30 cosas que puedes hacer tú contra el cambio climático

Pequeñas actitudes personales permiten luchar contra el calentamiento global de forma efectiva
MARIO MARTÍN MATAS / ILUSTRACIONES: EDUARD FORROLL

Pensar en global, actuar en local. La frase, imposible de atribuir a alguien en concreto, ha sido utilizada extensamente en varios ámbitos y durante muchos años, pero gana especial relevancia a la hora de hablar de cambio climático. Contra los discursos que niegan esta realidad, o bien que la minimizan porque creen que la ciencia hará posible que la humanidad se adapte sin ningún estruendo, hay medidas concretas, del día a día, que todo el mundo puede poner en práctica para reducir su huella ecológica.

“Cada vez hay más evidencias de que el cambio climático es un problema en todo el mundo, también en nuestra casa”, asegura el secretario de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Generalitat, Josep Enric Llebot. Antes de dar el salto a la administración, Llebot coordinó dos informes sobre los efectos del cambio climático en Cataluña y cree que, a grandes rasgos, se ha conseguido hacer avances en la concienciación ciudadana y en la asunción de la idea de que hay que adaptarse. Hay asignaturas pendientes, reconoce, y acepta que los poderes públicos deben servir para animar a la población a cambiar determinados estilos de vida. La mejora del transporte público, especialmente fuera de Barcelona, es una necesidad “evidente” para facilitar que no se utilice tanto el vehículo privado, dice, y menciona especialmente la red de Cercanías para asumir que hay “muchas cosas por mejorar” y que no siempre se está respondiendo como se debería.

Medidas pendientes

Mejorar la gestión de los residuos para que aumenten las tasas de reciclaje, quizás con la implantación de un sistema de recogida puerta por puerta —Llebot cree que podría ser válido en todas partes, pero acepta que antes habría que “preparar mucho” a la población—, o bien fomentar más las energías renovables son dos cosas más que el secretario de Medio Ambiente menciona como mejorables. Es por eso que se muestra muy crítico con el gravamen impuesto por el Estado a los productores privados de energía solar: “No facilitar que la gente pueda ponerse unas placas solares en casa es ir a la inversa”, lamenta.

Coincidiendo con la Cumbre de París ha surgido una nueva plataforma que quiere actuar como grupo de presión a favor del medio ambiente. El Movimiento por la Justicia Climática, que se manifiesta hoy por las calles de Barcelona, y también en otras ciudades del mundo, cree que el acuerdo al que llegarán los estados reunidos en la capital francesa será “probablemente insuficiente”. Es por eso que apuesta por mantener su actividad más allá de la cumbre y presionar a los representantes políticos para que construyan otro modelo económico.

“La crisis medioambiental y la crisis social están muy relacionadas”, explica la portavoz del Movimiento, Anna Pérez, para advertir que los países más ricos del planeta, englobados en el G-20, otorgan cuatro veces más subvenciones a la producción de combustibles fósiles que al fomento de las energías renovables, y eso “no tiene ningún tipo de sentido”.

Más concienciación

Pérez argumenta que la presión y la movilización son esenciales para cambiar un modelo que no lleva a ningún sitio y que está muy pensado para favorecer las energías sucias. De hecho, asegura que el actual comisario europeo de Energía y Cambio Climático, Miguel Arias Cañete, ha dedicado el 70% de su agenda pública a reunirse con lobbies de la industria del coche y del petróleo. También pone el énfasis en el sistema de producción y distribución de alimentos a escala global, al cual responsabiliza de la mitad de las emisiones globales, para subrayar así la necesidad de comer productos locales y de temporada, y hace un llamamiento a reducir el consumo de carne.

En un contexto en el que los efectos del clima ganarán cada vez más relevancia, los ciudadanos tienen mucho por decir. Lo aseguraba el Capità Enciam, que a mediados de los 90 proclamaba desde TV3 que “els petits canvis són poderosos“. Esto, la acción local como instrumento global, o dejar el mundo mejor de como se ha encontrado. Diferentes caras de una misma moneda.

1. Rechazar bolsas de plástico cuando se va a comprar

Desde que Cataluña firmó en 2009 el Pacto por la Bolsa con las grandes superficies y supermercados, se ha conseguido reducir en un 52% el consumo por habitante, al pasar de 327 a 156 bolsas por persona en 2012. A pesar de eso todavía es demasiado, y el Govern se ha fijado como objetivo llegar a las 33 bolsas por persona en 2020, una cifra incluso más ambiciosa que la que ha establecido una directiva de la UE —pasar de las 190 actuales por término medio a 40 en 2025—. Comprar alimentos mínimamente envasados y reducir la utilización del papel de aluminio son dos estrategias más que van en la misma dirección, y que permitirán hacer bajar el uso de primeras materias y de la energía necesaria para producirlas.

