El covid ahoga la primaria: "Nos quita tiempo y el tiempo es nuestra herramienta"

Los CAP intentan mantener la atención ordinaria ante el alud de consultas por coronavirus

Contactar con los CAP por teléfono es casi un deporte de riesgo que pone a prueba los nervios de acero. A las llamadas o consultas presenciales en busca de información o de una visita, que en momentos puntuales se pueden incluso triplicar, se añaden las que llegan a través de las agendas virtuales. El personal no da abasto para responderlas todas, lo cual alimenta la sensación de desatención del paciente, al que le cuesta asumir los retrasos y la paralización, a diferencia de visto durante la primera oleada en primavera. Esto se nota con “más crispación y angustia” en las puertas de los centros, donde se hace un control exhaustivo para intentar evitar que entren positivos o sospechosos sin las garantías de protección, explica Òscar Coca, referente GIS (administrativos) y miembro del equipo directivo de la CAP Buenos Aires de Martorell.

El coronavirus ha caído como una losa en unos centros que ya antes de la pandemia sufrían congestión, falta de personal e infrafinanciación, apunta Elena Bartolozzi, secretaria del sector de primaria del ICS de Metges de Catalunya y médico en el CAP Ramon Turró de Barcelona, que critica que no se han reforzado lo bastante los equipos porque el grueso de la nueva contratación, con alguna excepción, tan sólo cubre las bajas de la plantilla.

El trabajo se acumula y las plantillas tienen que mover cielo y tierra para compaginar la asistencia a los pacientes de coronavirus con las urgencias y la actividad ordinaria. Según Salut, el covid toma el 40% del tiempo de los profesionales de primaria. No es sólo asistencia sanitaria, sino que, a la vez, ahora se añade la burocracia que se deriva de tener que tramitar las bajas y altas de los enfermos, las pruebas PCR y test de antígenos y el seguimiento de positivos. “Nos quitan tiempo y el tiempo es nuestra herramienta”, afirma Bartolozzi, que alerta que a medio plazo habrá “enfermos graves porque se está diagnosticando tarde”.

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A diferencia de la primera oleada, en la que el golpe fue para los hospitales, esta vez los CAP son la puerta de entrada y el “escudo protector” del sistema, en palabras del presidente del Col·legi de Metges, Jaume Padrós. Los datos constatan que los pacientes vuelven a la primaria, y en los últimos quince días las visitas presenciales han aumentado un 53%. Un tercio de los sospechosos acuden a su ambulatorio de referencia, según la consellera de Salut, Alba Vergés.

Jornadas interminables

El “monstruo del covid”, como lo califica Juanjo Sánchez, enfermero del CAP de la Sagrera de Barcelona, hace difícil recuperar la normalidad. Sánchez asegura que, en su caso, ha podido retomar el seguimiento “solo de los casos más agudos”. Este es un lamento que se repite, sobre todo entre los médicos, porque se han tenido que centrar tanto en parar el golpe pandémico que han tenido que dejar la agenda ordinaria en segundo plano y a menudo se ha compensado con una ampliación del horario. “A veces doblamos jornada”, señala Tamara Sancho, médica en Can Viladet, de Esplugues de Llobregat, que asegura que los profesionales están “agotados y al límite emocionalmente”.

En Martorell, la doctora Sònia Miravet, la directora del CAP, explica que la volatilidad de la situación hace que cada semana tenga que rehacer los protocolos para redefinir tareas. “Casi todo el mundo hace de todo”, resume Miravet, que comparte el “malestar de haber perdido el contacto con los pacientes” durante la primera oleada. Sin embargo, subraya que con un “esfuerzo y trabajo de todo el equipo” del centro han conseguido que cada profesional recupere la agenda propia y a partir del verano han vuelto las visitas presenciales de odontología, oftalmología y rehabilitación. Esto se nota en la afluencia a las salas de espera, a pesar de que el acceso al interior del edificio está controlado para evitar aglomeraciones.

Parte de este éxito es una “buena priorización” de la atención de los enfermos, señala Sole Rosende, enfermera y parte de la dirección del CAP de Martorell, porque, afirma, permite optimizar tiempo y personal. Administrativos y auxiliares de enfermería se encargan de hacer el primer cribaje de las consultas –presenciales, telefónicas y online– y de derivarlas a médicos y enfermeras que, a la vez, valorarán si hace falta una visita presencial o la cuestión se puede resolver con una llamada o una respuesta a través de las consultas virtuales. “No es la atención que querríamos dar, sobre todo con los crónicos, pero se trabaja mucho para que todo el mundo esté muy atendido”, afirma Rosende.

En este CAP se ha incrementado en siete personas la plantilla de enfermeras (hay cuatro de baja), en seis la de administrativos y en tres la de auxiliares, pero ha sido imposible encontrar nuevos médicos. El espacio del edificio ha permitido delimitar un doble circuito para mantener las consultas habituales y concentrar en un ala de la planta baja la atención al covid, cerca de la puerta de acceso para aumentar la ventilación y limitar los riesgos. Médicos y enfermeras hacen la visita y los tests pero el seguimiento de contactos se ha externalizado a una unidad de la Gornal, del mismo modo que también se hacen desde fuera la tramitación de las bajas laborales y el control de síntomas.

Para la doctora Sancho, los profesionales de la primaria están haciendo en esta segunda oleada un “esfuerzo descomunal” que no se traduce en una dotación presupuestaria más grande ni en refuerzos, como sí ha pasado en los hospitales. La directora del CAP de Martorell dice que de todo se puede sacar una lección positiva: “Hemos aprendido que a veces había una hiperfrecuentación de visitas en el CAP y hemos visto que muchas consultas se pueden resolver por teléfono”.

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