Zapatos de tacón: ¿sensualidad u opresión?

Cada vez más mujeres renuncian a un calzado que causa problemas físicos y reduce la mobilidad

El diseñador Christian Louboutin, conocido por ser el creador de los míticos zapatos de suela roja, afirmaba el año 2013 que “los tacones proporcionan a las mujeres un andar más lento, y esto da a los hombres más tiempo para admirarlas”. La frase, pronunciada hace solo seis años, es un ejemplo más de cómo muchos hombres cosifican a las mujeres sin despeinarse. Pero hoy en día este comentario ha quedado soterrado por las reivindicaciones de muchas personas —famosas y anónimas— que se están rebelando contra la obligatoriedad, a veces no escrita pero real, de llevar tacones en determinadas fiestas y acontecimientos y en muchos ámbitos laborales. Así, cada vez más mujeres alzan la voz para dejar atrás la idea de sofisticación y sensualidad, que a menudo va ligada a los tacones, para convertir este calzado en lo que es: un zapato que causa problemas físicos y reduce la movilidad de las portadoras.

“El zapato de tacón es una tradición que con sus varias formas somete el cuerpo de las mujeres a limitaciones, casi a torturas, para pararlas y hacerlas menos ágiles. Eso también lo vemos en la imposición de tener que estar delgada o en el fervor de la cirugía estética: todo recae en estar pendientes de nuestro cuerpo”, dice la socióloga Marina Subirats.

Hay que repasar la historia del calzado para descubrir que los zapatos nacieron con un objetivo puramente funcional. De hecho, los antiguos egipcios llevaban zapatos con plataforma para encaramarse mejor a los caballos, ya que con zapato alto resultaba más sencillo colocar los pies en los estribos. La función estética del calzado no llegó hasta la época de la corte del rey francés Luis XIV (1638-1715), que estaba acomplejado porque era muy bajo. Por esto ordenó al diseñador Nicolas Lestage que le fabricara unos zapatos altos. Y así los tacones pasaron a ser una pieza distintiva entre los más ricos, sobre todo entre los monarcas y las damas de la realeza.

Contra la naturaleza

Los tacones, y más tarde los corsés, se convirtieron en elementos estéticos que hicieron que las mujeres “tuvieran que luchar contra su naturaleza”, dice Marina Subirats, pero el éxito de estos zapatos fue creciendo y después de la Segunda Guerra Mundial se popularizaron de forma masiva entre las mujeres. Subirats explica que los tacones “van asociados a un mensaje de elegancia y sensualidad”, cuando la realidad es bien diferente. “Se debilita a las mujeres con la obsesión por el cuerpo”.

Para la tuitera feminista Barbijaputa, los tacones son “ridículos”, y lo explica en un artículo de Pikara Magazine diciendo que “ponerte palos en los pies para fingir lo que la genética no te ha dado es ridículo”. Ella cree que “las modas que se imponen a las mujeres hacen más daño, son más caras y más restrictivas”, y acaba diciendo que “cuando llevamos tacones no somos libres de hacerlo [...] sino que respondemos a un ideario patriarcal”.

Problemas físicos

Aparte de las reivindicaciones de los colectivos feministas, numerosos profesionales sanitarios han advertido de los problemas físicos que puede comportar llevar zapatos de tacón de manera frecuente y prolongada. El vicepresidente del Colegio de Podólogos de Cataluña, Carles Espinosa, explica lo que pasa cuando llevamos este tipo de zapatos: “Se cambian todas las posiciones articulares del pie, ya que se pisa de manera inclinada y todo el peso se carga en la zona de delante, cosa que causa problemas de salud”. Y los concreta: “El tobillo, la rodilla y la cadera se flexionan, y esto incrementa la curvatura de la espalda. Así, las mujeres que llevan zapatos de tacón pueden sufrir dolores lumbares y cambios degenerativos en las rodillas, en los tobillos y en los pies, que incluso pueden llegar a deformarse”. Pero no es todo. Espinosa explica que estos zapatos también pueden provocar lesiones en la piel, como callos o juanetes. Algunas mujeres famosas han sufrido estas consecuencias, como la diseñadora Victoria Beckham, que ha desarrollado incluso una hernia discal y una anomalía en el pie derecho, o la actriz Sarah Jessica Parker. Las dos, amantes declaradas de este tipo de calzado, han tenido que dejarlo de lado.

Cambiar las normas

Y parece que su decisión ha abierto el camino a muchas celebrities para bajarse de los tacones y apostar por un calzado más cómodo. Se vio, por ejemplo, en el Festival de Cannes en 2016, cuando la actriz Julia Roberts se sacó los zapatos de tacón a la alfombra roja en señal de reivindicación. Y es que este acontecimiento tiene una regla protocolaria que obliga a las mujeres a llevar zapatos de tacón. La norma es tan estricta que el año anterior, en 2015, la productora Valeria Richter no pudo acceder al festival porque llevaba unos zapatos planos, pero lo más grave del caso es que Richter no puede llevar tacones porque tiene una parte del pie amputada. Otro caso polémico fue el de la actriz Emma Thompson durante la gala de los Globos de Oro en 2014, que subió al escenario con las Louboutin en la mano porque le sangraban los pies.

En el ámbito laboral todavía hay muchas empresas donde impera la norma de que las trabajadoras deben llevar tacones. En Japón, de hecho, es una obligación en muchas compañías. Así, se ha creado el movimiento japonés KuToo, que sale de las palabras kutsu (zapato) y kutsuu (dolor). A principios de este año, la modelo Yumi Ishikawa criticó, a través de un tuit, que cada día tenía que llevar tacones al trabajo. Desde entonces la red se ha llenado de fotos que las mujeres cuelgan para mostrar las heridas en los pies y otras consecuencias de utilizar este calzado. En la misma línea, algunas empresas empiezan a eliminar de los códigos internos la obligatoriedad de llevar tacones mientras se trabaja. Un ejemplo es la aerolínea Norwegian Airlines, que desde este mes de mayo no requiere a sus tripulantes de cabina que lleven tacones ni maquillaje. Queda claro que los cambios están llegando, pero son lentos. De hecho, la misma Marina Subirats explica que hace años ella y sus compañeras de trabajo iban “todo el día con tacón de punta, incluso a la universidad”.

Ahora, en cambio, podemos ver vestidos con elegancia acompañados de calzado deportivo, un tipo de zapato que se va imponiendo. La socióloga tiene claro que “no se puede obligar a nadie a llevar zapatos de tacón para responder a un ideario estético”. Y por esto cada vez más mujeres se bajan de los tacones.

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