2. Utilizar los contenedores urbanos para reciclar papel, vidrio y plástico

La tasa de reciclaje de los catalanes se mantiene estable en torno al 38% desde hace años, un porcentaje manifiestamente mejorable y que el Govern quiere situar por encima del 50% antes de 2020. El uso que hacen los ciudadanos del contenedor verde para tirar el vidrio, el amarillo para el plástico y el azul para el papel es primordial para alcanzar esa cifra, pero también lo es mejorar la calidad de lo que se recicla. Son datos elocuentes que al reciclar una tonelada de papel se salvan 17 árboles, al recuperar dos toneladas de plástico se ahorra una tonelada de petróleo o bien que fabricar vidrio a partir de material reutilizado representa un ahorro de energía del 44%. Reciclar no solo evita la destrucción del medio, también reduce los costes.

3. Utilizar los puntos verdes para mejorar la calidad del reciclaje

Las pilas, las bombillas y el aceite de cocina usado son tres productos muy contaminantes que necesitan un tratamiento especial. Solo un litro de aceite, por ejemplo, puede estropear un millón de litros de agua potable. Los puntos verdes están destinados a recoger estos productos y, para hacerlos más atractivos, varios ayuntamientos aplican descuentos en la tasa de basura que pagan los ciudadanos si los utilizan. También hay numerosas iniciativas solidarias para dar una segunda vida a las prendas de ropa o a los libros. Pasa lo mismo con los medicamentos, los productos tecnológicos o los juguetes. Aunque algo ya no sirva, es posible que pueda tener una segunda oportunidad.

4. Reutilizar, reparar y adaptar objetos antes que tirarlos

Más conciencia medioambiental, la moda de hacerlo uno mismo — do it yourself— y la crisis económica se han aliado para provocar en los últimos años el crecimiento exponencial de mercados de segunda mano y de intercambio, pero también de los cursillos y de los talleres para aprender a reparar utensilios. Una buena muestra de ello es el programa Reparat millor que nou, que impulsa el Área Metropolitana de Barcelona, pero los ejemplos van más allá. El ahorro de dinero es un factor que ha contribuido a este auge, pero poner en valor los objetos antiguos, simplemente por el hecho de serlo, también se ha vuelto importante. De rebote, eso representa un respiro para el medio ambiente, que de esta forma ahorra recursos y energía.

5. Separar la materia orgánica o, si es posible, hacer compuesto

La materia orgánica en descomposición provoca la emisión de gases contaminantes y genera lixiviados, un líquido muy contaminante. Por este motivo, en 2008 el Govern impuso a los municipios su recogida selectiva —lo ideal sería hacer compuesto casero para el jardín o el huerto, pero poca gente tiene esta posibilidad. Aunque es la fracción que más pesa en la bolsa de basura, se recoge de forma selectiva menos de una tercera parte de la que se genera, y con un porcentaje elevado de impropios. Utilizar bolsas biodegradables es necesario para contribuir a generar un abono orgánico de calidad, uno de los objetivos últimos de este proceso. Así se puede mejorar la calidad de la tierra y se reduce la utilización de fertilizantes químicos.

6. Aislar ventanas y puertas para aumentar la eficiencia energética

El cálculo varía en función del hogar, pero, en general, una vivienda puede ahorrar un 30% de energía con un buen aislamiento térmico. Los puntos débiles por donde se escapa más calor son ventanas, puertas, suelos y techos. El Instituto Catalán de la Energía (Icaen) dispone de numerosa información sobre los diferentes sistemas que hay en el mercado para mejorar la eficiencia del hogar. La idea general es que, en caso de hacer obras, se sustituyan ventanas antiguas por otras de doble vidrio. Además, reservar un espacio en los muros exteriores para colocar planchas aislantes puede contribuir a reducir el gasto energético. Sin llegar a hacer obras, enganchar ribetes plásticos en los marcos de puertas y ventanas es una medida económica e igualmente efectiva.

