Cataluña pone en marcha el primer proyecto para estudiar el declive de las abejas

Se calcula que cada año más del 30% de colmenas muere debido a insecticidas y cambios de temperatura

Juan López tiene 75 años y desde hace 37 años es apicultor. Empezó en el oficio gracias a su padre, que le encomendó la pasión por estos insectos. Actualmente tiene 60 colmenas, habitadas en total por más de dos millones de abejas. Las entiende y sabe cómo tratarlas. Ahora ha puesto su conocimiento al servicio de un proyecto pionero que lleva a cabo la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB): un colmenar experimental, el segundo que se pone en marcha en España, para estudiar el declive de estos insectos, vitales para garantizar el futuro de las cosechas.

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La iniciativa que ha unido la UAB y la Asociación de Apicultores de Barcelona —bautizada como UABee— quiere hacer un seguimiento de cerca de la evolución de las abejas en Cataluña, que son responsables de la polinización de un 70% de los cultivos, pero que están seriamente amenazadas:  se calcula que cada año muere la población de más de un 30% de colmenas a consecuencia de los insecticidas y de los cambios de temperatura. De hecho, los científicos más apocalípticos señalan que, si no se hace nada para revertir la situación, las abejas se podrían extinguir en todo el planeta en 20 años.

Es lo que se conoce como "el síndrome de desaparición de las colmenas", explica Gerardo Caja, catedrático de producción animal de la Facultad de Veterinaria de la UAB que lidera el proyecto del colmenar. Caja culpa de esta situación, principalmente, a insecticidas como los neonicotinoides, unos de los más usados del mundo: "Las desorientan y después no saben cómo volver a la colmena". Otro de los factores de riesgo son los ácaros —como la 'Varroa'— que "les chupan la sangre y hacen que las larvas nazcan enfermas".

El colmenar de UABee tiene seis colmenas monitorizadas, ubicadas en una zona exterior de la facultad. Todos tienen una boca de entrada electrónica y varios sensores de temperatura y de humedad para estudiar el comportamiento de las abejas. Los dispositivos —conectados mediante cableado en vez de wifi para evitar alterar los insectos, que son muy sensibles— permitirán obtener una información muy valiosa:  "Queremos saber cómo se mueven y precisar de qué manera los influyen los factores medioambientales", dice Caja, quien explica que las abejas entran en letargo cuando la temperatura interna de la colmena baja hasta los 14 grados. De hecho, prevén realizar experimentos controlados de cambios de temperatura para analizar la desestabilización poblacional, además de cursos de introducción a la apicultura para principiantes y personal veterinario.

Superar el miedo a las abejas

"El ser humano ha alejado las abejas de su entorno, le dan miedo", reflexiona Pere Montes, otro apicultor implicado en el proyecto. Montes lamenta que las abejas tengan cada vez menos hábitats naturales para instalar las colmenas y defiende que no se trata de ninguna especie agresiva. Por eso, otro de los objetivos del proyecto es acercar las abejas a un entorno más urbano y, sobre todo, a la comunidad universitaria, ya que desde el sector de la apicultura creen que en las facultades no se estudia suficientemente este oficio.

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La legislación actual tampoco ayuda, ya que prohíbe que los asentamientos apícolas se puedan ubicar a menos de 400 metros de centros urbanos, una medida que investigadores y apicultores encuentran "demasiado restrictiva" y que contrasta con el hecho de que el Estado español sea el primer productor de miel de Europa. De hecho, en Francia —donde crían la misma especie, 'Apis mellifera'— hay colmenas en los Jardines de Luxemburgo y en edificios como Notre Dame, donde recientemente las abejas se salvaron de las llamas. Por eso, concluyen los expertos, es necesario un cambio de legislación para proteger estos insectos.

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