El día que los republicanos españoles liberaron París

Durante años la historia francesa ha marginado a los combatientes de La Nueve

El 24 de agosto del 1944, cuando pasaban pocos minutos de las nueve de la noche, La Nueve, una unidad de unos 160 hombres, la gran mayoría españoles e integrados en la 2ª División Blindada del general Leclerc, llegó a la plaza de Ayuntamiento de un París ocupado por los nazis. Fueron los primeros. Muchos otros españoles, que habían perdido la guerra en España, apoyaron a los parisinos para combatir en las calles y organizaron barricadas en la red de metro y en las catacumbas de la capital francesa. Aquellos guerrilleros de La Nueve habían salido de los terribles campos de concentración que había en el norte de África y habían estado luchando por toda Francia -los solían poner en primera línea de fuego- contra el ejército de Hitler. La mayoría de hombres de La Nueve tenían menos de 20 años cuando fueron a luchar para defender la República. Por lo tanto, cuando llegaron a París llevaban ocho años combatiendo.

La euforia de aquellos días de agosto no significó para ellos el final de los combates. "La gente nos vitoreaba, corrían a nuestro lado, lloraban, aplaudían, saludaban, cantaban ... Cuando les decíamos que éramos españoles no se lo creían", recordaba Fermín Pujol en una entrevista en el libro 'La Nueve: Los españoles que liberaron París', de Evelyn Mesquida. Continuaron luchando en Alsacia, liberaron Estrasburgo y l legaron hasta el mismo búnker de Hitler. "Algunos compañeros se llevaron objetos, sábanas, juegos de ajedrez ... Yo no me llevé nada. Teníamos la esperanza de seguir luchando en España. Nos lo habían prometido", recordaba Pujol.

Pero España continuaría están bajo una dictadura 40 años más. De los 144 españoles registrados en La Nueve antes del desembarco en Normandía, al final de la guerra sólo quedaban 16 de vivos. Casi ninguno de ellos volvió a España. El escritor Jorge Semprún denunciaba que fue la voluntad de afrancesar la Resistencia: "Los unos y los otros marginaron el papel de los extranjeros que lucharon con ellos. La participación extranjera se fue borrando de la memoria colectiva". En los últimos años, sin embargo, se les ha ido haciendo pequeños homenajes. El próximo 24 de agosto se les recordará con una ceremonia ante la placa dedicada a José Barón Carreño y otro acto en el jardín dedicado a La Nueve cerca del Ayuntamiento de París. El capitán que los dirigía, Raymond Dronne, los describió sobre todo como hombres libres: "No tenían espíritu militar, eran incluso antimilitaristas, pero unos soldados magníficos, guerreros valientes y experimentados. Realmente eran unos combatientes de la libertad".

"Los franceses nos ponían en primera línea de fuego"

Lluís Martí Bielsa (Aragón, 1921) nunca ha dejado de batallar. Con 98 años ha querido asistir a los actos que se han hecho para conmemorar la liberación de París, pero sigue siendo muy crítico con la forma en que los franceses trataron a los republicanos españoles. Ha sobrevivido a muchos infiernos: pasó por los campos de Argelès, de Agde, Barcarès y Sant Cebrià. Formó parte de las compañías de trabajo y de la Resistencia francesa, y después de la ocupación alemana de Francia lo detuvieron y lo hicieron subir a un tren con destino a Dachau, pero se bajó antes de que arrancase. "Vi que la puerta delantera del tren estaba abierta, aproveché que muchos pasajeros de otro tren de Berlín salían, me confundí entre la gente y me fui". Afortunadamente, la chica que vendía los billetes le dio una mano y lo dejó pasar. Tomó el pelo a los nazis y volvió a España de forma clandestina en 1946. Lo detuvieron y lo torturaron durante los seis años que estuvo encarcelado en la Modelo, en Ocaña y Burgos. Conserva una ironía que quizá le ha ayudado a sobrevivir. No quiere que su historia se borre. Su hija me enseña la dedicatoria que le escribió a las primeras páginas de su autobiografía, 'Uno entre tantos. Memorias de un hombre con suerte' (El Viejo Topo): "Para mi hija no es necesario que piense demasiado en la dedicatoria. Fue pensando en ella que me determiné a escribir. No creo que me haya equivocado".