7. Ajustar la temperatura de la calefacción y del aire acondicionado

Situar la calefacción entre 19 y 21 grados centígrados es suficiente en invierno, y por cada grado que baja el termostato se ahorra un 8% de energía. En caso de salir de casa un rato, puede ser más útil rebajarlo hasta los 15 grados y, eso sí, a la hora de ir a dormir es mejor apagarlo. La ubicación más eficiente de los radiadores para calentar una estancia es debajo de la ventana, y no hay que taparlos con muebles u otros objetos que obstruyan su acción. En verano es suficiente con poner el aire acondicionado a 26 grados. Además, no hay que bajar la temperatura cuando se enciende, porque la vivienda no se enfriará antes. En caso de instalación, es mejor ubicar el aparato en un lugar donde no toque el sol y desde donde haya una buena circulación de aire.

8. Sustituir los electrodomésticos por otros más eficientes

Fijarse en el consumo energético de los electrodomésticos a la hora de comprar uno puede representar un ahorro importante. En la práctica, el coste de los que son de clase A —los más eficientes— se amortiza a lo largo de su vida útil con el pago del recibo de la luz. Limitar el uso de los electrodomésticos menos necesarios, como la secadora, es útil. También lo es poner la lavadora y el lavaplatos solo cuando estén llenos y no a medias. Otro consejo interesante es escoger la medida de la nevera más adecuada a las necesidades personales. El frigorífico representa el 9% del consumo de energía del hogar y su precio de mercado queda superado con el tiempo por la energía que consume: ser eficiente sale a cuenta.

9. Desconectar del todo los aparatos electrónicos cuando no se utilicen

Los aparatos electrónicos tienen un consumo de energía permanente cuando están conectados y en espera —el modo standby— que se acerca a los 1,5 kilovatios al día. Por este motivo, apagarlos con el interruptor propio del aparato y no con el mando a distancia puede evitar un consumo innecesario y, en términos económicos, permitir un ahorro en torno a 50 euros al año. Incluso los cargadores del móvil permanentemente enchufados gastan energía, pero en este caso se trata de una cantidad ínfima, que no supondría más gasto que unos céntimos al año. Sustituir a los tradicionales ladrones por otros que incorporen un interruptor, y mantenerlos apagados cuando no sean necesarios, puede ser una buena estrategia.

10. Poner a hervir el agua justa y utilizar tapaderas para calentarla antes

Utilizar agua caliente multiplica por cuatro o cinco su precio. Más allá de lavar los platos o ducharse, poner el agua a hervir es uno de los procesos más comunes que se utilizan para calentarla. Sobre este punto, es mejor poner a hervir el agua justa que se necesite y no llenar la olla para que después sobre agua. También representa un ahorro tapar el recipiente para acelerar el proceso y facilitar así que se llegue antes a los necesarios 100 grados centígrados. La cocina, de hecho, es un foco donde se concentra buena parte del ahorro potencial de un hogar. Aprovechar el calor residual del horno para acabar de cocinar un alimento, o bien no utilizarlo para descongelar alimentos, por ejemplo, es otra estrategia que va en la misma línea.

11. Reducir el consumo de agua: un tercio del consumo se va por el váter

El lavabo —ducha, pica y váter— es el lugar donde se originan dos terceras partes del consumo doméstico de agua. Actuar en este aspecto asegura, lógicamente, una buena reducción en el consumo. Más allá de la idoneidad o no de utilizar agua previamente potabilizada para utilizarlo, la elección de un váter nuevo con un sistema de doble descarga permite reducir de 10 a 6 litros la cantidad de agua que expulsa, además de modular su intensidad. Otras opciones pasan por introducir una botella dentro de la cisterna que reduzca la capacidad, o bien instalar aireadores en los grifos que hagan disminuir la cantidad de agua que sale de ellos. Parar el agua mientras se cepillan los dientes o se enjabona el cuerpo son dos elementos más de sentido común.

12. Reaprovechar el agua de la lluvia para lavar el coche o regar las plantas

Instalar depósitos de aguas pluviales es una opción que no está en manos de todo el mundo, ya que requiere que la vivienda tenga unas condiciones muy particulares, pero es una opción idónea para regar los jardines o lavar el coche. Los aljibes árabes o las domus romanas ya tenían en cuenta este factor para proveer a las casas, y varios municipios ya hace tiempo que utilizan las aguas freáticas para limpiar las calles. A pesar de ello, todavía deben realizarse algunos pasos, especialmente en el caso de los municipios costeros, ya que el agua de la lluvia que se va por el alcantarillado en dirección al mar será cada vez más valiosa. En una medida diferente, reaprovechar el agua de las piscinas —un golpe libre de cloro— también puede ser útil para el riego.

