Daniel López: "Si no se toman medidas ya, vamos directos al colapso otra vez"

Entrevista a Daniel López, miembro del grupo de investigación en biología computacional y sistemas complejos de la UPC

El incremento del número de casos de covid-19 en toda Europa preocupa a los expertos. En un informe hecho público este lunes, el grupo de investigación en biología computacional y sistemas complejos de la Universitat Politècnica de Catalunya (Biocom-SC) definía la situación actual como una "segunda explosión" del coronavirus. Daniel López es uno de los integrantes de este grupo. 

¿Por qué afirman que, más que una segunda oleada, Europa se encuentra ante una "segunda explosión" del covid-19?

Porque el crecimiento de los últimos días ha sido muy importante en muchos países. Se puede hablar de oleada, pero también de tsunami o de explosión. La velocidad de propagación tendría que ser más pequeña que 1, pero tenemos valores que dan mucho miedo: en la República Checa, que además tiene una incidencia altísima, es de 1,5, y en el Reino Unido es de 2. La situación ha ido creciendo, pero de repente en pocos días se ha convertido en una situación de muy alto riesgo. Y los países están reaccionando, pero si no se toman medidas inmediatamente, vamos directos al colapso otra vez.

¿Cómo se ha llegado a este punto?

La causa fundamental es que hasta que la cosa no ha sido explosiva la gente no ha reaccionado. El ejemplo sería Madrid: ya hace mucho tiempo que tenía una situación francamente mala, pero hasta que no se ha hecho inviable del todo no se han tomado medidas. En muchos países el crecimiento ha sido suave y hasta que no se ha disparado no se han despertado. Todo el mundo miraba a España y decía "mira qué mal lo hacen", pero ya hace semanas que avisamos de que Francia y el Reino Unido perseguían a España. Entre los países grandes, Polonia, Italia y sobre todo Alemania son los que han demostrado más habilidad en la gestión. Angela Merkel tiene claro que tiene que tomar medidas enseguida, sin esperar que la cosa avance y haya salido absolutamente de control, que es la opción inteligente: la economía se salva si conseguimos mantener una situación epidemiológica razonable.

¿Hay margen todavía para parar esta explosión?

Se puede parar, porque en marzo y en abril tuvimos una situación peor y la paramos, pero el coste social y económico del cierre que hicimos entonces es muy duro. Tenemos que evitar llegar a esta situación, con medidas que reduzcan al máximo la movilidad y el contacto social. No sabemos cuándo tendremos la vacuna, quizás dentro de un año y medio. Por lo tanto, tendremos que convivir con el virus durante un tiempo muy largo, y tenemos que conseguir reducir la incidencia para que sea sostenible, es decir, que la gente que está trabajando en asistencia primaria y en salud pública no se agoten, no se rindan. En Catalunya habría que reducir la incidencia por debajo de los mil casos diarios, y ahora estamos en 1.500 o 2.000.

¿Cómo se puede conseguir eso?

Las medidas se tienen que orientar claramente a reducir la interacción social, y para eso hay diferentes herramientas. La última sería el confinamiento domiciliario, pero antes hay muchas otras: fomentar el teletrabajo, regular el ámbito comercial... Son cosas que ya hemos vivido, y se trataría de recular. Evidentemente también prohibir reuniones de más de seis personas, pero sería importante que hubiera una vigilancia cierta en este sentido: hasta ahora hemos estado muy relajados, y en cambio en Italia han sido más duros en la vigilancia y ahora están mejor que nosotros. Habría que ser algo más rigurosos.

Medidas como el cierre de bares y restaurantes, como han hecho algunas ciudades europeas, ¿son efectivas?

Se tiene que avanzar en esta dirección, porque son espacios donde hay mucha interacción social. Y se tienen que evitar las fiestas ilegales. ¡Pero es importante que las familias entiendan que por el hecho de ser familiares no se libran de transmitir el virus! Una buena parte de los contagios son intrafamiliares.

El Govern ha pedido a las universidades dar clases a distancia, pero las escuelas se mantienen abiertas con normalidad. ¿Tienen sentido estas medidas?

A los niños y los jóvenes los tenemos que proteger del virus, pero también de los efectos del virus, y la escuela es un elemento muy importante. Además, hemos comprobado que la escuela es segura, no hay brotes: es posible que haya menos transferencia de virus si los chicos están dentro de las escuelas que si están en la calle. Con las universidades estaríamos en una situación parecida, pero hay dos diferencias: los alumnos son mayores de edad y hay más capacidad de dar clases a distancia. Además, los universitarios son de la franja de edad compleja, con la cual hay que trabajar. En las universidades los contagios serán pequeños, porque siguen las normas, pero fuera de las universidades vete a saber qué hacen. Por lo tanto, reducir la movilidad de los universitarios tiene que ser beneficioso.

