PANDEMIA

Tremp sigue en estado de 'shock'

La residencia de ancianos Fiella ya suma 45 muertos, un recuento siniestro que no se para

Familiares y amistades de una persona muerta por coronavirus en la residencia Fiella escuchando el responso que el padre Joan Antoni Mateo rezaba ante el vehículo fúnebre en el cementerio de Tremp el pasado miércoles. / SANTI IGLESIAS

Un operario del cementerio de Tremp se saca del bolsillo un trozo de papel donde hay varios números apuntados en bolígrafo. “A ver, hoy toca el 497, el 467 y el 20”, dice leyendo el papel. Se refiere a los números de los nichos donde ese día se dará sepultura a nuevos difuntos. “Mira que hace años que trabajo aquí y nunca había visto nada parecido”, comenta el hombre con un gesto de desaprobación mientras se dirige a uno de los nichos. Nunca había enterrado a tantos muertos en tan poco tiempo, y nunca los difuntos provenían todos de un mismo lugar. La residencia Fiella se ha convertido en la casa de los horrores: 130 de sus 143 abuelos se contagiaron de coronavirus, y 45 han muerto desde el 19 de noviembre, tres ayer mismo.

En la entrada del cementerio se arremolinan los familiares y las amistades de la primera difunta a la que se dará sepultura, Antònia Castells, de 90 años, que apenas hacía dos meses y medio que estaba en la residencia Fiella. Su hija, Pepita Vigo, se muestra compungida: “Me da la sensación de que la he llevado a la muerte antes de tiempo -comenta-. Algo se ha escapado, Salud tendría que haber estado más encima”.

Ningún ‘mea culpa’

A la ceremonia asisten una docena de personas por eso de evitar aglomeraciones en tiempos de pandemia. La oficia el rector de Tremp, el padre Joan Antoni Mateo, que es también presidente de la Fundació Fiella, propietaria y gestora de la residencia que ya suma tantos muertos. Con todo, no sale de su boca ni un  mea culpa, ni un “estamos investigando”. Nada, a pesar de que la Generalitat ha abierto un expediente sancionador a la residencia y la Fiscalía de Lleida ha iniciado diligencias. El cura se limita a leer el responso de menos de cinco minutos de pie ante el vehículo fúnebre donde está el féretro de la señora Antònia, se despide con las típicas frases de pésame que se pronuncian en todos los funerales, y se va. Cuando los operarios del cementerio todavía están acabando de tapiar el nicho, los familiares del siguiente muerto en la residencia que se enterrará ese día ya esperan en la entrada del cementerio.

“Ahora se encarga Salud [de la residencia] y nosotros no queremos decir nada”, es lo único que esta periodista consigue arrancar al padre antes de que desaparezca del cementerio. El cura se remite también al comunicado que la Fundació Fiella hizo público el 3 de diciembre, que básicamente dice que la residencia lo ha hecho todo bien: “Ha observado todos los protocolos sanitarios de seguridad, incluida la sectorización”, afirma literalmente el escrito.

La Fundació Fiella es una entidad religiosa vinculada al obispado de Lleida. Aparte del rector de Tremp, el vicario general del obispado de Urgell y representante personal del copríncepe episcopal de Andorra, Josep Maria Mauri Prior, forma parte de su patronato. Y la residencia que la fundación gestiona es el geriátrico de referencia en las comarcas del Pirineu de Lleida. Está en Tremp, en un antiguo convento justo al lado del Hospital Comarcal del Pallars. Visto desde fuera, el edificio, de tres plantas y fachada de color salmón, no parece nada del otro mundo. Desde el vestíbulo, sin embargo, se ve un bonito claustro. La escalera que sube a la primera planta está acordonada y un trabajador aparece por un pasillo vestido con uno de esos monos de protección de color blanco que cubren de pies a cabeza y que se han hecho tan habituales desde que empezó la pandemia.

El 19 de noviembre se detectó el primer caso de coronavirus en la residencia: un trabajador dio positivo en un cribaje rutinario que atención primaria hizo al personal del centro, según explicó en rueda de prensa el jueves la gerente de las regiones sanitarias de Lleida y del Alt Pirineu y Aran, Divina Farreny. Al día siguiente se hicieron pruebas PCR a todo el personal y a todos los residentes, y los resultados fueron aterradores: 6 trabajadores y 51 de los 143 abuelos dieron positivo.

Ancianos mezclados en el centro

“A partir del 23 de noviembre atención primaria hizo visitas diarias. Todavía no se había acabado la sectorización de los positivos ni los traslados a la zona roja, ni se habían creado circuitos diferenciados”, explicó Farreny en la comparecencia pública. En definitiva, que abuelos con coronavirus y abuelos no infectados continuaban mezclados. Si era así cuando ya se había declarado el brote en la residencia, ¿cómo debía de ser antes, a pesar de que el comunicado de la Fundació Fiella asegura que los abuelos estaban divididos en sectores para evitar el contagio?

Tampoco se habían diferenciado las zonas sucias de las limpias, ni se hacía un tratamiento adecuado de los residuos, ni se transportaba correctamente la ropa contaminada, enumeró también Farreny. Las deficiencias se mantuvieron en las visitas posteriores que hizo el personal de atención primaria al centro, y el 25 de noviembre se volvieron a hacer pruebas PCR a todos los ancianos. Si los resultados ya habían sido malos antes, cinco días después fueron de horror: 24 trabajadores más y 120 abuelos dieron positivo.