13. Apagar las luces cuando no se necesitan y renovar las bombillas

Cerca del 7% de la energía consumida en casa tiene que ver con la iluminación. Más allá de sustituir las bombillas por otras de bajo consumo, como las halógenas, puede resultar útil orientar la decoración del hogar para maximizar la claridad natural. Uno de los mitos sobre este punto tiene que ver con los tubos fluorescentes y el hecho de que mantenerlos encendidos es más económico que apagarlos y encenderlos. Un fluorescente gasta más energía en el momento de iluminarse que mientras funciona, pero el proceso solo dura unos segundos y, por lo tanto, no sale a cuenta dejarlos encendidos durante minutos pensando que se ahorra. El encendido continuo sí que reduce su vida útil, pero en una proporción tan pequeña que no compensa.

14. Apostar por operadores eléctricos que fomenten las energías renovables

A pesar del reciente decreto del Gobierno que penaliza el autoconsumo eléctrico y, de rebote, a aquellos que instalen paneles fotovoltaicos, aumentar la generación de energía limpia sin emisiones es una apuesta de futuro que no tendrá freno. En los últimos años han surgido varias cooperativas energéticas que apuestan por introducir más potencia instalada en el sistema proveniente de la energía eólica o solar y, así, asegurar a sus socios que la electricidad que reciben en casa proviene de estas fuentes. Som Energia, surgida en Girona, fue la primera en todo el Estado y, actualmente, ya tiene más de 22.000 socios. Puede ser una alternativa para aquellas personas que no puedan instalar sus propios paneles solares.

15. Tender la ropa al aire libre y lavarla a baja temperatura

Aproximadamente el 85% de la energía que consume una lavadora la utiliza para calentar el agua. Así pues, utilizar programas que funcionen con agua fría, siempre que sea posible, va más allá de evitar que una pieza de ropa pueda desteñir. Reducir la cantidad de detergente, utilizar programas cortos, o bien limpiar de vez en cuando los filtros también permite que este electrodoméstico sea más eficiente. Tender la colada al aire libre y aprovechar el sol y el viento para que se seque, en vez de utilizar una secadora, es otra forma de ahorrar y, además, no estropea tanto la ropa. Las lavadoras de carga frontal acostumbran a gastar menos agua y energía que las de carga superior.

16. Comer menos carne: la ganadería es uno de los principales contaminantes

Dejando de lado los efectos sobre la salud que tiene un consumo excesivo de carne, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ya advirtió en 2013 que la ganadería, con todas las cadenas productivas asociadas, como el transporte de piensos, por ejemplo, supone en torno al 15% del total de las emisiones de efecto invernadero de origen humano. La descomposición del estiércol también emite gases y, especialmente en el caso de los rumiantes, su proceso digestivo genera una gran cantidad de metano —un gas más contaminante que el CO2. Ante un escenario en el que el sector ganadero mundial no deja de crecer, rebajar el consumo que hagamos de carne también puede beneficiar al clima.

17. Consumir más productos de temporada y de kilómetro cero

Cualquier alimento que se encuentre en el supermercado ha viajado, por término medio, centenares de kilómetros. Esta es una de las razones por las que surgió hace tres décadas en Italia la asociación Slow Food. La concienciación social ha ido en aumento y cada vez hay más tiendas e iniciativas que permiten comprar productos de proximidad. Es la mejor forma de reducir las emisiones que genera el transporte. Aunque es posible mirar el etiquetado para garantizar el origen de lo que se compra, es fácil de entender que comer fresas o cerezas en enero no es demasiado lógico. No es solo un tema medioambiental, y es que comprando productos locales se asegura la creación de riqueza en el entorno y se mantiene la actividad del sector primario.

18. Escoger alimentos ecológicos y evitar la comida procesada

El uso de productos químicos para mejorar el rendimiento de las cosechas no ha parado de crecer. Aparte de los problemas ecológicos que puede comportar por el empobrecimiento de la tierra o la contaminación del agua —solo hay que fijarse en el exceso de nitratos en la plana de Vic—, existe el problema añadido de que se trata de productos finitos. Es paradigmático el caso de los fosfatos, un fertilizante esencial para la agricultura y que tiene una distribución muy desigual entre países ricos y pobres. Los alimentos ecológicos, además de tener menos químicos, también garantizan un equilibrio futuro de la cadena alimentaria y originan menos emisiones en su proceso de producción. Ocurre lo mismo con la comida poco procesado por la industria.

