La activista trans Kim Pérez pone fin a 18 días de huelga de hambre contra Vox

La mujer, de 77 años, avisa de que las operaciones de género "salvan vidas"

Con 77 años, los 27 últimos viviendo en paz con su cuerpo, la activista transexual Kim Pérez ha dejado este lunes, en su decimoctavo día, la huelga de hambre contra Vox, con una interrupción de un día porque se desmayó y los médicos le recomendaron volver a comer. "El médico me ha dicho que mi estado es bueno, pero me ha confirmado que no comer puede provocar algo repentino, a partir de los 20 días, como un infarto", dijo ayer en las redes sociales. "En fin, he dejado la huelga de hambre y, al llegar a casa, me he tomado tres cucharadas de yogur", añadió.

Al otro lado del teléfono, desde su domicilio de Granada, unos días antes de poner fin a su protesta, suspiraba, hacía una pausa y subía el tono: "El punto 56 de Vox es una cuestión de vida o muerte, porque no poder acceder a la operación de cambio de género puede llevar incluso al suicidio".

Se refiere al programa electoral del partido de extrema derecha que ha avalado al nuevo gobierno del PP y Ciudadanos en Andalucía, que pide "suprimir a la sanidad pública las intervenciones quirúrgicas ajenas a la salud (cambio de género, aborto ...)". Aunque ha recibido mensajes privados de apoyo de Ciudadanos y del PP, pide un posicionamiento claro y específico opuesto a esta medida. No lo encuentra y, de hecho, se siente "decepcionada" con el minúsculo apoyo de los movimientos sociales. "Hablan de nosotros como si fuéramos un gran gasto aunque, de los miles de personas que se operan cada mes en Andalucía, sólo dos son transexuales que se cambian de género", defiende. "Nos están enfrentando gravemente con la mayoría de la sociedad", añade.

Esta historiadora y profesora de ética jubilada que en 2007 se convirtió en la primera transexual en presentarse a unas elecciones en España, en las listas de Izquierda Unida por el Ayuntamiento de Granada, tuvo que crecer en un entorno franquista que no sólo la oprimía, sino que también tenía un absoluto desconocimiento del mundo LGTBI. "Con quince años busqué información en la enciclopedia Espasa, una enorme. Allí encontré 'homosexual' y 'eunuco', pero no me identificaba. No fue hasta el 56 que escuché la palabra 'travesti' en boca de Coccinelle, una vedette transexual francesa de aquella época que se hizo famosa", explica.

Culpa y psiquiátricos

"A veces me vestía de mujer en privado y sentía mucha culpa", reconoce, y la angustia por la culpabilidad la llevó a ser ingresada en un psiquiátrico, con coma insulínico inducido, a los 19 años. "Y aquello, por cierto, no sirvió de nada", apunta. La situación de opresión la llevó a aceptar un trabajo en la embajada de España en Argelia, más abierta en aquellos tiempos pero no tanto como para abrazar su género. "Un día no podía más y salí a la calle vestido de mujer, pero un hombre me vio, se me acercó y volví a casa asustada. Al cabo de unos días vi un artículo en la prensa argelina que se preguntaba: '¿Por qué nuestros hombres se visten de mujeres?' Me alegré e intenté averiguar dónde podía encontrar personas como yo, pero luego lo entendí: aquel artículo hablaba de mí", narra.

"Un caos que más o menos me acompañó toda la vida hasta que salí del armario", es como define Kim sus primeros 50 años de vida. Durante una época, posterior a la culpa y la angustia, decidió "vivir encogida", apagada y con su sexualidad totalmente reprimida. "Hasta que llegué a un punto en el que pensé: 'Adelante aunque se hunda el mundo'. Y el mundo no se hundió. Al contrario, desde entonces mi vida ha sido básicamente feliz".

En la difícil trayectoria por ser transexual, Kim sabe que haber podido trabajar de profesora ha sido un privilegio en un contexto en el que "el trabajo para personas transexuales tiende a cero". "Y mis alumnos siempre fueron los más comprensivos y cariñosos conmigo", recuerda con ternura.

Las sombras vuelven cuando habla de un presente que puede cortar los avances en visibilidad y derechos por los que el colectivo trans, como todo el colectivo LGTBI, ha luchado y conseguido en los últimos años. Kim teme que el crecimiento de la extrema derecha dé alas a las agresiones -por ahora sólo ha recibido ataques en las redes- y recuerda conmovida el asesinato transfóbico de Ely en Valladolid en septiembre del año pasado. "Hay gente violenta que se reprime si la sociedad avanza y sale al ataque cuando se siente legitimada por personas como Bolsonaro y Trump", reflexiona Kim, que no piensa volver a comer hasta que su salud no corra peligro.

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