Para mí, que venía de campos de concentración, compañías de trabajadores, trabajos clandestinos ..., entrar en París fue como despertarme de una pesadilla Lluís Martí Bielsa

Bielsa explica que ya tuvo que luchar de pequeño para poder estudiar. "Me quería formar", dice. Recuerda que cuando los rebeldes intentaron el golpe de estado en Barcelona, él y su hermano iban a bañarse en el mar: "Las balas silbaban y vimos [su casa estaba en la calle Castillejos, en la parte montañosa a de Barcelona] como los soldados se deshacían de los oficiales porque no querían seguir la rebelión. En nuestro azotea instalaron una ametralladora". Tenía tan sólo 15 años cuando estalló la Guerra Civil, pero convenció al alcalde de barrio para que falsificara los papeles y pusiera que tenía más de 20 años. Sin embargo, su cara de niño no engañaba, y no le dejaron ir al frente. En 1937 se incorporó al 32º grupo de la Guardia de Asalto. Hizo guardia en las cárceles, en el muelle de la Fusta de Barcelona, en el muelle del Carbó ...

El 24 de enero de 1939 estaba en Barcelona. Estaba angustiado por la familia y quiso ir hasta su casa, pero ya se habían ido todos. Se escapó por los pelos de los fascistas y huyó a Francia. No tiene muy buen recuerdo del paso de la frontera: "Nos trataron como bestias", explica. De allí lo encerraron en el campo de Argelès. Dormían en la arena y no les dieron qué comer ni beber durante 15 días. La vida, sin embargo, da muchas vueltas, y allí reencontró a su padre: "Escuché su nombre cuando lo dijeron por megafonía. Fui corriendo, él creía que yo estaba muerto", explica. Sin embargo, Bielsa decidió que no se podía quedar allí: "No podía estar en un lugar como aquel con mi padre, era un peso que él no podía soportar. Veía como cogía comida de su desayuno para dármelo. Tenía que irme", explica. Después vino Agde, bacará y Sant Cebrià. Pasó por tres campos en seis meses. Ni siquiera había cumplido los 18 años. "Ir a trabajar por las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) era la única manera de no morirse de hambre", dice. Cuando los alemanes entraron en Francia en junio de 1940, los trabajadores españoles que estaban en las CTE pasaron a formar parte del ejército.

"Los alemanes ocuparon Francia prácticamente sin obstáculos, porque pasaron de largo de la inexpugnable Línea Maginot. Los republicanos españoles se integraron en el ejército, pero yo era demasiado joven para ser movilizado", dice. Bielsa pasó a trabajar para la Resistencia francesa escondiendo guerrilleros hasta que fue a París, donde hacía sabotaje a los camiones alemanes que, en teoría, debía arreglar. La capital francesa le fascinó: "En París nadie se siente extraño, todo el mundo tiene un lugar. Familiarizarte con esta ciudad es lo mejor que te puede pasar. Para mí que venía de campos de concentración, compañías de trabajadores y trabajos clandestinos, de labrar tierra sin caballos ni tractores, de vendimias y de siegas, la entrada a París fue como despertarme de una pesadilla ", recuerda.

Pusieron los españoles en primera línea y luego resultó que molestábamos. Había 2.000 hombres armados y organizados, un ejército integrado totalmente por españoles, y eso les preocupaba Lluís Martí Bielsa

Se salvó de poco de terminar en Dachau, pero los nazis lo volvieron a llamar. "Recibí una notificación de la Gestapo que decía que si no me presentaba en 24 horas me detendrían. Me presenté y les dije que no me escapaba porque trabajaba para ellos y que nadie arreglaba tan bien las bombas diesel como yo. Los convencí", asegura. Cuando salió de allí continuó haciendo sabotaje arreglando motores de la Luftwaffe. "Hay que ver cómo se puede manipular la historia -explica, indignado-. Hubo muchos españoles que aquel agosto entraron en París. Combatientes voluntarios improvisamos barricadas de resistencia para controlar la red de metro y las catacumbas, los guerrilleros españoles habíamos estado combatiendo por toda Francia y después nos querían enviar a Berlín, donde muchos murieron. Nosotros queríamos ir a España y no nos ayudaron".

Bielsa sigue enfadado por la forma en que los abandonaron. "Pusieron los españoles en primera línea y luego resultó que molestábamos. Había 2.000 hombres armados y organizados, un ejército integrado totalmente por españoles, y eso les preocupaba". Los franceses no ayudaron a recuperar España, pero Bielsa sí cruzó clandestinamente la frontera para intentar echar a Franco. Sobrevivió a pesar de pasar por algunas de las peores cárceles de la dictadura. En la cárcel de Ocaña se replanteó muchas cosas, encerrado en una celda de castigo que consistía en un agujero en el suelo, sin luz. Pero nada de todo ello le hizo perder el espíritu combatiente.

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