19. Beber agua embotellada con moderación

Recomendar dejar de beber agua embotellada es un consejo controvertido. Los que la compran asumen el sobreesfuerzo por una cuestión que consideran sanitaria, y es difícil que renuncien a ello. La realidad, no obstante, es que el agua del grifo es hasta 500 veces más barata y cumple los mismos estándares de calidad, además de superar todos los controles. La diferencia radica en el gasto energético que supone la fabricación de botellas, tapones y etiquetas, además del transporte. Según el sector catalán de envasadores de agua, en 2012 se generaron 1.100 millones de envases —el 90% de botellas y el resto de garrafas—. En caso de consumir, comprar recipientes grandes y reciclarlos sí que son dos consejos preceptivos.

20. Plantar árboles y extremar la precaución para evitar incendios

Los árboles y las plantas son agentes esenciales para luchar contra el cambio climático, porque gracias a la fotosíntesis retienen carbono y limitan la presencia de CO2 en la atmosfera. Cerca del 60% del territorio catalán son bosques, sobre todo jóvenes. Se trata de un porcentaje más elevado que el de otros países vecinos y está en expansión, fruto del abandono rural progresivo. El crecimiento comporta un aumento de la necesidad de agua y es por eso que, más allá de plantar árboles, hay que asegurar una gestión forestal correcta que preserve el mejor funcionamiento posible de estos pulmones. Luchar contra los incendios forestales no solo sirve para preservar este patrimonio, sino que también evita la emisión de más gases.

21. Comprar madera con sellos que aseguren su origen sostenible

La desforestación de las selvas tropicales es uno de los grandes problemas medioambientales del momento, y por eso asegurar el origen sostenible de la madera que se compra es una forma de hacerle frente. Aunque en Cataluña la superficie arborizada no deja de augmentar, el mercado de la madera solo representa un 1,3% del total del volumen de negocio de la industria. Las calderas de biomasa pueden ayudar a revertir la situación y, aunque la quema supone la emisión de CO2, permite compensar la factura de gas y diésel. Asegurar madera de proximidad tiene una aplicación directa estos días: la elección del árbol de Navidad. Reciclarlo después de fiestas permitió el año pasado en Barcelona mejorar la calidad de 3.500 m de parterres.

22. Imprimir solo lo que es imprescindible y por las dos caras del papel

La irrupción de la informática y de Internet debía suponer el fin del papel en las oficinas pero, paradójicamente, se utiliza más ahora que no en la época de las máquinas de escribir. En 2011, por ejemplo, se calcula que a escala mundial se imprimieron 3,09 billones de páginas —con un aumento de un 7,5% en los países emergentes y una reducción de un 5% en los más ricos—. En Cataluña se calcula que la cantidad de papel que se utiliza por persona y día en una oficina es de 35 hojas. Además de fomentar el papel reciclado, hay varias formas de reducir su consumo, como también de tinta: reutilizar el papel, imprimir a doble cara y solo cuando sea necesario y reducir el cuerpo del texto antes de hacerlo son tres ejemplos sencillos.

23. Rebajar el consumo de platos y cubiertos de plástico y servilletas de un solo uso

Una botella y vasos de vidrio para servir el agua en las reuniones, llevar el bocadillo dentro de una fiambrera, servilletas de ropa para las comidas diarias y una vajilla reutilizable cuando se organiza un encuentro más numeroso. A pesar de que los platos, cubiertos y vasos de plástico son muy útiles en determinadas circunstancias, representan un gran ejemplo de lo que supone un consumo poco responsable medioambientalmente, y por eso hay que ajustar su compra. Su proceso de fabricación comporta el gasto de energía y de materias primeras pero, una vez usados, la mayoría de las veces acaban en la basura sin ni siquiera una segunda oportunidad. Los trapos y las bayetas también son más eficientes y tienen más recorrido que el papel de cocina.

24. Reducir los viajes laborales y apostar por las videoconferencias

Según la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), en 2014 la aviación mundial emitió 714 millones de toneladas de CO2, cerca del 2% del total de las emisiones imputables a la actividad humana. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) eleva este porcentaje hasta el 3,5%, pero en lo que coinciden los dos es en que estas cifras crecerán en un futuro, fruto de la extensión de los viajes, quizás hasta comprometer la reducción que haya en otros sectores. Priorizar el tren cuando sea posible, porque no utiliza combustibles fósiles, o bien hacer más reuniones a distancia utilizando las nuevas tecnologías pueden ser dos buenas alternativas para reducir este tipo de desplazamientos.

