El debate abierto en la OMS sobre los confinamientos evidencia la falta de criterio único contra el covid

El ente rechaza la "inmunidad de rebaño", a pesar del llamamiento que han hecho algunos destacados miembros del colectivo científico

¿Se han acabado los confinamientos totales, a pesar de la explosiva situación que parece que vuelve a vivir Europa? ¿La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha cambiado su aproximación sobre cómo combatir de manera más efectiva la pandemia? Las palabras que este fin de semana pasado ha pronunciado David Nabarro, enviado especial de la organización para el covid-19, así lo sugieren. O como mínimo suponen una modulación del mensaje en relación con los iniciales de la OMS ante lo que ya se puede llamar segunda oleada del virus, sobre todo en Europa.

Con todo, sin embargo, desde la propia dirección general de la OMS también se han apresurado a matizar las palabras de Nabarro. En el mejor de los casos, orden más contraordren garantiza un cierto desorden, pues.

En declaraciones el domingo a la cadena conservadora británica Spectator TV, Nabarro aseguraba: "En la Organización Mundial de la Salud no defendemos los confinamientos como principal medio de control de este virus. La única vez que creemos que se justifica un confinamiento es para darnos espacio para respirar, darnos tiempo para reorganizar, reagrupar, reequilibrar nuestros recursos, proteger a los profesionales de la salud que están agotados, pero en general preferimos no hacerlo". "Los confinamientos solo aumentan la pobreza", añadía, usando también sus redes sociales. 

Veinticuatro horas después, en la conferencia de prensa que dio ayer lunes, por la tarde, desde Ginebra, el director general de la entidad, Tedros Adhanom, coincidía con los planteamientos generales de Nabarro pero recalcaba que, a veces, el confinamiento total es la única solución. "La OMS recomienda encontrar los casos, aislarlos, las pruebas [masivas], la atención compasiva, el rastreo de contactos, cuarentena, distanciamiento físico, higiene de manos, mascarilla, etiqueta respiratoria, ventilación, evitar aglomeraciones. Y reconocemos que, en ciertos casos puntuales, algunos países no han tenido más remedio que emitir órdenes de confinamiento en los domicilios particulares y otras medidas para ganar tiempos. Muchos países han aprovechado este tiempo para desarrollar planes, formar trabajadores sanitarios, establecer suministros, aumentar la capacidad de pruebas, reducir el tiempo de pruebas y mejorar la atención a los pacientes".

Un catálogo completo, por ejemplo, de todo lo que no se ha hecho en la Comunidad de Madrid desde que acabó el estado de alarma de la primavera.

La semana pasada, desde su blog, Nabarro –que afirma que "todavía no hemos pasado lo peor de la pandemia"– ya apostaba por este "camino intermedio" entre los que piden unas medidas estrictas, como las vividas en Wuhan inicialmente o por ejemplo en España durante la primavera, y los que defienden aproximaciones más equilibrada para combatir el virus, que no provoque tantos daños a la economía. 

Coexistencia con el virus

Con el 90% de la población mundial todavía susceptible de ser contagiada de covid-19, según los cálculos de la propia OMS, Nabarro recomienda "aprender a coexistir con este virus de una manera que no requiera constantes cierres de las economías, pero, al mismo tiempo, de una manera que no se asocie a grandes niveles de sufrimiento y muerte". Se trata, apunta, de "contener el virus y mantener las economías en funcionamiento".

Sus reflexiones son especialmente relevantes atendido el creciente debate existente entre priorizar la economía o la salud pública. También son significativas porque, ante el aumento de casos generalizado en Europa, el instinto de los gobiernos puede ser volver a los cierres totales, totalmente insostenibles económicamente a medio o largo plazo.

Pero el camino intermedio que propone Nabarro "requiere un alto grado de organización por parte de los gobiernos y remarcables grados de compromiso para la gente, cosa que se está demostrando bastante difícil en algunos países". Para sacar adelante este plan se necesitan "equipos muy bien organizados de control local de epidemias". "La columna vertebral para controlar siempre estas infecciones es testar, el rastreo de los contactos y el aislamiento", explica. También habla de un segundo factor, la implicación al máximo posible de los actores locales. "La mejor manera de controlar los brotes es hacerlo de manera local, no desde un control central". Y, finalmente, con la colaboración de toda la sociedad y el seguimiento de las medidas ya suficientemente conocidas: distancia física, uso de mascarilla y lavado de manos, y protección de los más vulnerables.

Una declaración polémica

La apuesta del epidemiólogo de la OMS coincide en parte con los planteamientos generales que hacen los firmantes de la declaración de  Great Barrington, que han promovido tres científicos de relevancia mundial: Martin Kulldorff, de la Universidad de Harvard; Sunetra Gupta, de Oxford, y Jay Bhattacharya, de Stanford. En su comunicado apuestan por lo que denominan "protección enfocada", dirigida a los grupos de riesgo, mientras que el resto, especialmente los menos vulnerables, tienen que continuar con su vida como hasta antes del estallido de la pandemia: "Aquellos que no son vulnerables inmediatamente tienen que retomar la vida con normalidad. Medidas sencillas de higiene, como por ejemplo lavarse las manos y quedarse en casa cuando estén enfermos, se tienen que llevar a cabo para reducir el umbral de inmunidad de rebaño. Las escuelas y universidades tienen que abrir para una enseñanza en persona. Las actividades extracurriculares, como por ejemplo los deportes, se tienen que retomar. Los adultos y jóvenes de bajo riesgo tienen que trabajar con normalidad, en lugar de hacerlo desde casa. Los restaurantes y otros negocios tienen que abrir. Las artes, la música, los deportes y otras actividades culturales se tienen que retomar. La gente que se encuentra en máximo riesgo puede participar, si así lo quiere, mientras la sociedad en conjunto disfruta de la protección otorgada a los vulnerables por aquellos que han desarrollado inmunidad de rebaño".

Pero este punto concreto, y aunque no mencionaba directamente la declaración de Great Barrington, ha sido duramente criticado desde la OMS. Una vez más, en la misma conferencia de prensa del lunes en Ginebra, Tedros Adhanom afirmaba: "Recientemente, ha habido algunas discusiones sobre el concepto de llegar a la llamada inmunidad de rebaño dejando que el virus se propague. La inmunidad del rebaño es un concepto utilizado para la vacunación, en el cual se puede proteger a una población de un determinado virus si se llega a un umbral de vacunación. En otras palabras, la inmunidad de rebaño se consigue protegiendo a las personas de un virus, no exponiéndolas a él. Nunca en la historia de la salud pública se ha utilizado la inmunidad de rebaño como estrategia para responder a un brote, y mucho menos a una pandemia. Es científicamente y éticamente problemático".

El debate, pues, está servido, y la prueba de que el mundo apuesta por el equilibrio entre economía y salud es que, a pesar de "la explosiva" situación en Europa, de acuerdo con un tuit de esta madrugada de la doctora e investigadora de la UPC Clara Prats, de momento, en general se apuesta por las restricciones parciales y no por los confinamientos totales. En función de la efectividad de las medidas en el continente que se han activado en las últimas horas y que se activarán, también en Cataluña, habrá que acentuarlas o bien se podrán relajar ligeramente. 

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