Manu San Félix: “En cada inmersión en el Mediterráneo veo cómo va desapareciendo lo que había”

Biólogo marino y explorador de National Geographic

Manu San Félix ve de primera mano el daño que la contaminación, la crisis climática y la sobrepesca están infligiendo al Mediterráneo, “uno de los mares más contaminados y amenazados del planeta”, alerta. Biólogo marino y explorador de National Geographic, San Félix ha observado sus costas y también las profundidades durante tres décadas en miles de inmersiones. Ahora retrata la situación crítica en un documental (Salvemos nuestro Mediterráneo) que se estrenará el 3 de junio, Día Mundial de los Océanos, en el canal National Geographic, y que se ha presentado en la Antigua Fábrica Estrella Damm.

Las imágenes son impactantes: cañerías que vierten aguas no depuradas al mar, contaminación por plásticos abandonados, pérdida de especies. ¿La situación es crítica?

A nivel medioambiental, claramente vamos a peor: tenemos un mar más contaminado y con menos peces. Que hay cada vez más especies en peligro es una verdad como un templo. Pero también hay que ver el lado positivo: tenemos más información que nunca y se palpa y se observa una reacción de la ciudadanía y de aquí viene este documental. Muchos reflexionamos, decidimos que no podemos seguir así y lo queremos transmitir a la sociedad con realismo, no con un mensaje apocalíptico.

Descríbame el Mediterráneo que exploraba hace 30 años y el de ahora.

Siempre he buceado en la misma zona, en Formentera e Ibiza, y tengo una visión nítida de lo que había y que ya no existe. Antes casi en cada inmersión veía los bancos de arena llenos de galanes —peces también denominado raor—, y ahora han desaparecido. También recuerdo la posidonia de mi primera inmersión, en Sa Punta Pedrera (Formentera), que me impresionó por la frondosidad y la salud que desprendía, y que ya no conserva esta exuberancia en muchos puntos aunque juega un papel clave en la lucha contra el cambio climático.

¿Lo que es necesario, entonces, son leyes más valientes, más dureza?

La situación es similar a la que vivimos con el tabaco en su momento. Todos sabíamos que era muy malo, pero fue necesaria una ley que prohibía fumar en los espacios públicos y que levantó mucha polémica; parecía el fin del mundo. Una vez pasado esto, sin embargo, no ha pasado nada y todo el mundo lo ha aceptado e incluso hay fumadores que defienden que es mejor así. El ser humano es gruñón y le cuesta mucho el cambio; este es el punto donde nos encontramos. Hemos sido como niños: el plástico ha resultado tan bueno que hemos empezado a utilizarlo sin pensar. Simplemente, ahora toca sustituirlo y darle las gracias, porque sin él, por ejemplo, el 80% de los hospitalizados todavía morirían de infecciones, no tendríamos la higiene que es necesaria en muchos ámbitos. En otros aspectos, sin embargo, como el de nuestro consumo diario, hay que cambiarlo.

La nueva directiva europea veta muchos objetos de plástico de un solo uso. ¿Se ataca la raíz del problema?

El plástico está en el ranquin de las prioridades a abordar, pero creo que es lo que solucionaremos más rápido porque lo vemos y lo palpamos cada día. Otras cosas serán más complicadas, como los microplásticos, que son el 70% de todo el plástico que hay en los océanos y que proviene de la ropa y el desgaste de los neumáticos de los vehículos. Y esto la gente no lo sabe. El microplástico lo ingerimos, incluso en el agua, y todavía no sabemos los efectos para el organismo.

¿Cuáles son los peligros más inminentes que observa en el Mediterráneo?

El cambio climático es la amenaza más importante y también la sobrepesca. Estamos agotando los recursos, nos encanta comer pescado y no nos paramos a pensar. En España tenemos 8.000 kilómetros de costa y solo el 20% del pescado que consumimos es de aquí. Un 80% viene de fuera, porque hemos agotado el nuestro.

¿En 30 años quedarán gambas de Palamós, por poner un ejemplo?

Yo quiero pensar que sí. Trabajo en un proyecto que se ha propuesto tener el 30% del planeta protegido en 2030 y, si salimos adelante con el Mediterráneo, lo recuperaremos. Detrás de todos los problemas que hemos mencionado, sin embargo, el principal es que somos muchos y el ser humano debe cambiar los hábitos por fuerza. Hay que garantizar que la gente viva mejor en el tercer mundo y que las desigualdades se corrijan. La conservación y la justicia social deben ir, necesariamente, del brazo.

¿Se puede revertir el daño?

El Mediterráneo es como un gran lago que solo se renueva por el estrecho de Gibraltar y todo lo que hacemos en él tiene una repercusión inmediata. Eso también tiene un lado bueno porque todas las soluciones que aplicamos aquí, si funcionan, se podrán trasladar a otros mares y océanos. Tenemos una oportunidad para liderar y empezar la recuperación de estos hábitats.

¿Esta es la idea con la que le gustaría que el espectador se quedara después de ver el documental?

Sí. Tan cierto es que tenemos un problema como que estamos a tiempo de resolverlo.

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