Tres días después, el 28 de noviembre, la Generalitat intervino la residencia. Entonces ya se habían registrado 10 muertos y el cómputo macabro no ha hecho más que aumentar día detrás día: ayer ya había habido 45 defunciones. Ahora el Govern ha adjudicado la gestión del centro a Gestión de Servicios Sanitarios, una empresa pública adscrita al Servicio Catalán de la Salud y que está presidida por Joan Ramon Saura Aranda, que curiosamente es delegado diocesano de tiempo libre en el obispado de Lleida, según informa la Conferencia Episcopal en su página web. O sea, está vinculado al obispado de Lleida, del mismo modo que la Fundació Fiella.

El poder de la Iglesia

“Esta gente tiene mucho poder y Tremp es un pueblo”, afirma una vecina del municipio refiriéndose a la Iglesia católica. “Y yo no quiero tener problemas y quiero seguir viviendo aquí”, añade para justificar que no alertara de los hechos, a pesar de que, asegura, ella y otros en Tremp conocían las deficiencias de la residencia. Su madre está ingresada y tiene coronavirus. Pero ella prefiere pedir un favor aquí y un favor ahí para conseguir ayuda para su madre. Tremp, capital del Pallars Jussà, solo tiene 5.800 habitantes. Todo el mundo se conoce, y es posible mover hilos.

Y es así. Lo preguntes a quien lo preguntes en la calle, casi todo el mundo dice que conoce a alguien en la residencia. De hecho, entre los vecinos corre una lista por WhatsApp que detalla los nombres y apellidos de los difuntos que se suman cada día al siniestro recuento. “Yo tengo a mis tíos en la residencia. Son asintomáticos pero psicológicamente están fatal. Están encerrados en la habitación y dicen que eso es un cementerio porque cada día muere alguien”, comenta Núria, que espera su sobrina a la puerta de la Escola Maria Immaculada. Otros aseguran que el brote en la residencia marcará un antes y un después en Tremp, y que los ancianos que no se mueran de covid se morirán de pena. “Yo lo que no entiendo es que no hayan confinado Tremp. Aquí todos nos conocemos y tenemos alguna relación con la residencia”, afirma Manu Gómez, que también espera a la puerta de la escuela.

Lo que sí se ha hecho, en cambio, es clausurar los parques infantiles. Todos están acordonados y con un cartel que dice: “Este espacio permanecerá cerrado hasta nuevo aviso”. También se han cerrado todas las equipaciones deportivas, la Escuela de Música y el espacio cultural La Lira, donde se hace teatro y cine. “Todas estas equipaciones son seguras pero incitan a la movilidad y queríamos que la gente se quedara en casa”, aclara por teléfono la alcaldesa de Tremp, Maria Pilar Cases. La semana pasada también se hizo un cribaje masivo y se hará otro la semana que viene.

Roser Oms está sentada en la parada de autobuses de Tremp. Tiene cara de cansada y dice que no ha tenido un buen día. Se ha levantado a las cinco de la mañana para ir en autobús de Barcelona a Tremp para visitar a su madre, que también está ingresada en la residencia Fiella y tiene coronavirus. Ella no vive en Tremp ni es originaria del pueblo, y no parece saber nada de las deficiencias en la residencia, pero dice que no le ha gustado lo que ha visto ese día.

“Me he encontrado a mi madre sentada en la silla muerta de frío. La han dejado solo con la camisa de dormir, sin bata ni nada -se queja-. Y tenía sed. Se ha bebido cuatro vasos. Nunca la había visto beber tanta agua”. La gerente de las regiones sanitarias de Lleida y del Alt Pirineu y Aran admitió el jueves en la rueda de prensa que continúa faltando personal en la residencia que se encargue de cosas tan básicas como lavar y dar bebida y comida a los abuelos. Roser está a punto de coger el autobús de vuelta a Barcelona. Dice que irá otra vez a Tremp dentro de dos semanas y que sabe que su madre se tiene que morir un día. Pero pide una cosa: “Que no sufra y que esté muy cuidada”.

Cronología de una tragedia

19 de noviembre

Se detecta el primer caso de coronavirus en la residencia Fiella: un trabajador da positivo en un cribaje rutinario de atención primaria al personal del centro.

20 de noviembre

Se hacen pruebas PCR a todo el personal y todos los residentes. Seis trabajadores y 51 de los 143 abuelos dan positivo.

23 de noviembre

Salud primaria hace visitas diarias a la residencia y detecta que se continúa sin separar a los abuelos con coronavirus de los no contagiados y no se siguen los protocolos adecuadamente.

25 de noviembre

Se vuelven a hacer pruebas PCR a todo el personal y residentes. 24 trabajadores más y 120 ancianos dan positivo.

28 de noviembre

La Generalitat interviene la residencia y da la gestión a la empresa pública Gestión de Servicios Sanitarios.

11 de diciembre

La cifra de muertos en la residencia llega a 45, y 89 residentes continúan con coronavirus.

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