LENGUA

“No es fácil aprender a hablar catalán en la calle”

Unas 1.600 personas se apuntan cada año a las conversaciones de la CAL

“No es fácil aprender a hablar catalán en la calle: cuando ven que eres de fuera te hablan directamente en castellano”, lamenta Luz Dary, quien llegó a Cataluña hace ocho meses desde Colombia y quiere hablar catalán para encontrar trabajo e integrarse en la sociedad. Claudia, de Venezuela, sólo hace seis meses que está en Cataluña y coincide en decir que es difícil utilizar el idioma aprendido en el día a día de Barcelona. “Hay personas que, aunque hace 30 años que están en Cataluña, viven en entornos castellanohablantes y no se atreven a hablar en catalán”, asegura Josep Rota, voluntario de la Coordinadora d’Associacions per la Llengua Catalana (CAL), una entidad que trabaja para el uso social de la lengua ofreciendo sesiones de conversación. Rota, quien modera las sesiones en el Casal Espai 210 de Barcelona, considera que “en este entorno las personas se pueden equivocar, nadie se ríe y se desbloquean los obstáculos”.

Es el caso de Paqui Arévalo, quien vive en Barcelona desde hace 36 años, desde que se marchó de Andalucía. Este es el tercer curso que asiste a las conversaciones del Espai 210. La llaman la veterana, pero le cuesta lanzarse a hablar catalán. Arévalo cuenta que estas sesiones son una oportunidad para hacer vida social en el barrio y aprender catalán. “La lengua es una herramienta fundamental para la integración en la sociedad y la cultura”, asegura Rota, quien explica que decidió ser voluntaria de la CAL cuando se jubiló y pensó en hacer un voluntariado con “identidad de país”.

Conversaciones en la escuela

Estas charlas también se ofrecen en la Escola Gras i Soler de Esplugues de Llobregat, donde los alumnos han llevado catálogos de Ikea y de supermercados y revistas. Algunas familias aprovechan el rato en que los hijos están en clase para ir a las conversaciones en catalán que la CAL ofrece en el mismo edificio. Con el material que traen, hablan sobre los objetos y los precios y, de esta manera, aprenden palabras que utilizan en el día a día. “En Esplugues se habla mucho el castellano y es difícil aprender catalán”, lamenta Hanae, que empezó a aprender el idioma gracias a las conversaciones y ahora incluso ayuda a sus hijas con los deberes.

Este curso empezó en Navidades con Encarna Rubio de voluntaria, exprofesora de catalán de la escuela, que vio la iniciativa como una manera de ayudar y continuar vinculada al centro cuando se jubiló. “Ellas aprenden de mí y yo de ellas porque hablamos de diferentes culturas y tradiciones”, destaca Rubio, y aclara que, aunque hay una guía a seguir, los temas de los que hablan no son cerrados. Algunas madres que son de Marruecos, por ejemplo, cuentan sus costumbres, como el Ramadán, y expresan cómo se sienten con las tradiciones de su país. También traen comida típica marroquí e intentan explicar en catalán cómo la han hecho. “La lengua existe para poder comunicarnos, lo más importante es hablarla, lanzarte a hablar, y no tanto la gramática o la ortografía”, asegura Rubio, que está muy satisfecha porque las madres de su grupo están entusiasmadas y aprenden muy de prisa.

Ni profesor ni alumno

Las sesiones no sólo se centran en el objetivo lingüístico, sino que también se consideran un “espacio social y de comunicación”, según el director del programa, Jordi Esteban, que comenta que “la iniciativa es una mirada a la lengua con tres objetivos: el uso y el conocimiento de la lengua catalana, la cohesión social y el conocimiento del país”. Esteban destaca la importancia de los encuentros “como vecinos y no como alumno-profesor”, y aclara que “no es un espacio académico, sino social, donde se conversa, pero no se hacen ejercicios”. De hecho, hay unos límites que no se pueden traspasar: no es una tertulia, una conferencia o una clase de historia, y se promueven el diálogo asertivo y temas de la vida cotidiana.

La propuesta se desarrolla en tres subprogramas delimitados por el nivel del habla: Junts, cuando hay un desconocimiento absoluto del catalán; Junts Avançat, cuando se entiende el idioma, pero no se habla, y Xerrem, cuando se habla, pero se necesita mejorar. Actualmente existen 170 grupos en toda Cataluña y se inscriben en ellos unas 1.600 personas cada año.