La gran desconexión (digital) del verano

Abandonar el uso de redes sociales es una desintoxicación parecida a un 'spa' de drenaje emocional

"Hola. He decidido desconectarme de las redes sociales. Dejaré de explicar qué hago, qué siento y qué pienso en mi perfil digital. Os lo diré de palabra. Buscadme por las calles". Este es el mensaje que una usuaria de Facebook publicó en su muro a principios de verano. Y no es la única. "En 2010 empecé el reto de desintoxicarme de las redes un mes seguido, en agosto, y desde entonces lo mantengo, porque comprobé que no pasaba nada si no estaba pendiente de correos y 'WhatsApp' por unos días; todo lo contrario: me sentía más descansada en septiembre", explica la psicóloga Maria Mercè Conangla. Así pues, "la desconexión digital sería similar a un spa de drenaje emocional", añade Conangla. Los únicos estímulos que entran por los ojos y por la mente son los vividos por uno mismo. Es sentirse vivo de verdad sin que interfiera la pantalla.

Decidir desconectar de la vida digital se puede plantear como una medida personal de control de la dependencia de las tecnologías. "Podemos comprobar si nos desequilibra o nos genera ansia el vacío" provocado por no actualizar Instagram, Twitter, Facebook o las conversaciones de WhatsApp.

Para ello, se pueden programar una serie de desconexiones cada año, una de las cuales en verano. El tiempo mínimo serían quince días, según aconseja el psicólogo Jaume Soler, coautor junto con Conangla del libro 'Ecología emocional para el nuevo milenio. El arte de reinventarse a uno mismo'. "El ordenador deberá usarlo sólo como máquina de escribir, sin conexión a internet y sin revisar correos, y el móvil tenerlo apagado [o sin las aplicaciones] y sólo comprobar las llamadas de vez en cuando", continúa explicando.

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A partir de ahí, el siguiente paso es ser consciente de las actividades a que dedicamos el tiempo liberado."Podemos sufrir el síndrome de abstinencia tecnológica si sentimos la necesidad de actualizar los estados de las personas que seguimos y si pensamos constantemente si alguien nos debe haber escrito nada para WhatsApp", dice Jaume Soler. El reto es difícil, porque actualmente las conversaciones orales están rellenas de lo que se ha visto hacer o decir a los compañeros (y a los famosos) en las redes sociales. Y también porque "en el mundo de las redes sociales hemos creado un inconsciente colectivo intangible que tiene mucho peso social", comenta Soler.

Por el contrario, si encontramos maneras creativas de estar con nosotros mismos y con las personas que nos rodean; si hacemos nuevas actividades, si dejamos de estar en el sofá mirando el móvil y leemos libros o revistas o si sencillamente practicamos un deporte, es evidente que dominamos nosotros las redes sociales, y no a la inversa. "Mirar, escuchar, observar los pequeños detalles, respirar hondo, notar los cambios de luz cuando pasa el día y detectar los sonidos que nos llegan será un escáner emocional que nos conectará con la serenidad", afirma Conangla.

Educar en la desconexión

Por su parte, la psicóloga Estefanía Carreño sostiene que es difícil recomendar hacer 'detox' digital, porque justamente "las personas que más necesitan hacer desintoxicación no son conscientes de ello o no son capaces de hacerlo, porque tienen dependencia". Además, considera que tampoco hay que "demonizar al mundo digital", porque "forma parte de nuestra vida cotidiana, y no dejará de formar parte de ella", afirma Carreño. Por consiguiente, la psicóloga cree que "lo que hay que hacer es una buena formación y educación en su uso, y esto incluye tanto tanto mayores como pequeños".

"Hacer un mal uso de la tecnología es dejar los móviles y las tabletas a los pequeños cuando se come (y también permitir que los adultos las utilicen durante las comidas)", remarca Carreño. Hacer esto equivale a perder la sociabilidad de las comidas, cuando se crean vínculos entre la familia y los amigos en unos momentos en que se suele hablar de la comida y de cómo prepararla o, en general, de la vida. De hecho, la cocinera Carme Ruscalleda siempre ha recomendado encomendar el buen gusto por la mesa y la comida haciendo hablar a los niños sobre lo que están comiendo. El paladar se forma pensando en lo que se come y verbalizándolo con quién comemos.

En cambio, un buen uso de las redes sociales es lo que también permite la comunicación entre las personas. "Cuando tenemos una vida social establecida en la vida real, el uso de las redes sociales es un instrumento a nuestro alcance que dominamos nosotros y que utilizamos con responsabilidad", dice Carreño.

