UN AÑO DEL ACCIDENTE EN LA PETROQUÍMICA

El sumario de la explosión de Iqoxe revela déficits materiales y de seguridad

Dos auditorías anteriores hechas por el sector químico ya advertían de errores en la planta que había que corregir

Bomberos remojando la planta después de la explosión / TJERCK VAN DER MEULEN

¿Qué cadena de hechos provocó la explosión mortal en Industrias Químicas del Óxido de Etileno (Iqoxe) el 14 de enero de 2020 en la Canonja? Con un balance de tres muertos, ocho heridos, pérdidas millonarias, descoordinación institucional y alarma entre la población, la investigación judicial sigue abierta. Las conclusiones provisionales apuntan a los delitos de imprudencia grave con resultado de muerte, lesiones, daños y contra el derecho de los trabajadores.

El ARA ha tenido acceso a parte del sumario, donde constan declaraciones de los trabajadores y dos auditorías hechas por Dow y Repsol en las instalaciones de Iqoxe que evidencian falta de personal y deficiencias en seguridad. También aparece una comunicación de Protección Civil sobre la denegación del Plan de Autoprotección (PAU) en 2013, 2016, 2017, 2018 y 2019 por no haber superado los informes técnicos, aunque la compañía sostiene que, a pesar de que no estuviera homologado, siempre ha tenido uno vigente.

Hasta ahora se habían hecho públicos dos informes sobre las causas técnicas de la explosión, uno del Instituto Químico de Sarrià, por encargo de Iqoxe, y otro de la consultora DNV, por encargo de la Generalitat. Los datos cruzados ayudan a entender mejor cómo llegó a explotar la unidad Uno3100, inaugurada en marzo de 2017 con seguridad de última tecnología. La sala de control, que aprovechaba un edificio antiguo, se hundió sobre el jefe de planta y el contramaestre, y, además de lamentar estas dos muertes, también se destruyeron todos los datos que contenía.

El sumario recoge el testimonio de trabajadores que aseguran que la unidad oscilaba demasiado en temperatura y presión cuando fabricaba MPEG. Por eso, “los operarios tenían que hacer uno o dos by-pass para poder hacer la reacción” y los cerraban “si se acordaban”. Un by-pass, según los expertos consultados por el ARA, es como un atajo manual para saltarse pasos de un proceso automatizado. Un portavoz de Iqoxe ha confirmado al ARA que a las tres de la tarde del día de la explosión se había hecho un by-pass en el momento de carga del óxido de etileno que se había cerrado después, y remarca que la reacción entre los productos había tenido lugar. Es decir, que ya se había fabricado el MPEG-500.

La instrucción judicial también reconstruye cómo una compañía sin ninguna experiencia en fabricar este producto vio una oportunidad para abrir mercados y expandirse. “Acallará las quejas de producción”, dejó anotado en una libreta el jefe de planta en agosto de 2018. El primer cliente interesado fue una empresa suiza, y el segundo una multinacional del polígono químico de Tarragona. De las comunicaciones internas se desprende que los ingenieros buscaban una fórmula de MPEG-500 apta para los dos clientes, y si podía ser para más, mejor. Finalmente, empezaron a fabricar el nuevo producto en junio de 2019.

Una cadena de anomalías

Ese 14 de enero podía ser un día cualquiera en la planta, pero coincidieron una serie de anomalías. La primera es que habían fabricado seis lotes de 25 toneladas, pero el séptimo lote tenía que ser de 20,5 toneladas a petición del cliente. Esto implicaba cambios en la receta, pero el servidor ya daba problemas y no la dejaba cargar. Así consta en las órdenes de trabajo del día 14. Este documento recoge qué hay que arreglar, dónde y quién lo tiene que hacer, y ese día la unidad concentraba 13 órdenes. Once no eran urgentes, pero dos se tenían que corregir “inmediatamente”. Hasta aquí el problema del servidor. La segunda circunstancia tiene que ver con la bomba P3132, que, según consta en el sumario, se estropeaba a menudo. Ese día, sin embargo, la que iba mal era la P3152. Pero por un error involuntario alguien tecleó 3132 cuando hizo la orden de trabajo. Esta confusión es irrelevante porque ninguna de las dos bombas era crítica en cuanto a la seguridad, según el informe del IQS. Sin embargo, el detalle ayuda a dibujar el ambiente de trabajo, que todavía suma dos anomalías más: un trabajador llegó veinte minutos tarde -lo cubría un compañero- y el jefe de supervisión se fue media hora antes porque tenía que ir al dentista.

