PANDÈMIA

Los enfermos de EPOC: el grupo con más riesgo por el covid y los grandes desconocidos

Casi el 22% de los muertos por coronavirus en el Estado sufrían esta enfermedad, que ataca los pulmones

Casi el 22% de los muertos por covid en España sufrían EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), según el ministerio de Salud. A pesar de ser una enfermedad que poca gente conoce, tiene una gran incidencia: según el European Respiratory Journal hay tres millones de casos de EPOC en España y 328 millones en todo el mundo, y es la cuarta causa de muerto en el Estado, puesto que mata a 29.000 personas cada año.

Si en condiciones normales los pacientes de EPOC son un grupo de riesgo -tienen graves problemas respiratorios con ahogos constantes-, el covid todavía los hace más vulnerables: el virus ataca ahí donde son más débiles, los pulmones. Y a pesar de ser personas acostumbradas a no llevar una vida normal, en plena pandemia y, ahora, con la segunda oleada sacando la cabeza, les cuesta todavía más ver la luz al final del túnel.

Olga Fernández es uno de estos casos. Sufre EPOC severa y ha estado seis meses sin salir de casa. Con 59 años, hace poco que le han diagnosticado EPOC, a pesar de que sufre síntomas desde los 35: “Entonces me costaba hacer esfuerzos”. Incluso la ingresaron en el hospital por anorexia porque había perdido mucho peso. Finalmente, le diagnosticaron EPOC en una fase muy avanzada y necesitaba un trasplante de pulmón. Por la falta de peso, sin embargo, no estaba preparada para una operación. La reacción ante esto fue luchar: “Empecé a hacer toda la gimnasia que podía, a comer más, a luchar contra la corriente”.

Ahora, con 20 kilos más, Olga está en la parte más alta de la lista de espera de un pulmón que “le dé unos años de vida más para cuidar a los hijos”. Sobre todo el pequeño, que tiene 13 años y hace poco que ha vuelto a la escuela: “Yo no puedo vivir así, cada día confinan una clase. ¿Y si el virus entra en casa? Seria muy difícil sobrevivir. Tengo un miedo inmenso, sobre todo después de ver que la segunda oleada ya está aquí”, describe.

Para paliar situaciones como la de Olga, desde la Asociación de Pacientes de EPOC (Apepoc) piden “medidas urgentes” -como visibilizar la enfermedad, aumentar su diagnóstico y eliminar barreras burocráticas y económicas al tratamiento-, pero, después de 60 reuniones con instituciones y partidos políticos, la única ley aprobada respecto a los enfermos de EPOC es la exención de llevar mascarilla, que en casos severos provoca ahogos. Un elemento que todavía pone más de manifiesto la dificultad de sufrir EPOC en plena pandemia: salir a la calle sin mascarilla aumenta las posibilidades de contagiarse, pero a la vez llevarla disminuye la cantidad de oxígeno en la sangre.

Sin mascarilla

Javier Gutiérrez, por ejemplo, se presentó a la entrevista con el ARA sin mascarilla: “Me la he puesto y a los diez metros ya me ahogaba”, explica. Llegó acompañado de un generador de oxígeno que lleva en forma de bolsa. “Pesa cuatro kilos”, apunta. Y aunque la máquina pasa desapercibida, el hecho de que no lleve mascarilla capta la atención de mucha gente: “Todo el mundo me mira, a veces me vetan la entrada”.

Javier tiene 60 años y los problemas respiratorios lo han acompañado toda la vida. “No he podido hacer una vida normal. Ni salir, ni hacer deporte, ni en las relaciones. La última pareja, después de tres años, me dijo que no quería pasar su vida con un enfermo”, recuerda. Es por eso que el covid-19 ha significado un obstáculo más en un camino ya de por sí complicado. Javier, sin embargo, no tiene miedo: “Después de ver la muerte de muy cerca, pierdes el miedo. Es muy duro ahogarte una vez a la semana y no saber si sobrevivirás”. No tiene miedo, pero vive preocupado: “Miro por la ventana y veo a personas sin mascarilla, botellones, besos y abrazos”. “Todo el mundo habla de los abuelos, pero nadie de nosotros. Necesitamos medidas, y más después de ver que todavía queda mucho para ganar al virus”, apunta.

Sin renunciar a nada

Iris Valle sufre EPOC desde que nació, ahora hace 31 años. Esto se traduce en una baja capacidad pulmonar y en la prohibición de hacer deporte. Aún así, explica que tiene “una vida normal”. Puede quedar con los amigos, trabajar y lidiar con la enfermedad con muchos medicamentos diarios. Ahora, a pesar del riesgo de coger el coronavirus, Iris no renuncia a nada. “¿Y yo por qué me tengo que quedar en casa?”, se pregunta. “Vengan dos, tres o cinco oleadas, yo seguiré haciendo vida normal, quizás es un riesgo, pero me parece que es más arriesgado no ser feliz”, concluye.

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