Después de superar la primera oleada, en la primavera, ¿nos hemos relajado demasiado?

Hicimos un esfuerzo bestial, con un coste social y económico bestial, y cuando tuvimos los beneficios los desaprovechamos, tanto la administración como la población. Por dos razones: el sistema de asistencia primaria y salud pública no estaba preparado, y la población se relajó absolutamente. Otros países que habían tenido situaciones parecidas a la nuestra, como Italia, hicieron una apertura más progresiva y con una vigilancia muy dura, y su evolución ha sido mucho mejor que la nuestra.

¿Ha echado de menos más coordinación a nivel europeo?

Quizás habría sido bueno diseñar un sistema de medidas para tomar las decisiones con rapidez, pero es absolutamente imposible. Sólo hay que ver el caso de Madrid: si no se pueden poner de acuerdo en una comunidad autónoma, imagínate a nivel europeo!

Este martes la Unión Europea ha acordado elaborar un mapa de riesgo de rebrote por regiones con unos criterios compartidos. ¿Puede ser útil esta medida?

Que se reconozca que la situación es grave es un paso para tomar medidas. Yo lo que no puedo entender es la batalla por defender la economía olvidándose de la epidemia. Esto es una obviedad: economía y epidemia van juntas: si una va mal, la otra también. Es más rentable económicamente frenar que olvidarse de la epidemia.

¿Los indicadores que han definido la UE para determinar el nivel de riesgo en cada región son razonables?

Me parecen razonables, sí. Y es evidente que tendremos la mayor parte de Europa en rojo.

La UE ante la segunda oleada: mapa de colores común pero restricciones a la carta

De todas maneras, la UE no ha pactado qué medidas hay que tomar en función del nivel de riesgo de cada región. ¿Sería importante llegar a un acuerdo en este sentido o tiene una cierta lógica que cada estado decida por su cuenta en función de sus particularidades?

De hecho, se podrían definir unas recomendaciones que tuvieran en consideración las características de cada lugar, porque tampoco hay tanta diversidad de situaciones. Hay factores muy importantes, como la densidad de población y el tamaño del área metropolitana, pero sí sería viable hacerlo. Pero, viendo la facilidad que tienen para llegar a acuerdos, cuando lo hagan ya se habrá acabado la pandemia. También estaría bien que el ECDC [Centro Europeo de Control y Prevención de Enfermedades] elaborase esta tabla independientemente de los países: quizás eso haría que los estados tuvieran que dar la cara. Pero es delicado, porque una cosa son las decisiones epidemiológicas y otra las decisiones sociales y económicas.

¿Cerrar las fronteras tendría que ser una medida prioritaria, aunque vaya en contra de uno de los pilares de la UE como es la libre circulación de personas y mercancías?

Cerrar fronteras es una buena medida si tienes un país con alta incidencia y otro con baja incidencia. Si las incidencias son parecidas, no es muy trascendente. Ahora mismo, por ejemplo, no sería inverosímil que Italia dijera: "No quiero que entren españoles". Los estados lo ven como un insulto, pero tendría que ser más natural: si quiero proteger a la población, tengo que evitar que me llegue un flujo de gente con alta incidencia. No tendríamos que ver como un drama el hecho de cerrar alguna frontera en algún momento.

Teniendo en cuenta este escenario de "segunda explosión", ¿cómo cree que estaremos dentro de unas semanas?

Siendo honestos, un pronóstico a 15 días vista no se puede hacer, porque depende del comportamiento humano, de las decisiones políticas... Lo que está claro es que, si no actuamos correctamente, la explosión nos hará daño en todos. Estamos en un crecimiento desbocado y hay que pararlo. En Cataluña vamos en la buena dirección: íbamos desbocados pero cuando entró Josep Maria Argimon de secretario de Salud Pública hubo un cambio, ¡le tendremos que hacer un monumento! Consiguió pararlo, pero no consiguió recular, y el objetivo tiene que ser recular. Yo confío en que en Catalunya saldremos adelante, pero no nos servirá de nada si en Aragón o en Francia tienen una incidencia muy alta: nuestros vecinos también tienen que ir por el buen camino.