Cinco razones para ilusionarse con la Champions (5-1)

El Barça golea al Olympique de Lyon y llega a cuartos de final convertido en uno de los favoritos

Los barcelonistas más veteranos, los que tienen cicatrices en la piel que les recuerdan noches como la de Sevilla contra el Steaua, se pasarán los próximos días pidiendo a sus hijos y nietos que dejen de decir que el Barça ganará la Champions este año. Pero una vez los hayan tirado de las orejas, por detrás sonreirán ilusionados. El Barça hizo el trabajo, cumplidor y concentrado, contra el Olympique de Lyon (5-1), y ya sin el PSG, el Real Madrid ni el Atlético, sube a lo alto de la lista de favoritos para levantar la copa de las grandes orejas del 1 de junio en el Wanda. Es ahora o nunca. Este año sí, como se decía antes.

La Champions ha ocupado un espacio central en todos los sueños en el Camp Nou en los últimos meses, sobre todo estos años en los que, pasara lo que pasara, al final la copa siempre la acababa levantando Sergio Ramos. La "Copa más linda", como dijo Messi. Para Valverde la Champions significaría la gloria del posible triplete: ocupar un lugar junto a Cruyff, Guardiola, Rijkaard y Luis Enrique. Para Messi, la quinta corona europea en su casa. La Champions es a cinco partidos. Cinco partidos en los que, muy probablemente, será necesario volar a Inglaterra, porque de los siete rivales del Barça, cuatro son equipos de la Premier League. Cinco finales.

Cinco finales y cinco retos, en una edición en la que ganar la ida de manera cómoda no significa clasificarse; en que los jovencitos derrotan a los campeones en su casa, y en el que los ricos parisinos lloran en casa, incapaces de conquistar a golpe de talonario un torneo en el que puede pasar de todo. Pero el Barça estaba avisado y no permitió al Lyon que protagonizara una nueva sorpresa, aunque el gol de Tousart generó inquietud en una buena parte del Camp Nou. Pero al final, la maleducada afición visitante, que tiró objetos, insultó y provocó disturbios, se quedó sin voz, derrotada, tanto sobre el césped, como en la grada.

Hay gente que no sabe perder, siempre ha pasado. Otros, en cambio, saben ganar. Como Valverde, siempre discreto. Un técnico que en su tercer año parece haber encontrado la fórmula mágica para que su Barça se desconecte y se vuelva a enchufar con una facilidad sorprendente. Cuando toca, el Barça gana por inercia, sin animar. Y cuando llegan las citas marcadas en rojo en el calendario, el Barça muerde, con una imagen con pocas grietas. Es cierto que después de desperdiciar ocasiones para golear, en la segunda parte el Lyon soñó con la gesta, pero el Barça fue el ganador merecido. Y el Lyon se convirtió en uno de esos boxeadores que se enfrentan a un campeón que pasa por un mal momento, con el único objetivo de permitir a un rival superior recuperar sensaciones. Y ese rival superior era Coutinho, titular y goleador en su mejor partido en muchos meses. El brasileño entendió finalmente qué le tocaba hacer, con toques de espuela y golpes de cadera, como si fueran los movimientos de un exorcismo para alejar la mala imagen de los últimos tiempos.

En Europa el Barça se gusta

El partido se puso de cara muy deprisa cuando Denayer cometió un penalti que, analizado con detenimiento, era más pisada de Suárez que no falta del defensa. Pero el gol era cuestión de tiempo, con un Barça con muchos espacios entre líneas y una presión tras pérdida como la de los mejores días. Y con Arthur marcando el ritmo. Lopes ya había tenido trabajo antes de ver cómo Messi hacía un homenaje a Antonin Panenka transformando el penalti y abriendo el camino de un triunfo que ya nadie creía que escaparía al descanso, cuando Coutinho, con regalo de Suárez, ya había marcado el 2-0. Aunque con alguna jugada aislada de un Lyon desequilibrado, con mucha belleza en ataque y horrible en defensa, el Barça no sufrió antes del descanso. Supo unir responsabilidad con atrevimiento, seriedad y alegría.

El Barça de la Champions es aquel equipo que antes de salir de casa se mira al espejo y se gusta. Con Arthur escondiendo el balón a los franceses con la misma facilidad con la que un mago hace desaparecer conejos ante los niños, el Barça supo cuidar la pelota, con elegancia, y se esforzó mucho, sin miramiento, para recuperarla . El equipo de Valverde era tan superior que en la segunda parte le costó despertarse cuando, en una jugada aislada, con rebotes y errores, Tousart batió a Ter Stegen con media hora aún por jugar. Un gol que estimuló a los franceses, que comenzaron a mortificar a un Barça cansado y que perdió la capacidad de gobernar el encuentro.

En un escenario eléctrico, Valverde entendió que había que dar libertad a las alas de Ousmane Dembélé, que entró por Coutinho, y que había que poner a Arturo Vidal en el centro del campo haciendo de guardaespaldas de un Messi que no paró hasta decidir la eliminatoria con un gol de aquellos que seducen a todo el barcelonismo. Con un solo golpe de cadera burló dos defensas y batió a Gorgelin, quien había entrado en la primera parte por el portero titular Lopes, lesionado. Dos minutos más tarde el argentino regalaba a Piqué, quien se había ido al ataque como le gusta hacer, el 4-1. La guinda la puso con el quinto gol Dembélé, que con espacios disfruta como un niño.

Al final el Lyon se llevó a casa cinco goles. Cinco razones para ilusionarse con un Barça que este viernes sabrá qué ruta seguirá para continuar avanzando hacia Madrid. Un camino que también quieren recorrer viejos conocidos, algunos de buen recuerdo como Guardiola, y otros de menos buena memoria, como Cristiano. Para llegar a la gloria, ya se sabe, toca sufrir. Y el Barça supo sufrir cuando tocó contra el Lyon, antes de hacer añicos la defensa francesa y empezar a soñar que este año sí. Este año toca.

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