Pandèmia

Los laboratorios confían que los tests rápidos los eviten un segundo colapso

La demanda se ha triplicado respecto a la primera oleada y las máquinas trabajan al máximo de sus capacidades

Oliver es contacto estrecho de un positivo de covid-19 y ha estado cinco días confinado en casa sin hacerse la PCR que establece el protocolo de Salud Pública. Una vez hecha, desde su CAP le avisaron que era posible que tardaran algo más de 48 horas en obtener el resultado y notificarle, porque los laboratorios estaban saturados. Concretamente, le dijeron que hasta este martes no lo recibiría, y así ha sido: el adolescente acabó la cuarentena, que es de diez días, antes de confirmar o descartar la infección. La aceleración de la pandemia ha obligado a hacer más pruebas que nunca pero la sobredemanda ha congestionado los laboratorios, que a veces han visto cómo se triplicaba el volumen de muestras diarias a analizar. Ahora casi todos los servicios se han puesto al día, pero todavía hay gente con resultados pendientes y que, por lo tanto, está conociendo sus resultados con retraso.

Los laboratorios consultados por el ARA, todos ellos referentes en el país, advierten que están al límite de su capacidad clínica y que les preocupa no tener bastantes manos ni recursos materiales para asumir el trabajo creciente. Los termocicladores, las máquinas para analizar las muestras de potenciales infectados, funcionan las 24 horas del día, los siete días a la semana, y este uso intensivo colapsa y, incluso, estropea los robots.

"Ahora tenemos unos tiempos de respuesta de máximo de 24 horas pero no podemos garantizar que esto se siga cumpliendo la semana que viene o ni siquiera esta semana", explica Mireia Canal, la directora técnica del Laboratori de Referència de Catalunya. Este centro analiza las pruebas de los hospitales comarcales y buena parte de los centros de atención primaria de las zonas más litorales del país, desde Blanes hasta Tortosa, pasando por Mataró y Barcelona. 

"Tenemos unos tiempos de respuesta de 24 horas pero no podemos garantizarlo para la semana que viene"

Mireia Canal,  directora técnica del Laboratori de Referència de Catalunya

El mismo Departament de Salut admite algunos retrasos puntuales en la notificación de los resultados de las pruebas diagnósticas y lo atribuye a la sobrecarga de los laboratorios. Solo entre el 18 y el 31 de octubre se han hecho un total de 529.277 pruebas en Catalunya, de las cuales un 11,7% fueron positivas. Las PCR, y por lo tanto el análisis a los laboratorios, representan el 90% de los diagnósticos.

El laboratorio del Hospital Vall d'Hebron, que sirve a un gran número de ambulatorios, fue uno de los más afectados por la eclosión de la segunda oleada hace quince días. Los resultados de las pruebas hechas entre el 19 y el 23 de octubre se facilitaron entre el viernes 30 de de octubre y este martes 3 de noviembre. Según explican fuentes del Vall d'Hebron, los procesos ya están normalizados, pero el servicio de microbiología ha tardado 15 días en dar respuesta a algunas pruebas. "Las muestras atrasadas ya se han procesado y volvemos a dar resultados en 24 horas, como máximo 48 horas", aseguran.

Positividad de las PCR

Porcentaje de resultados positivos respecto al total de pruebas hechas (dato diario) 

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Los antígenos funcionan  

El Laboratori de Referència de Catalunya ha triplicado las pruebas que hacía semanalmente en la primera oleada: ha pasado de las 5.000 a las 15.000. Y tanto el Vall d'Hebron como el Germans Trias están haciendo entre 5.000 y 6.000 al día. "La semana pasada, cuando se colapsó el sistema, llegamos a un pico de hasta 7.000 muestras diarias", explica el director clínico del hospital badalonés, Ignacio Blanco. El microbiólogo atribuye esta bajada de 2.000 análisis al hecho que la consejería de Salud  haya congelado los cribajes masivos y haya implementado el test rápido como prueba de diagnóstico, también entre sintomáticos. "Pero vamos al máximo igualmente", matiza.

