TRAGÈDIA A BADALONA

"Este ayuntamiento y el anterior y el de antes del anterior conocían la existencia de la nave quemada"

Entrevista al síndic defensor de la ciudad de Badalona, Armand Soler

Armand Soler es el síndic defensor de Badalona, una figura presente en una cuarentena de municipios catalanes que tiene como principal objetivo la defensa de los derechos de la ciudadanía en la administración local, la más cercana a la hora de prestar servicios pero también de ser objeto de quejas. Recientemente, el Foro de Síndics subrayaba la obligación de los ayuntamientos de empadronar a todos los residentes y alertaba que la pandemia ha llevado al límite a los servicios sociales. 

El alcalde Albiol habla de conflictos entre los vecinos de la nave afectada y los de los pisos del barrio. 

En la sindicatura solo hemos recibido tres o cuatro comentarios, y lo expreso así porque nunca fueron más que comentarios y no se formalizaron en quejas. En uno de estos comentarios se expresaba cierta confusión y malestar por el ruido y molestias que provocaban las entradas y salidas de personas en la nave, y en otro se referían al hecho de que vecinos de la nave cogían agua de una fuente pública. Ninguno fue motivo de una intervención por parte nuestra.

¿Se sabía públicamente que la nave estaba ocupada?

Hace muchos años que estas personas están en Badalona y todo el mundo sabía que esta nave existía. Y ahora me alegro que todo el mundo se solidarice y se mueva para ayudar, pero durante años nadie ha hecho nada. Todos los partidos tienen derecho a sacar réditos políticos, pero la figura del síndic no se puede instrumentalizar para atacar a los adversarios políticos. La situación viene de lejos y esta administración y la anterior y la de antes de la anterior conocían este problema, y, pese a alguna intervención, lo cierto es que no se ha resuelto.

¿Qué podía hacer el Ayuntamiento que no haya hecho?

La solución a esta imparable situación no se puede orquestar a nivel municipal sino que hace falta un cambio real de políticas de la Unión Europea para que estas personas no tengan la necesidad imperiosa de marcharse de sus países. Hace falta que desde la UE se generen políticas de desarrollo socioeconómico. También un cambio de la administración estatal, que tiene la competencia de regularizar a estas personas. Son personas que desde el punto de vista de documentos no existen. Solo tenemos que pensar en cómo en el primer momento del incendio 60 personas huyeron y desaparecieron de la escena. ¿Quién se va corriendo cuando su casa se quema? Huyeron porque tienen miedo a que los repatrien y les envíen al lugar de donde se han ido, y tener que volver a repetir la ruta migratoria. 

Sin este cambio real de paradigma, los ayuntamientos solo podrán desplegar medidas de carácter reactivo, más parecidas a la caridad y al intento de evitar por la fuerza la presencia de estas personas, y no medidas proactivas. Así que responder con este carácter reactivo ante la incomodidad vecinal es la posición equivocada, y, con las nuevas precariedades, no sabemos si dentro de un tiempo seremos nosotros los que ocupamos las naves. Nosotros hemos insistido en nuestra recomendación de que se normalice el padrón, porque estas personas no tienen ninguna otra manera de mejorar su situación, si no tienen papeles. Hace unos años me dijeron que todo aquel que no está en un ordenador, no existe. Y es verdad. Si no tienen un documento que les avale como personas, ¿cómo creemos que les podrán atender y se podrá normalizar su situación?

¿Hay una suma de responsabilidades que son fracasos?

Es evidente que es una suma de fracasos. Los rescatados del Open Arms en el Mediterráneo central son los mismos que después viven en Badalona, corren ante la Guardia Urbana en Plaça Catalunya o son desalojados de la estación de Sants. No desaparecen. Y si Barcelona les centrifuga, estas personas pasarán irán a otros lugares más pequeños, y cuando puedan volverán a las grandes ciudades porque creen que tienen más posibilidades de sobrevivir que en un pueblo pequeño. Lo que es evidente es que la situación no se soluciona levantando vallas. Los movimientos migratorios son imparables y ahora, mientras estamos manteniendo esta conversación, seguro que hay personas que se están ahogando. Es una vergüenza, porque muchos de los que se mueren no saldrán en las estadísticas, que solo recogen los muertos que se encuentran, el resto no existen.

¿Los mensajes de xenofobia están calando en Badalona?

El covid ha alterado las condiciones de muchas familias que hasta ahora nunca habrían imaginado que dependerían de los servicios sociales, y es fácil que se alimenten de creencias que la gente que viene de fuera les perjudicará. ¿Qué podemos esperar cuando la situación es tan grave y los recursos son escasos? Odio, porque se están impregnando de desesperación y decepción. Tenemos que ser capaces de ver qué hay detrás de estas muestras de racismo. Es posible que los vecinos de los alrededores de las naves tengan sensación de inseguridad, y que sean víctimas de pequeños robos, pero nos tenemos que sacar la venda de los ojos y saber que a estas personas no se les deja mucho espacio para sobrevivir. Y pensamos que muchos o todos envían dinero a casa.

Los residentes de la nave ocupada ya se han distribuido por otras naves.

Está claro, esta gente no desaparecerá, se van a otras naves, en Badalona o donde sea. ¿Creemos que porque la Guardia Urbana les persiga o les eche, desaparecerán? Son personas arraigadas, que hablan castellano y que con mucha precariedad sobreviven y se sienten afortunadas en comparación con los amigos y familiares que dejan en sus países. Han tardado años en llegar a Europa y han pasado por el desierto, por Libia, donde les han extorsionado, robado, violado, esclavizado, y han visto la muerte. Y cuando hablan con los suyos desde la ilusión y la fantasía relatan una historia de éxito.

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