INNOVACIÓN

“O lo hacemos nosotros o nos lo venderán otros”

El ARA y Banco Sabadell organizan el debate ‘Made in Catalonia’ sobre el futuro económico del país

“Diez años atrás entendíamos mejor dónde estábamos y cómo habíamos llegado ahí. Ahora no tenemos claro en absoluto qué puede pasar en los 10 próximos años”. Una reflexión compartida por los tres ponentes, a pesar de pertenecer a los sectores más dinámicos de la docencia y la empresa. Era el primer coloquio del ciclo de seis sesiones con el lema genérico “Ahora pensamos”, un espacio abierto de debate sobre el futuro de Cataluña en temas de estrategia pública y privada, que organizan el ARA y Banco Sabadell.

Repaso de los tres ponentes y dónde estaban hace 10 años: en 2009 Andreu Mas-Colell recibía un homenaje de la Universidad Pompeu Fabra porque iba a ser directivo, por concurso de méritos, del Consejo Europeo de la Investigación. Montserrat Vendrell dirigía el Parque Científico de Barcelona (PCB) y en 2007 había iniciado el proyecto Biocat. Aleix Valls era un sabio doctor en mecánica computacional de fluidos (UPC) y ya apuntaba a protagonista destacado de la era digital.

De Mas-Colell ya es lo bastante conocida su evolución posterior, sobre todo como consejero de Economía y Conocimiento. Vendrell dirige el fondo Alta Life Science para inversiones en Ciencias de la Vida, además de presidir el Consejo Social de la UPF. Y Valls fue impulsor de la fundación Mobile World Capital y ahora asesora empresas sobre la transformación digital.

Los tres tienen más claro cómo han llegado donde están, pero son incapaces de imaginar dónde estarán en 10 años. Sin embargo, su experiencia fue el hilo conductor para el centenar de personas que llenaba el salón de actos prestado por el Círculo de Economía para el coloquio, moderado por Esther Vera, directora del ARA.

No salió explícitamente en el debate, donde se hablaba de lo bien que ha evolucionado el sector de la innovación en Cataluña, tanto en investigación como en creación de empresas, pero sí que se vislumbraba la difusión, el lunes, del mapa europeo que clasifica las 238 regiones de la UE con un solo parámetro: la capacidad de innovación. Como si fuera un mapa meteorológico, los pictogramas marcaban el sol reluciente de algunas regiones del norte de Europa y pocas de mediterráneas, y la combinación de sol y nubes de muchas otras, además de las de lluvia y mal tiempo inevitables. Cataluña aparece como una región de más nubes que sol, es decir, una zona de innovación moderada. En el tercer grupo, por encima solo de los “modestos”, un eufemismo que es fácil de imaginar a quién corresponde.

Se trataba de buscar diagnósticos del estado de la investigación pública y privada (o compartida) en Cataluña. Y también posibles tratamientos.

Pocas discrepancias. Mas-Colell ve que en 10 años “no tendremos un país diferente”, pero hay que estar atentos a las inflexiones que puedan marcar las políticas públicas. Es rotundo cuando dice que competir en costes laborales es un error. Se puede ser competitivo porque aquí hay salarios más bajos, pero en ningún caso debe ser el principal elemento de oferta.

La gobernanza

Vendrell certifica la evidente emergencia positiva de empresas incipientes (start-ups) en ciencias de la vida, “impensables hace una década”. Pero les cuesta crear modelos de gobernanza que les permitan crecer. Valls recuerda que la gestión de los datos es transversal para todos los sectores. “O lo hacemos nosotros o nos lo venderán otros”, advierte sobre el dominio del big data que debe tener cada empresa si no quiere depender de otros proveedores que harán disminuir su valor.

Y donde hay unanimidad es en las carencias del modelo universitario catalán (sin distinciones públicas y privadas, incluyendo las intocables escuelas de negocio de Pedralbes) a la hora de adaptarse al modelo competitivo actual. No gustan ni las maneras de gobernarse de los centros (“¿Qué hay de malo en que haya investigadores que cobren más que el rector?”, lanza Mas-Colell) ni la proliferación de títulos que aspiran, erróneamente, a adaptarse a las demandas empresariales, como tampoco la rigidez en la transmisión de innovaciones de laboratorios en las empresas.

Quien lo lea en 2029 seguro que sonreirá. Están todos de acuerdo.

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