La priorización temporal de los tests de antígenos a las PCR tendría que dar un respiro a los laboratorios, coincide Salut. Catalunya está en fase de mitigación, lo cual significa que la transmisión comunitaria es tan potente que es casi imposible hacer seguimiento de las cadenas de contagio. Ahora cualquier persona puede estar infectada. "Cuanto más se propaga el virus y más casos hay en la comunidad, menos probabilidades de error y, por lo tanto, más fiabilidad tienen los tests de antígenos", afirma el coordinador de la unidad de seguimiento del covid-19, el doctor Jacobo Mendioroz.

52.764

tests rápidos, el 71% en Barcelona y el área metropolitana

Los microbiólogos consultados confían que esta técnica evite nuevas saturaciones en sus laboratorios. "Los tests de antígenos seguro que nos ayudarán, a pesar de que no se puede olvidar que la PCR es la prueba de referencia. Iremos como hasta ahora, semana a semana, mirando si podemos asumir la demanda actual", explica Canal. 

Desde su implementación progresiva, que se inició ahora hace tres semanas, se han hecho 52.764 tests rápidos. Con todo, estos recursos no se han repartido de forma uniforme en el país: solo en la ciudad de Barcelona (con 15.844 pruebas hechas) y en los municipios de las áreas metropolitanas norte (14.271) y sur (7.413) se han hecho el 71% de los diagnósticos rápidos. En las comarcas gerundenses se han hecho 4.214; en la Catalunya Central unas 3.624; en Tarragona, 2.886, y en Lleida 2.816. En cambio, en las Terres de l'Ebre solo han hecho 1.108 y en Alt Pirineu y Aran, 395.

Salut deja de hacer PCRs a los contactos de positivos y apuesta por los tests de antígenos

Blanco también celebra la implementación de los tests rápidos a la primaria porque "evita que lleguen muestras de personas con síntomas que son claramente positivas". Aunque recuerda que los antígenos no tienen la misma sensibilidad que las pruebas moleculares, el director clínico del Germans Trias asegura que con enfermos con síntomas tiene muy buenos resultados. Un estudio en el que ha colaborado un equipo de este centro badalonés confirma que también funciona a buenos niveles en el caso de los enfermos asintomáticos, a pesar de que con reservas y nunca como estrategia principal de detección.

"Con los asintomáticos o, por ejemplo, si se quiere hacer un buen control en las residencias, habrá que valorar qué pérdida de sensibilidad aceptamos. La mejor opción sería garantizar estrategias de repetición, es decir que se puedan repetir los tests una vez a la semana o cada dos semanas para recuperar la pérdida de sensibilidad", detalla Blanco. Hasta el momento, en los geriátricos se han hecho el 3% de los tests rápidos del país, unos 1.500 en total.

Uso intensivo de stocks y robots 

Con todo, la gran cantidad de pruebas por analizar no es el único motivo por el cual se atrasan los tiempos de respuesta. Los microbiólogos advierten que cada vez es más complejo acceder a los reactivos y que los proveedores también están en riesgo de agotar el stock. "No nos hemos podido proveer adecuadamente este verano porque los fabricantes tampoco tenían reactivos, y ahora también nos encontramos con problemas de acceso a materiales fungibles y básicos como pinchos, pipetas, etiquetas. Todas estas cosas, que usamos todos los centros y que son esenciales, empiezan a escasear", señala Canal. 

Tanto el  Laboratori de Referència de Catalunya como el servicio de Microbiología del Hospital Germans Trias y Pujol de Badalona, así como otros muchos, han optado por la diversificación de proveedores para tener más margen de maniobra, como ya hicieron en la primera oleada. Es decir, que si un fabricante agota el stock, los laboratorios pueden hacer pedidos a otro con productos compatibles o usar termocicladores de otras marcas.

"Esta estrategia, que prácticamente usamos todos los laboratorios, nos da oxígeno. Pero esto es como un dominó: si cae una pieza, caemos todos", advierte Blanco. El microbiólogo explica que su laboratorio –que analiza una gran parte de las pruebas recogidas al área metropolitana norte– intenta tener, como mínimo, stock para tres semanas. Pero también pueden haber errores tecnológicos: algunas máquinas, sometidas a una actividad incesante las 24 horas del día, empiezan a fallar, como le pasó al Vall d'Hebron. "Esto puede pasarnos a todos", insisten el resto de laboratorios, que se ven reflejados y temen que también les pueda ocurrir.

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