FOTOGRAFÍA

La Barcelona que fue borrada por la Via Laietana

Una exposición recupera las fotografías de las calles y edificios derribados hace más de un siglo

Hay calles estrechas donde juegan los niños. Mujeres reunidas en torno a una fuente pública. Vecinos que asoman la cabeza por ventanas donde prácticamente no llega la luz. Comercios de importación, de flores, de vestidos hechos a medida, de comestibles donde se venden tomates canarios. Carros en la puerta, obradores y talleres, patios de antiguos palacios, terrados con palomares y sillas solitarias. Todo desapareció hace más de un siglo, se borró con pico y pala para abrir la Via Laietana de Barcelona. El derribo empezó el 10 de marzo de 1908, pero pocos días antes un grupo de fotógrafos documentaron los últimos días de la vida en los barrios de la Catedral, la Ribera, Sant Pere, Santa Caterina y Sant Cugat del Rec. La mayoría de estas fotografías no habían salido de la cámara oscura desde 1913, pero ahora vuelven a ver la luz en la exposición “La ciudad de los pasajes. Antes de la Via Laietana ”, que puede visitarse hasta el 31 de octubre en el Archivo Fotográfico de Barcelona.

“Algunas de estas fotografías se mostraron en la exposición sobre la Via Laietana que se hizo en el Museo de Historia de Barcelona en 2001, pero no se habían visto en su totalidad desde 1913, cuando Francesc Carreras Candi hizo una exposición en el Palacio de las Bellas Artes, y nos deberíamos preguntar el motivo —reflexiona Jordi Calafell, quien ha comisionado la exposición con Rafel Torrella—. Provocan cierta incomodidad, porque los vecinos fueron desalojados sin muchas garantías democráticas”. Las imágenes, sin embargo, no recogen disturbios ni protestas ni la angustia de los vecinos que tuvieron que marcharse. Hay cierta distancia entre fotógrafo y fotografiados, y se rezuma nostalgia por unos pasajes a punto de desaparecer. No hay documentos que recojan una oposición a la reforma urbanística, pero muchos barceloneses fueron desplazados lejos del centro de la ciudad y otros, como Francesc Cambó, ganaron mucho dinero con la construcción de esta nueva vía urbana. La Via Laietana fue también una operación especulativa, un proyecto urbanístico ya pensado por Àngel Baixeras en el Plan de reforma de 1878, pero que no pudo concretarse hasta marzo de 1908. “Si miramos las fotografías desde la contemporaneidad, podemos construir un contrarrelato a la versión oficial que se dio de la apertura de la Via Laietana”, dice Calafell.

Meses antes de que los obreros con carros cargados de picos y palas empezaran los derribos, la Unión de Artistas presionó al Ayuntamiento para que hiciera algo para preservar la memoria de aquella parte de Barcelona. Se decidió convocar un concurso de fotografía y de dibujo y se documentaron los derribos y los posibles disturbios. Las bases del concurso se publicaron el 20 de febrero y el material debía entregarse antes del domingo 3 de mayo a la una del mediodía. “La colección del concurso está integrada por más de 600 fotografías: es el único registro fotográfico masivo de aquel territorio desaparecido”, asegura Torrella. Los autores de las imágenes son Adolf Mas, Narcís Cuyàs, Miquel Matorrodona y Josep Pons, y hay dos autorías atribuidas, Carles Passos y Joan F. Rovira.

El Archivo Fotográfico de Barcelona también guarda cerca de un centenar de fotografías de Timoteu Colomines, un funcionario municipal que documentó los derribos.

Cuando la cultura fue víctima de la represión

Las dos caras de la inauguración

Las fotografías se han visto poco pero, en cambio, los dibujos costumbristas de Dionís Baixeras, galardonado en el concurso en el apartado de dibujo, han sido más visibles. Incluso se recogieron en un libro publicado por la editorial Aymà en 1947. El día de la inauguración de las obras también está documentado. En una imagen se ve al rey Alfonso XIII con Antonio Maura y el alcalde de Barcelona, Domingo Sanllehy, ante el número 71 de la calle Ample.

En realidad, sin embargo, el derribo empezó en muchas otras calles. La prueba es otra imagen en la que aparecen los obreros cargados con sus herramientas. “Al fin y al cabo son las imágenes del final de una época, del final de la Barcelona ochocentista y el inicio de la Barcelona metropolitana”, concluye Calafell. Aquella ciudad que cambiaba de piel y de alma también se sublevaba, y en verano de 1909 estalló la Semana Trágica.

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