El día a día normal, según recoge el sumario, ya era de presión, con operadores que no llegaban a todas partes y que “aprovechaban el inicio de la reacción para comer o para ir al baño”. El personal de derivados sufría, además, “exigencias cuantitativas, ritmo de trabajo, exigencias emocionales y doble presencia”, según un informe de factores psicosociales hecho por la propia empresa. Toda esta presión, según declaró un trabajador, comportaba accidentes laborales. De hecho, a partir del 2014, la mutua incrementó en un 800% las asistencias de todo el personal.

Un portavoz de Iqoxe sostiene que la plantilla es suficiente y que está por encima de las cifras que marca el convenio. En cuanto a los testimonios negativos, los atribuye a trabajadores eventuales despedidos en diciembre de 2019 y a preguntas dirigidas de la policía judicial.

El sumario consigna estos despidos, que comportaron una huelga de 24 horas como protesta. Ese diciembre se prescindió de seis trabajadores, la mayoría de la planta de derivados, cosa que implicó la reducción de un trabajador por turno. Una auditoría de calidad hecha por Repsol a Iqoxe en noviembre de 2018 ya avisaba: “En todas las entrevistas realizadas por los diferentes departamentos se evidencia una clara falta de recursos, tanto materiales como especialmente humanos”. Y aseguraba: “A menudo los comentarios son «No tengo tiempo», «No hay personal suficiente»”.

Otra auditoría de seguridad, hecha por Dow a mediados de enero de 2019, concluyó que “no se hace un seguimiento de las acciones y tampoco son validadas adecuadamente”, y señalaba que no se podían evaluar los “escenarios de los peores casos en la infraestructura”. La compañía sostiene que estas dos auditorías no se centraban en la planta de derivados donde se produjo el accidente.

Mientras tanto, todavía hay muchos vacíos para saber las causas técnicas de la explosión, que fue tan potente que un trozo de la parte inferior del reactor, de 800 kilos de peso, salió disparada como un misil, voló 2.400 metros hasta impactar contra un bloque de pisos del barrio de Torreforta y mató a un vecino que estaba en su casa. El IQS parte de la base de que el óxido de etileno no puede causar una reacción tan violenta y por eso apunta que la explosión tuvo lugar cuando el producto final ya se había elaborado y se descompuso térmicamente hasta que explotó. Esta conclusión, que es la que la empresa da por buena, no tiene precedentes registrados, de forma que el informe concluye que fue “una reacción química repentina, inesperada e imprevisible por desconocida”. En cambio, DNV apunta que el óxido de etileno sí podría ser la causa del incidente. Se remite a un accidente similar registrado en Zwijndrecht (Bélgica), en el que, como en el caso de Iqoxe, también se generó una bola de fuego con incendios y daños importantes debido a la metralla y la ola expansiva. DNV hace notar, sin embargo, que ha sufrido muchos vacíos de información y recomienda un tercer informe.

Expertos consultados por el ARA coinciden en la necesidad de este tercer trabajo. Así, el catedrático emérito de ingeniería química Francesc Castells ha comparado los dos estudios. A su entender, los dos equipos tendrían que poner los datos en común para “tener una visión más completa del accidente y poder dirimir mejor las responsabilidades”. Castells recuerda que, en seguridad industrial, “ningún accidente es totalmente imprevisible”.

Por su parte, Iqoxe sostiene que ha facilitado todos los datos solicitados y asegura que vería con muy buenos ojos este tercer estudio, que podría pedir el juez como peritación independiente.

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