Messi pone el lazo a una Liga azulgrana (1-4)

El argentino, ovacionado por el Villamarín, lidera una goleada con la que el Barça sentencia la Liga

En el mismo estadio en donde puede ganar la Copa del Rey el 25 de mayo, el Barça empezó a poner un lazo con los colores azul y grana en el trofeo de la Liga (1-4). Un puñetazo en la mesa para convertir las próximas jornadas en un paseo durante las que Valverde podrá hacer rotaciones pensando en la Champions. Con un colchón de 10 puntos respecto al Atlético de Madrid, ningún rival podrá ganar este campeonato. Sólo el Barça lo podrá perder si es víctima de sus errores. El equipo de Valverde se ha escapado tan lejos, que es dueño y señor de un destino en el que Lionel Messi, como capitán, levantará al menos un trofeo. Con suerte y acierto, pueden ser tres.

El Betis, siempre fiel a un estilo de juego estético desde que lo entrena Quique Setién, descubrió, si aún no lo sabía, que no es una buena idea enfadar Messi. No es un buen negocio incordiar al Barça. Los andaluces eran el único equipo que había clavado cuatro goles al Barça, con Valverde en el banquillo, además de ser el único equipo capaz de ganar en Liga en el Camp Nou en muchos meses. Pero una vez tuvo delante las camisetas verdes y blancas, Messi activó su plan para devolver el golpe del partido de ida. Un plan que Valverde tenía muy claro: hacer caer a los béticos en una trampa. Invitarles a atacar, a jugar como les gusta, para hacerles daño con golpes en la espalda con la firma de un Messi que no sólo sometió a los rivales. Al final, la afición del Betis coreó su nombre después de su último gol, una genialidad. Una más.

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De entrada no se vio el Barça más romántico. Con Vidal liderando la presión en la medular, el equipo buscaba no tener inferioridad en el centro, como aceptando que si quieres jugar un partido abierto contra el Betis te puedes quemar. Durante el primer tiempo supo defender su propia área, liderado por un Piqué imperial, esperando los fallos andaluces para dejar a Luis Suárez y Messi, con la colaboración de los laterales, la responsabilidad en ataque. Valverde, quien acepta con normalidad que nunca será recordado como el técnico más valiente de la historia del club, modificó el sistema para detener el juego rival, confiando en Messi.

Jugar con Messi, en el fondo, es como tener un comodín extra. Y el argentino lo demostró con un lanzamiento de falta increíble, extraordinario, aunque él los ha normalizado. Una vez vio como Rakitic recibía una falta en la frontal, la cabeza de Messi comenzó a idear trayectorias, calculando la fuerza y la velocidad para batir a Paz con un disparo perfecto. Y antes del descanso, con el Betis gato, marcó el segundo aprovechando el trabajo de Suárez, convertido en su cómplice dentro y fuera del terreno del juego. El uruguayo, renacido, dio una gran asistencia a Messi justo el día en que el argentino se convertía en el segundo futbolista con más partidos en la historia del club, sólo por detrás de Xavi.

El fútbol, como la vida, depende mucho del estado de ánimo. Y el Barça sabía que el Betis jugaba con fuego, con la afición dudando del romanticismo de Setién. Una vez marcó el 0-2, el partido quedó visto para sentencia, con los andaluces condenados a recibir los golpes de un Barça que se paseó durante toda la segunda parte sin despeinarse y perdonando goles. Cada golpe recibido el partido de ida fue devuelto por el Barça. Cuatro goles del Betis en el Camp Nou, cuatro del Barça en el Villamarín. El Barça entregaba el balón a Messi y a Suárez para ver cómo ambos, bien solos, iban martirizando al Betis. Sin cansarse, el Barça sentenció la Liga convirtiendo un partido que podía parecer complicado en un domingo de fiesta. Suárez no paró hasta conseguir marcar su gol, en una jugada individual marca de la casa. Pero la guinda la puso Messi, claro. Tras el gol de Loren Morón, el argentino se inventó un disparo tan bonito que la afición local se olvidó de los colores y le ovacionó. Pocos jugadores pueden conseguir que todo un estadio rival le cante el nombre, pero con Messi todo es posible.

El Barça tenía un plan y lo ejecutó a la perfección: nueve futbolistas para detener el equipo rival y dos más, Messi y Suárez, para emitir el documento que certifica que la Liga, de nuevo, será azulgrana.

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