PANDEMIA

La odisea por una PCR en Madrid

Ayuso ha renunciado a rastrear los contactos estrechos y se aleja de la dimensión real de los contagios

Tenía cita para las 10 h pero ha llegado una hora tarde y, con sorpresa, no se ha encontrado lo más mínimo de cola. Asier tiene 31 años y es vecino de Puente de Vallecas. El lunes, tanto él como su madre recibieron un SMS que los convocaba a los cribajes masivos en las zonas con más incidencia del coronavirus de la capital española. El Centro Cultural Lope de Vega se ha convertido desde el pasado martes en el laboratorio en el Estado de las primeras pruebas masivas con tests de antígenos, una variable imperfecta pero muy rápida -solo 15 minutos- de las PCR para detectar el coronavirus. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, anunció el 18 de septiembre un millón de tests en las zonas más afectadas, pero dos semanas y media después todo sigue por hacer. A pesar de haber convocado por SMS a unas 22.000 personas, hasta ayer solo se habían hecho 5.396 pruebas, con el resultado de tan solo 13 positivos.

El caso de Asier, que este martes dio negativo de coronavirus, contrasta de pleno con el de Adriano, estudiante de secundaria de 16 años que empezó a tener síntomas de coronavirus -dolor de cabeza y fiebre- la semana pasada. Hasta ayer no le hicieron la PCR en uno de los centros de salud del barrio, el Vicente Soldevilla, y no prevé tener los resultados hasta la semana que viene. Más largo todavía está siendo el proceso de José Manuel, vecino de Carabanchel de 25 años. En su centro de salud, el Abrantes, no le cogían el teléfono y se presentó ahí el pasado viernes a 38,5 ºC de fiebre para que lo atendieran. Después de media hora de cola le hicieron la PCR y ya le han dicho que no tendrá resultados hasta al menos este viernes.

Con un sistema de atención primaria saturado y los laboratorios desbordados por más de 150.000 pruebas PCR semanales, desde el inicio de curso en muchos barrios y municipios madrileños es habitual recibir los resultados de la prueba cuando ya se ha acabado la cuarentena. La media de retraso entre los síntomas y los resultados es de entre 7 y 8 días, como señalaba el martes el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, pero en algunos casos puede llegar a 14. A pesar de que la única receta de la Organización Mundial de la Salud es hacer “tests, tests y más tests” para evitar el colapso del sistema sanitario, el gobierno de Ayuso ha decidido oficialmente renunciar a rastrear los contactos. Desde la semana pasada ya no se hacen pruebas PCR a contactos estrechos si no son convivientes, personas especialmente vulnerables o bien tienen síntomas.

Los primeros afectados han sido las familias con niños confinados por un positivo en clase. Lo sabe muy bien Emma Fernández, vecina de Parla, porque ya ha vivido los dos protocolos en casa. Su hija Daniela estuvo en contacto con un positivo a principios de septiembre y todos guardaron aislamiento y les hicieron la prueba, a pesar de que les llegó el resultado el día que ya volvían a la escuela. Ahora están pasando por lo mismo con la hija pequeña, Valeria, después de que confinaran a su grupo burbuja. “No le harán ninguna prueba. Y como no hay ningún positivo en casa, el padre va a trabajar y la otra hermana a la escuela, cosa que es bastante absurda”, explica.

Solo la punta del iceberg

Los tests de antígenos de Ayuso tendrían que ser una burbuja de oxígeno contra el desbordamiento de los laboratorios en lo que respecta a las PCR, pero los expertos en Salud Pública alertan que no se están usando en la dirección correcta. Javier Segura, epidemiólogo y vicepresidente de la Asociación Madrileña de Salud Pública, señala que la decisión de dejar de hacer tests cambia drásticamente la interpretación de los datos. “Cada vez tenemos una punta más pequeña del iceberg y más hielo en el fondo del mar”, explica al ARA. De hecho, ayer el consejero de Salud de la Comunitat de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, pidió al gobierno español que “reconsidere la orden de cierre” de Madrid porque según sus datos los contagios ya han bajado un 42% los últimos 15 días. Simón, sin embargo, el lunes los puso en entredicho.

Para Segura, los tests de antígenos se tendrían que usar sobre todo para hacer el cribaje de los contactos estrechos para detectar posibles asintomáticos y no de manera indiscriminada en barrios como Vallecas. Su teoría es que no se está explorando lo suficiente el factor laboral en la propagación del covid-19 y apunta que, en la mayoría de cribajes masivos, solo acaban haciéndose la prueba las personas que pueden permitírselo. Lo confirma Asier. Su madre ha renunciado a ella porque no tiene tiempo. Desde el Suma 112, el servicio de emergencias que hace los tests en el Lope de Vega, también apuntan que lo que los ha “sorprendido” más es tanto la poca gente que está asistiendo a los cribajes como los pocos positivos.

El lento diagnóstico, sumado al inexistente rastreo de casos, está empezando a hacer que la gente se lo piense dos veces antes de comunicar síntomas vinculados al covid o la alerta de un contacto estrecho. José Manuel ya teme por el trabajo. Empezó de teleoperador en una aseguradora no hace ni un mes y habrá pasado al menos 10 días de baja sin saber ni si es por coronavirus. La madre de Adriano, de origen brasileño, ya hace 15 días que no trabaja limpiando casas porque su jefa dio positivo y admite que, si a él también le pasa, no sabrá qué hacer para tener un sueldo a final de mes.

¿Qué son los tests de antígenos?

La Comunidad de Madrid ha forzado la máquina para que el Ministerio de Sanidad avale un método más barato y rápido para detectar el coronavirus: el test de antígenos. Se trata de uno que tiene una sensibilidad y especificidad similar a la PCR pero con resultados en solo 15 minutos, según explica Víctor Escudero, técnico de emergencias del SUMMA 112, miembro del equipo que ha organizado los cribajes masivos en el Centro Cultural Lope de Vega. De momento están encontrando muy pocos positivos en un área con una incidencia superior a los 1.000 casos por 100.000 habitantes.

Los vecinos son convocados a través de un SMS por franjas horarias, pese a que pueden acudir a cualquier hora entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche siempre y cuando enseñen el mensaje. Cuando llegan, se les mira si tienen fiebre, se les desinfectan las manos y pasan un primer control mostrando el DNI o NIE -el censo se ha elaborado a través de la tarjeta sanitaria y el censo electoral-. A continuación se les da un código de barras con su información y se hace el test de antígenos. En una sala anexa esperan los resultados, que son digitalizados y enviados cada noche a Salud Pública.

La duda a estas alturas, tal y como recalcó Simón, es cómo la Comunidad de Madrid está contabilizando estos tests, si como pruebas PCR o bien a parte. "Al final la importancia de las pruebas, aunque salgan muy pocos positivos, es la trazabilidad de todos los contactos estrechos de estas personas", destaca Escudero. "Parece poco pero es mucho", añade. Los cribajes, de momento, avanzan lentamente. Ayuso dijo que tenía un test para cada madrileño, pero de seguir este ritmo para hacer el millón prometido tardaría al menos nueve meses -y sin contar la gente que no se presenta a la convocatoria.

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