ELS EFECTES DEL COVID-19

Una hora de debate con “la generación que no le importa a nadie”

Alumnos de bachillerato lamentan que no se los haya tenido en cuenta y a la vez se los culpe de los contagios

Athos toma la palabra, hacia el final del debate, y sentencia: “Todos hemos podido hacer cosas malas y es injusto que solo nos culpen a los jóvenes cuando nadie hizo ninguna medida pensando en nosotros. Somos la generación que menos daño nos podemos hacer con el virus y por eso somos la generación que no le importa a nadie”. Las palabras de este estudiante de bachillerato del Col·legi Claret de Barcelona resumen bien las opiniones expresadas durante la hora de debate con el resto de compañeros de clase, en el que lamentaron que los políticos no tuvieran en cuenta las necesidades de los adolescentes durante la pandemia y a la vez se los criminalizara por el aumento de los contagios. “Es como si no formáramos parte de la sociedad, como si solo tuviéramos que estar en casa y bastan”, dice.

Los alumnos viven con cierta resignación el momento que les ha tocado vivir. Entienden que no se pueden quejar mucho -son jóvenes, están sanos y no tienen grandes responsabilidades- pero levantan la voz para dejar claro que ellos también tienen derecho a protestar: se quedaron sin ir a clase de la noche a la mañana, acabaron un curso difícil siguiendo como podían las clases virtuales, han pasado meses lejos de los amigos, enganchados a las pantallas, y nadie les ha preguntado cómo están y qué necesitan. Y, encima, dicen, han tenido que sentir que forman parte del colectivo que ha empujado a España a la segunda oleada del virus.

“Los mismos que dicen eso son los que después se fueron todos a una cena multitudinaria”, expresa Lluc, en referencia a la polémica velada en la que coincidieron 150 personalidades de la élite política, empresarial y mediática en Madrid. “Es verdad que hay jóvenes que no lo hacen bien, pero eso no significa que todos seamos igual. Que se busquen otra excusa, porque yo no cambiaré lo que hago. Yo sé lo que hago bien y lo que hago mal”, asegura.

“Todo el mundo critica a los jóvenes”

Los chicos y chicas sienten que son la cabeza de turco. “Cuando hay un problema siempre hay que buscar un culpable y lo hemos pagado los jóvenes”, expresa Andrea, que pone de manifiesto que las “medidas contradictorias” del Govern tampoco han ayudado a su cumplimiento. “¿O es que el virus solo actúa a partir de las 10 de la noche?”, se pregunta, en relación al toque de queda. Laura profundiza en esta crítica: “Todo el mundo critica a los jóvenes y cierran los bares, pero después el transporte público está lleno de gente. El Govern hace las restricciones que le interesan”.

Pere Parés, que es tutor de 1º de bachillerato, dinamiza el debate. Empieza repartiendo unas tarjetas que tendrán que levantar en función de la respuesta. Les pregunta, primero, cómo están y cómo han llevado el confinamiento. Hay bastante división: la mitad ha levantado el color amarillo -es decir, están angustiados- y la otra mitad el color azul -cosa que quiere decir que llevan bien la situación.

Hay argumentos de todo tipo. Helena sufrió por las clases online. “Me costaba seguirlas”, dice. La angustia de Andrea, en cambio, no era tan académica como emocional: “Tanto tiempo conviviendo con las mismas personas y sin salir... ¡Me volví loca!”

El Lluc arrastra todavía los efectos de un confinamiento socialmente devastador: “No entendía nada con las clases online y tenía que llenar todo el tiempo que tenía. Entraba en Insta 240 veces al día y ahora es muy difícil no entrar en Insta 240 veces al día”. Y maldice no hacer nada más que ir de casa a la escuela y de la escuela a casa.

A los jóvenes les ha afectado el cierre de gimnasios y extraescolares, porque eran los lugares donde desconectaban de las obligaciones escolares. “No me siento tan bien porque no puedo hacer deporte”, dice Arnau. Nerea también se ha quedado sin esta vía de escape: “Iba al gimnasio y ahora lo tengo que hacer en casa, pero pienso que es un palo”. Por eso, Laura valora ser un “grupo burbuja” también en las extraescolares. “En casa estás más perezoso y no me apetecería hacer nada, y yo agradezco entrenar porque me sirve mucho para desconectar”.

Tensión con la familia

Athos confirma la teoría de que “cuando no haces nada, tiendes a hacer menos todavía”. Sin extraescolares, él desconecta mirando Instagram. “Y también he descubierto la televisión y la familia”. Ahora bien, pasar 24 horas y 7 días a la semana con la familia no ha sido una experiencia agradable en otros casos. “Nunca habíamos discutido tanto. He descubierto que funcionamos por separado, que no estábamos acostumbrados a estar tanto rato juntos”, apunta Andrea.

Los chicos y chicas del Claret coinciden en tomarse la vida valorando y centrándose en el presente, conscientes de que todo puede cambiar de un momento al otro. “Intento no pensar mucho en el futuro, porque sé que estamos perdiendo unos años de la adolescencia que difícilmente volverán y me da mucha pena”, dice Martina. Nerea remarca las experiencias que el coronavirus les ha quitado: “Nunca volveremos a cumplir 18 años. Obviamente pensamos en lo que está pasando en los hospitales, pero también en lo que nosotros estamos perdiendo”. Jana, si piensa en el futuro, se lo imagina sin el virus, como si todo hubiera pasado.

Y otra coincidencia, antes de acabar: pocos soportarían un nuevo confinamiento. Están agotados mentalmente y emocionalmente. “Yo hice mi trabajo y me quedé en casa. No es mi problema si los que tenían que solucionar la desescalada no lo hicieron”, dice, contundente, Tomàs. Jana avisa de que las restricciones, también las que afectan a los jóvenes, no se han comunicado bien: “Solo nos han dicho que tenemos que hacer esto y no podemos hacer eso otro, pero no nos han enseñado qué pasa si no lo hacemos. No nos han dicho que hay gente de nuestra edad que también ha muerto”. Y deja claro que los políticos tienen derecho a pedir “sacrificios” a la población “solo si ellos hacen lo mismo”. La generación que “no le importa a nadie” tiene las cosas claras. Y quiere hacerse escuchar.

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