamente, colabora con miembros de ésta y se hace responsable de su delito y de su proceso de cambio”, añade.

Actualmente hay nueve “círculos” en activo, por lo tanto, nueve internos recibiendo el apoyo del voluntariado. Justicia quiere duplicar la cifra y llegar a 18 “círculos” simultáneos. En siete años se han hecho 21 “círculos” y, de esos presos, sólo uno reincidió.

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