La industrialización acelera el riesgo de sequías extremas

Los periodos sin lluvia son cada vez más largos y persistentes y serán más extremos en el futuro

Que la actividad humana, expresada sobre todo a través de la emisión de gases de efecto invernadero procedentes de la industrialización, está afectando al clima parece una evidencia difícil de contradecir. El grado de afectación y cómo se proyecta en el futuro todavía está sometido a controversia. No obstante, las pruebas se acumulan. La última se presentó este miércoles en la revista 'Nature'. Un trabajo dirigido por Kate Marvel, investigadora del NASA Goddard Institute for Space Studies, de Nueva York, evidencia por primera vez el impacto de la combustión indiscriminada de combustibles fósiles en el transcurso del siglo XX en la aparición de fenómenos de sequía en diferentes partes del planeta. La conclusión no puede ser más alarmante: el cambio climático está provocando sequías cada vez más largas y persistentes. Y esto no parece que tenga que cambiar en un futuro inmediato.

1900-1949 Aumentan las sequías

El crecimiento progresivo de las emisiones de gases de efecto invernadero se asocia con un aumento de las sequías. La actividad industrial y la automoción, principales responsables

El trabajo dirigido por Marvel reúne casi 200 años de historia. Se remonta a la etapa preindustrial, a mitad del siglo XIX, y recorre de forma exhaustiva todo el siglo XX y se adentra en los pocos años que llevamos de siglo XXI para tratar de hacer prospectiva. Su análisis describe con claridad tres periodos clave, todos en el siglo XX y todos referidos siempre a los periodos de sequía. El primero que identifica corresponde a la primera mitad de siglo, de 1900 a 1949. Las sequías se hacen evidentes y tienden a progresar, a hacerse más severas. Aparece después un periodo contradictorio en el que estos fenómenos son menores y de menos severidad. Marvel lo atribuye a la creciente emisión de aerosoles. La tendencia cambia a partir de 1975, el tercer periodo, cuando decae la influencia de los aerosoles y se acelera la presencia de sequías cada vez más largas e intensas. La tendencia se mantiene en lo que llevamos de siglo XXI.

1950-1975 El efecto de los aerosoles

El crecimiento de los periodos de sequía se interrumpe. Coincide con una mayor exposición a los aerosoles, que influyen en la formación de nubes y en la disminución de la capa de ozono

Para establecer los tres grandes periodos, la investigadora de la NASA ha combinado técnicas consideradas de uso universal en el estudio del clima. Una especialmente relevante es el llamado 'índice de humedad del suelo', PDSI en sus siglas en inglés. En esencia, consiste en analizar los anillos de los árboles para visualizar periodos de más o menos crecimiento. La técnica está considerada un “estándar en los estudios climáticos”, señala Marvel. A través de los anillos se puede captar si el árbol se desarrolla o progresa con más o menos intensidad. El crecimiento está vinculado al nivel de humedad del suelo y, por lo tanto, a la capacidad de absorber más o menos nutrientes.

1981-2019 Las sequías se disparan

Las sequías son más duraderas y persistentes. No hay suficientes datos para establecer una relación causa-efecto, aunque el aumento de temperaturas global podría ser la causa

Los anillos suelen corresponder a los años que tiene el árbol. Si el año ha sido lluvioso y la temperatura adecuada, el árbol crece más. Sin embargo, la técnica tiene limitaciones si lo que se pretende es analizar áreas o regiones de grandes dimensiones, como lo sería un subcontinente. Obviamente, esta limitación, que no existe para áreas reducidas, se hace prácticamente insalvable si la escala es planetaria. Una segunda limitación son los cambios climáticos regionales que suelen estar condicionados por la orografía del terreno, las características del paisaje u otros factores de origen natural y que influyen en la formación de nubes o la orientación de los vientos. Todo en conjunto establece condiciones climáticas regionales sometidas a sus propias dinámicas.

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La forma de compensar las limitaciones son los llamados 'atlas de sequías', básicamente enormes bases de datos donde se recogen área por área las condiciones asociadas a una sequía. Es del análisis de estos datos que pueden establecerse series temporales de donde sea posible “evitar los ruidos” causados por la variabilidad natural del clima y evaluar los cambios introducidos por la actividad humana.

Un atlas mundial

El estudio de Marvel y sus colaboradores publicado en 'Nature' permite componer un atlas mundial del riesgo potencial de sequías y su evolución temporal en el transcurso del siglo XX. El mapa muestra “tendencias”, puntualiza Marvel. Y las tendencias son claras: el sur de Europa, especialmente la cuenca mediterránea, es el que está sometido a un riesgo más elevado de sequías “más largas y persistentes”, según los autores, en este lado del Atlántico. La península Ibérica, Italia, Grecia y también Turquía son las áreas más expuestas, aunque el riesgo se extiende a buena parte del centro de Europa. En el otro lado del Atlántico el riesgo es más importante desde Centroamérica hasta el sur de los Estados Unidos. Gran parte de este país, por no decir todo, presenta una exposición moderada en una proyección que llega al año 2100.

Con respecto a los periodos previos, y vistas las series temporales, de las etapas preindustrial y la primera fase de la industrialización —desde mitades del siglo XIX hasta el año 1900—, los datos estudiados no aportan valores significativos. En cambio, de 1900 a 1949 se observa cómo la prevalencia de periodos de sequía experimenta un crecimiento casi lineal. Los autores atribuyen este fenómeno al incremento progresivo de la emisión de gases de efecto invernadero.

En el siguiente periodo, que los autores establecen entre 1950 y 1975, la prevalencia de sequías disminuye. La investigadora de la NASA lo atribuye a la acumulación de aerosoles procedentes de la actividad industrial. Los aerosoles podrían haber interferido en la formación de nubes y, por lo tanto, en más pluviosidad. Pero, por otra parte, habrían contribuido de forma decisiva a generar y agrandar el agujero en la capa de ozono a nivel troposférico.

La última etapa arranca en 1981 y se extiende hasta la actualidad. Los datos no ofrecen una “explicación robusta” a lo que se está observando, advierte Marvel. Y lo que se está observando es que la prevalencia de sequías se está acelerando y que cada vez son más severas, es decir, más prolongadas en el tiempo y más intensas. Si la tendencia se confirma, las áreas expuestas en todo el mundo deberían hacer frente a cambios sustanciales que afectarían a la actividad humana.

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