25. Dejar el coche en casa y priorizar el transporte público y la bicicleta

Después de años en los que la crisis hizo bajar el número de vehículos privados que entran y salen de Barcelona, actualmente la cifra ha repuntado hasta los 876.000 coches diarios, mientras que los diferentes tipos de transporte público en el área metropolitana protagonizan unos 2,5 millones de desplazamientos. El diferencial entre los desplazamientos internos y externos es abismal, porque mientras que dentro de la ciudad la mayoría de la gente se mueve a pie y en metro, el transporte privado gana cuando hay que salir o entrar. La mejora del transporte público es fundamental, pero también hay que aumentar el ínfimo 2% de desplazamientos diarios que se realizan en bicicleta. Al fin y al cabo, los motores de combustión de los vehículos provocan el 40% de las emisiones.

26. Comprar un vehículo eléctrico o compartirlo con otros usuarios

A causa de la situación de precariedad del transporte público en muchos lugares del área de Barcelona, utilizar el coche privado es una necesidad. La extensión del vehículo eléctrico podría paliar esta situación, pero la falta de infraestructuras y el elevado precio que tienen ha hecho que, lejos de los 76.000 que preveía el Govern en 2010, actualmente solo circulen unos 3.100. Fomentar otros vehículos bajos en emisiones o con combustibles híbridos es una estrategia a medio camino, como lo es compartir el desplazamiento con otros usuarios para aumentar la ocupación media del vehículo. Plataformas como Carsharing o BlaBlaCar hace tiempo que funcionan y demuestran que la economía colaborativa tiene recorrido y también es una buena opción.

27. Incrementar el conocimiento para saber qué dice la ciencia

La información es poder, y delante de un escenario en el que hacer previsiones futuras sobre los efectos del cambio climático está sujeto a actualizaciones, elevar el propio conocimiento e informarse sobre qué dice la ciencia es útil para mejorar la capacidad de actuación. Desmitificar el discurso negacionista es imprescindible para evitar que la temperatura suba más de dos grados centígrados con respecto a la era preindustrial, el punto de no retorno que se ha fijado, y más cuando las temperaturas baten nuevos récords cada año y se calcula que ya se ha alcanzado la mitad de dicho aumento. Las investigaciones sobre el cambio climático se han multiplicado, pero contribuir presupuestariamente a su desarrollo también es necesario.

28. Presionar a los gobiernos para que apliquen políticas respetuosas

Las decisiones que tienen más impacto en la lucha contra el calentamiento global, como es el fomento de las energías renovables, necesitan la voluntad política de los respectivos gobiernos. Del mismo modo que la industria del automóvil o el sector petrolero actúan como lobbies, una sociedad organizada que presione a favor del medio ambiente puede dar pie a administraciones más concienciadas. Es cierto que se están dando pasos en la dirección correcta, pero quizás no con la velocidad necesaria, y es en este contexto que el activismo medioambiental gana importancia. Ocurre lo mismo con la forma de consumir, en la que la capacidad de elección de los individuos puede actuar como palanca de cambio.

29. Escoger vacaciones y escapadas que respeten el medio ambiente

La tendencia va en aumento y hace tiempo que los alojamientos que ofrecen vacaciones más sostenibles registran crecimientos. El ecoturismo está en auge y sale a cuenta, como ya demostraba un informe de 2007 del Consejo Asesor para el Desarrollo Sostenible (CADS) del Govern, que recogía diferentes experiencias en el ámbito europeo y remarcaba la utilidad de que las administraciones se implicaran, por ejemplo, en la concesión de certificados. A la hora de viajar al exterior, escoger las opciones más respetuosas con el medio ambiente también es una forma de popularizarlas. Una vez en el hotel, una forma sencilla de velar por el medio ambiente puede ser pedir que no cambien las toallas cada día.

30. Proteger la biodiversidad y preservar las especies en peligro de extinción

Luchar contra las especies exóticas invasoras —cerca de un 15% de las 1.120 especies que se han detectado en Catalunya— no representa una mejora del clima por ella misma, pero la conciencia sobre la defensa de la biodiversidad sí que lo es, como han demostrado los estudios de ecólogos de todo el mundo sobre los beneficios económicos que se obtienen de los ecosistemas que funcionan bien. Además, la defensa de los animales en peligro de extinción está estrechamente vinculada a la defensa de los hábitats en los que viven, porque muchas veces el origen de su regresión es la degradación de dichos lugares. Garantizar la viabilidad del oso pardo en los Pirineos, por ejemplo, es preservar los bosques y las montañas donde viven.

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