A pesar de todo ello, la psicóloga apostaría para desconectar de las redes sociales como una manera de cambiar de hábitos, y un momento ideal para practicarlo es en verano. "Hay momentos del año que está bien cambiar de hábitos, aunque sea por unos días o semanas, porque nos ayuda a saber si las cosas que creemos imprescindibles lo son o no, y hasta qué punto", afirma la psicóloga.

Finalmente, desconectar de las redes sociales también significa entender que, aunque no hagamos difusión de lo que hacemos, también lo hemos hecho. "Hemos llegado a creer que si no salimos en las redes sociales no existimos", y este es el principio que lleva al mal uso de las redes. "Hemos puesto en peligro nuestra intimidad en el momento que hemos expuesto nuestra vida privada con imágenes, comentarios y anécdotas, que son el peaje para acceder a la comunidad virtual", explica el psicólogo Jaume Soler.

En otras palabras, lo que vivimos debemos preservarlo, porque es nuestro material sensible, "y es poco inteligente ponerlo al alcance de un clic", dice Soler. Y es así porque "cuanto más exhibicionismo, más necesidad de reconocimiento externo tenemos", cuando en la práctica nuestra vida es igual de valiosa sin el 'me gusta' y sin comentarios que refuercen o denigren nuestra autoestima.

Y qué pasa cuando viajamos si hacemos 'detox'?

Los viajes y los descubrimientos de los nuevos paisajes son uno de los principales motores de actualizaciones de Instagram, Facebook y Whatsapp. De hecho, también es el que agota más emocionalmente a los usuarios que no hacen vacaciones pero que contemplan las vacaciones alegres (o aparentemente alegres) que viven los demás. El plan de desintoxicación del verano prevé no entrar en la red durante un tiempo marcado. Si coincide con las vacaciones, y la dependencia de compartir lo que se descubre es alta, un consejo es limitar la conexión a unas horas al día. Se puede tener el móvil en modo avión para utilizar la cámara del móvil y luego, por la noche, conectarse. "Así evitamos hacer fotos y enviarlas inmediatamente por WhatsApp a los amigos o a la familia, porque esto implica tiempo que perdemos en ese momento", dice el profesor Ramon Casals.

Plan 'detox' de redes sociales en varias fases

El concepto 'detox' se utiliza en nutrición para hacer referencia a la desintoxicación alimentaria después de haber comido demasiado. En el ámbito emocional, el concepto se usa para designar el hecho de descansar la mente después de una exposición excesiva a los 'ruidos' e informaciones de las redes sociales. La catedrática de educación de la Universidad de Barcelona (UB) María Rosa Buxarrais recomienda estos pasos:

• Comience por cinco días (otros psicólogos recomiendan un mínimo de quince).

2) Márcalos y escribe el plan social 'detox' concreto que harás.
3) Cuando lleguen los días señalados, desconecta sesión de todas las redes sociales. Una opción es eliminar las aplicaciones del móvil.
4) Anota en un papel las veces que has tenido la tentación de entrar en una red social.
5) El tiempo que inviertas en las redes sociales lo puedes dedicar a conocerte mejor, a tener tiempo libre o a practicar otras actividades.
6) Pasados los cinco días, marca otro objetivo en el calendario.

El dato

Según escriben Maria Mercè Conangla y Jaume Soler en el libro 'Ecología emocional para el nuevo milenio. El arte de reinventarse a uno mismo ', el sector más conectado a algunas de las redes sociales tiene en algunos países tasas superiores de paro del 40%.

¿Qué es la amistad?

Según Maria Mercè Conangla y Jaume Soler, estar conectado no es lo mismo que estar comunicado. Añadir a alguien en un grupo social no significa tener un amigo nuevo. Es una ilusión que a menudo intenta compensar la inexistencia de relaciones presenciales.

La amistad exige un nivel elevado de inversión emocional, de tiempo y de voluntad de hacer a menudo el camino a casa del amigo, estar con alguien, acompañarlo, conocer el momento, las inquietudes, los intereses y las necesidades del otro. Requiere un proceso y un tiempo sin prisas que nos permita entrelazar mutuamente la vida poco a poco.

La amistad no se improvisa, no tiene nada que ver con este cúmulo de relaciones que van conformando un árbol cada vez más ramificado de personas que husmean en una parte de la vida que el otro decide colgar en su perfil.

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