Un accidente que todavía afecta a los vecinos de Tarragona

Varias familias siguen a la espera de volver a su casa

“Si llego a saber que la reconstrucción era tan lenta, no habría alquilado un piso de 35 metros cuadrados como lugar provisional”, explica Loli Lucas, que desde el 14 de enero de 2020 no ha podido volver a su piso de la Plaça García Lorca, en el barrio de Torreforta de Tarragona. Ese fatídico día, la explosión del reactor de Iqoxe propulsó a más de 2 kilómetros de distancia una plancha metálica de casi una tonelada que impactó en su edificio y provocó la muerte del frutero de 59 años Sergio Millán. Lucas, como la familia de Millán, a estas alturas todavía no ha podido volver a su casa. La vecina explica que pasar la pandemia en un piso tan pequeño, con su marido y dos perros, le ha hecho aumentar la angustia a pesar de que Iqoxe se haga cargo de los gastos del alquiler.

El proceso de rehabilitación del conjunto de edificios de García Lorca ha tenido los obstáculos de tratarse de una construcción con vecinos afectados de diversa índole y de querer conseguir la unanimidad de todas las aseguradoras implicadas. Estos factores, más la pandemia, han provocado que el julio pasado empezara el desescombro y justo ahora, este enero, se inicien las reformas, según han prometido a los vecinos.

En cambio, no ha sido así en el barrio vecino de Bonavista, donde 160 afectados por la ola expansiva de la explosión ya han recibido las indemnizaciones. Ventanas agrietadas, grietas en las paredes y persianas dañadas han sido algunos de los desperfectos que han necesitado reparaciones. Loli Gutiérrez, presidenta de la Asociación de Vecinos de Bonavista, entidad que ha gestionado las reclamaciones, explica que el 90% de los expedientes -Muchos de los cuales de vecinos sin aseguradora propia- han sido cubiertos por la póliza de la empresa accidentada. Gutiérrez explica que Iqoxe no ha sido remirada con los números y que muchas veces ha otorgado directamente la cifra que pedía el vecino.

Por otro lado, la empresa productora de óxido de etileno ha anunciado que dará 150.000 euros para proyectos al barrio de Bonavista, donde la asociación de vecinos será quien intermediará. Según fuentes de Iqoxe, este dinero no se entregará directamente a los vecinos sino que servirá para financiar mejoras sociales. Gutiérrez declara que a finales de mes anunciarán públicamente qué harán con estos fondos.

Sin el nuevo plan de emergencia

Esta celeridad en la política de reparación contrasta con una lentitud que sobrecoge a muchos actores sociales del territorio en cuanto a los recursos del Plan Especial de Emergencia Exterior del Sector Químico (Plaseqcat). A pesar de que el plan se coordinará a partir de ahora desde Tarragona, no ha recibido ningún tipo de dotación por parte de la Generalitat. Para Adrià Pallejà, miembro de la Plataforma Cel Net, los habitantes del Camp de Tarragona siguen desprotegidos ante otro accidente por el hecho de que no se ha avanzado en los protocolos de seguridad.

“Necesitamos un control de seguridad químico. A los ciudadanos que vivimos al lado [del complejo petroquímico] nos afecta en nuestras vidas. Iqoxe fue un altavoz de lo que estaba pasando. Las reclamaciones son claras, es una industria de alta complejidad y necesitamos protocolos de alta complejidad para asegurar la población, por mucho que nos vendan que la industria es segura”, declara Pallejà, que añade que todavía esperan un estudio independiente de la calidad del aire en el polígono sur de Tarragona, que hace más de tres años que se está gestando.

El alcalde de la ciudad, el republicano Pau Ricomà, informa que ha mantenido negociaciones con Vicepresidencia de la Generalitat y asegura que los próximos presupuestos incluirán una partida prioritaria para dotar de recursos el Plaseqcat, como una red de sensores para detectar rápidamente la toxicidad de las nubes de humo que se pueden desprender en un incidente como el de Iqoxe.

Como dice Gutiérrez, a pesar de las incontables reuniones, comisiones y manifestaciones por la seguridad, parece que en lugar de haber pasado un año de la tragedia vivimos todavía en el 15 de enero del 2020, puesto que estamos igual que el día después del accidente.

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