CRÒNICA

Fabricando ataúdes sin parar

Una factoría de ataúdes de Barcelona aumenta la producción por el incremento de muertos por el covid

María Carmen Vela trabaja en una fábrica de ataúdes desde hace ocho años, pero a sus amistades les explica que es panadera. “Es que esto de los ataúdes echa para atrás”, comenta para justificar que no explique a lo que se dedica realmente, a pesar de que asegura que a ella le encanta su trabajo.

Se encarga de lo que se denomina “tapizar el ataúd”, es decir, colocar la funda de ropa que cubre el interior de la caja para que no se vea la madera. “Es un trabajo artesanal”, declara mientras tapiza uno. Fija la funda manualmente con una pistola de grapas. Clic, clic, clic, clic... suena cada vez que dispara la pistola, con una cadencia que se mete en la cabeza. María Carmen dice que en los últimos días evita mirar las noticias. Sí, insiste, le encanta su trabajo, pero la pandemia fue demasiada en primavera. Y ahora teme lo peor: que se vuelva a repetir.

La fábrica de ataúdes Eurocoffin, del grupo funerario Mémora, que está al lado del cementerio de Montjuïc en Barcelona, es una de las tres más importantes de España, y ya ha empezado a aumentar la producción porque prevé que la demanda se dispare en las próximas semanas si no se frenan los contagios. Esta vez, justifican, no quieren que los coja el toro. María Carmen es uno de sus 34 operarios –y una de las dos únicas mujeres de la fábrica– y explica que en primavera tuvieron que trabajar cada día de la semana: de lunes a viernes y los fines de semana, sin parar. Así durante un mes y medio. La fábrica entonces triplicó la producción: pasó de hacer 70 ataúdes diarios a fabricar entre 180 y 200.

Acumulación de materiales

Ahora la producción no llega a esas cifras ni mucho menos, pero la fábrica ha empezado ya a hacer provisión de materias primeras, como madera, barnices o las fundas de ropa que coloca María Carmen. “Hacemos los ataúdes con chopo, pino y cedro, y nuestros proveedores son fábricas de madera que también se dedican a hacer muebles y que tuvieron que cerrar cuando se declaró el estado de alarma en marzo porque se consideraba que no eran un servicio esencial”, explica el responsable de Eurocoffin, Miquel Núñez, para justificar la obsesión de acumular materiales. La fábrica también ha llenado al máximo los almacenes de los tanatorios que el grupo Mémora tiene en España. Dispone de más de 140 tanatorios, y en cada almacén caben entre 200 y 400 ataúdes.

En el interior de la fábrica el ruido es ensordecedor: unos operarios pulen los ataúdes, otros les dan color con una pistola de pintura a presión, otros los transportan de un lugar a otro con un toro... El movimiento de “cajas” –como ellos los denominan– es incesante. Las ya acabadas se concentran en el almacén, que es una especie de almacén de Ikea, con estanterías enormes hasta el techo, pero donde en vez de muebles se concentran ataúdes. “Caben hasta mil, pero ahora no está lleno. Ayer salió un camión cargado en dirección a Madrid, otro a Guadalajara, a las islas Canarias...”, comenta Núñez.

“Cuando lo ves por primera vez, resulta chocante tantos ataúdes juntos”, dice Joaquín Gironés, que tiene 60 años y hace 44 que trabaja en la fábrica. Empezó a los 16. Es ebanista y se encarga de pulir y de los acabados de las cajas. Él, a diferencia de María Carmen, no esconde a qué se dedica y mira las noticias: este jueves el departamento de Salud notificó 78 muertos por coronavirus en Catalunya, la cifra diaria más alta desde comienzo de mayo. 

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