PANDÈMIA

El antídoto contra la desconfianza: “Todas las vacunas serán seguras”

Los expertos dudan de que haya razones para no querer inmunizarse para frenar el coronavirus

Del miedo al covid-19 a la desconfianza de la vacuna. Casi la mitad de los españoles (47%) se niegan a vacunarse y un 13% dudan de si hacerlo, según el último barómetro del CIS, unos porcentajes a la alza y que rompen con la tradicional predisposición a inmunizarse que hay tanto en España como en Catalunya, donde la cobertura entre bebés llega hasta un 95%. La pandemia agrieta la cultura a favor de la protección comunitaria, seguramente debido al desconcierto provocado por la improvisación de las autoridades sanitarias a la hora de tomar y comunicar decisiones. “Hemos visto una carrera por la vacuna que se asemejaba más a un Gran Premio”, lo que ha despertado suspicacias de intereses escondidos, alimentadas por el baile de cifras de la eficacia de las vacunas en ensayo y por el estallido de las bolsas, resume Carlos Rodrigo, director clínico de pediatría del Hospital Can Ruti de Badalona, y vacunólogo.

En realidad, dicen los expertos, el proceso para las vacunas del coronavirus es el habitual, con la única novedad de que ha habido tanta sobreexposición que ha resultado contraproducente, y en ningún caso queda comprometida “ni la seguridad ni la eficacia”, subraya Magda Campins, miembro de la junta del Colegio de Médicos de Barcelona y directora de epidemiología del Valle de Hebrón. De hecho, no será la vacuna más rápida a desarrollarse porque en 2009, la de la N1H1 estuvo preparada en menos de cinco meses, como recuerda Campins, que subraya que “los fracasos son normales” y que la rapidez ha sido posible por el uso de sofisticadas plataformas tecnológicas y porque se han “destinado recursos de personal y financieros, públicos y privados como nunca”, debido a la emergencia.

Esta apuesta ha permitido “solapar fases y empezar una nueva cuando no se había acabado la anterior”, y así se acelera el proceso, fulminando la década que se tardaba hasta ahora para desarrollar una vacuna. Además, añade que los 30.000 voluntarios son una cifra inusualmente alta en los tests que permite descartar complicaciones graves.

Alta exigencia

A pesar de que se mira la eficacia con lupa -eficacia que las farmacéuticas han anunciado a través de titulares, vistos como un mareo de porcentajes-, "lo más importante es la seguridad” porque se está inoculando el virus en personas sanas, incide Rodrigo. Esto también lo corrobora, en otras palabras, Adelaida Sarukhan, doctora en inmunología y redactora científica de la ISGlobal: “La eficacia es negociable, la seguridad no”. Y aquí no hay dudas de que las exigencias son, como siempre, altísimas. Serán las instituciones reguladoras, la Agencia del Medicamento Europeo o la norteamericana FDA, las que tendrán la última palabra cuando tengan todos los datos. Así, está fuera de duda su gestión y señala que han parado temporalmente las investigaciones o han descartado medicamentos esperanzadores como la hidroxicloroquina, que lejos de ser un fracaso son inequívocamente una señal de que se prioriza la seguridad de las personas, señala Campins.

Para Sarukhan, no hay lugar para la desconfianza porque asegura que “todas las vacunas que lleguen al mercado serán seguras” puesto que habrán superado con nota alta las exigencias. Sea cuando sea que lleguen las primeras dosis, habrá que arreglar errores, señala la experta de la ISGlobal, que apunta la necesidad de tener un “buen plan de comunicación para reconstruir la confianza” de la ciudadanía, que entienda que en ningún caso durante el proceso de investigación “se han cogido atajos” comprometiendo la seguridad.

La distribución de los millones de vacunas que se necesitarán será uno de los grandes retos. De momento, el gobierno español ha establecido 15 grupos que recibirán las dosis en un calendario de fases hasta el verano y siempre que sea posible iniciar la campaña a principios del 2021. La priorización es imprescindible, obligada por la limitación del producto, y hay consenso que los primeros tienen que ser los más vulnerables y sus cuidadores.

Obligatoriedad descartada

Sanidad descarta también la obligatoriedad, un punto que comparte Itziar de Lecuona, subdirectora del Comité de Bioética de la UB, partidaria de que sea “una decisión libre e informada”. La transmisión de información “clara” y recuperar un buen liderazgo son puntos claves, mantiene esta doctora, para reducir las reticencias. Campins y Rodrigo coinciden en que obligar podría ser incluso contraproducente, como pasa en Italia, donde, a pesar de tener una cobertura de vacuna menor, reniegan de la creación de un carné inmunológico que divida a la población.

Desde Médicos Sin Fronteras, la enfermera Miriam Alia destaca que en campañas de vacunación masiva es mejor una distribución “cuanto más descentralizada mejor” y que no tener suficientes vacunas en medio de una de las fases es desastroso porque “mucha gente no volverá”. Alia ha trabajado en varias emergencias en África (como la del Ebola) y, a pesar de que apuesta por vacunar en los centros de atención primaria (CAPs), dice que para ser eficaz “hay que reforzar el personal”. La ONG ha hecho campaña para pedir “más transparencia” en la carrera por las vacunas para que los países más empobrecidos no se queden al margen, y apunta que la opacidad “ha creado desconfianza”.

Esta desconfianza es nueva, alimentada por los cambios de estrategia contra el virus -divergencias en el uso de la mascarilla, discursos iniciales cómo “es una gripe” o la diversidad de restricciones según territorios- pero también por la “caída de la popularidad de los expertos”. Quién habla es el antropólogo José Mansilla, autor de La pandemia de la desigualdad, que señala a la “fragmentación de la sociedad”, en parte por la “desaparición de grandes referentes” que marquen el paso y porque gana terreno “el individualismo”.

Para Aran Solé, del Colegio de Psicólogos y Sociólogos de Catalunya y máster en análisis político de la UOC, el movimiento antivacunas continúa siendo residual pero en estas desconfianzas se encuentran tanto los que “defienden la descontaminación del planeta” y los que creen en improbables “conspiraciones del G5, el virus de laboratorio o el control de China”.

Sea cuando sea, una cosa está clara para todos los científicos hasta que no esté al menos el 60% de la población inmunizada. La única vacuna ya se conoce: mascarilla, distancia e higiene, apunta Campins, que dice que “se ha perdido el miedo al virus” y augura todavía un 2021 con restricciones.

Tres proyectos en el útima fase antes de la distribución

Oxford y AstraZeneca

A pesar de estar pendiente de un “estudio adicional” para aclarar datos dispares sobre su eficacia, la vacuna podría ser la primera en llegar al mercado, a finales de este año, porque en fases anteriores ya se empezó a producir.

Pfizer y BioNTech

Con una eficacia del 95% según la última nota de prensa, las dos compañías pedirán la aprobación de emergencia en la FDA y la AEM. Es una vacuna cara y para su conservación se necesita una temperatura de 80 grados bajo cero.

Moderna

La Comisión Europea acaba de firmar un contrato para conseguir esta vacuna norteamericana, con un 94,5% de eficacia y que se añade a los acuerdos para comprar las de Sanofi-GSK, Johnson & Johnson y Curevac.

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