CRÓNICA

Hoy toca tomar el café en la furgoneta

Hace frío en Terrassa pero los que no pueden pasar sin la dosis de cafeína encuentran consuelo en los bancos todavía vacíos de la céntrica Plaça Vella, que se despierta con el trasiego de los repartidores. Las nuevas restricciones para frenar el covid hace pocas horas que han entrado en vigor y el propietario del bar La Taverneta se desespera por los clientes habituales que no llegan en este primer día que tiene prohibido servir en las mesas. En la entrada del local tiene muy ordenados los diarios del día. Todavía intactos. "Muy poco trabajo", se lamenta detrás de una barra impoluta. Afuera, tres operarios discuten si pedir un café. "Mejor vamos al otro local", consensúan. Trabajan reparando ascensores en una residencia de gente mayor cercana y cada mañana se sientan en la terraza de La Taverneta para charlar un rato. "Hoy toca tomar el café en la calle o en la furgoneta", exclama Antonio Villalobos antes de irse calle abajo. A Joan García lo ha sorprendido que no pudiera entrar en su bar habitual porque ayer por la noche oyó que el TSJC retrasaría la resolución sobre el paquete de restricciones anticovid. Ahora coge el vaso de plástico con una mano mientras camina por el centro de la capital vallesana. "Si ya es complicado todo, los políticos todavía lo enredan más", se queja.

Anna Cebelloro ha salido de la tienda donde trabaja para tomar el primer cortado del día. Se sienta en uno de los bancos de piedra de la plaza. Como fumadora, asegura que, de hecho, es una jornada cualquiera porque siempre consume en las terrazas, así que poco han cambiado sus rutinas. Eso sí, ha tenido que cambiar de local, puesto que el suyo habitual ha decidido cerrar y hacer solo los encargos para el servicio del mediodía. "Me da igual en el banco que en la silla, solo me sabe mal por los bares", lamenta.

Con la persiana medio subida, el pequeño local Creps del Cremat atiende a los clientes desde un ventanal que da a la calle. Pocos clientes a estas horas de la mañana. Y casi ninguno de los habituales, constata Jesica Álvarez, que tiene la plancha calentando pero teme que pocas creps hará. "No puedo poner las sillas ni el toldo ni encender la estufa, así que ¿quién cruees que vendrá? Nadie", responde. De momento probará si le sale a cuenta abrir por las mañanas y, si no, limitará el horario a por las tardes, que concentran el grueso del negocio. "Para que salga a cuenta abrir tenemos que hacer un mínimo de 100 euros al día y a este paso ni en broma llegamos", dice la camarera, que denuncia que de momento tendrá que continuar pagando las tasas de la terraza. 

Miguel Celma, transportista, coge el café mientras se pregunta por qué "otra vez pagan los mismos" la mala gestión política del coronavirus . Tiene que entregar pedidos en Berga y Vic, y con tantas horas por delante y sin bares por la ruta, se pregunta dónde podrá comer.

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