ARTE PÚBLICO

La pandemia acelera los retos pendientes para humanizar el espacio público

Las ciudades buscan soluciones para combatir la especulación inmobiliaria y la emergencia climática

La 'Crown Fountain', de Jaume Plensa, envoltada de gent / WIKIMÈDIA COMMONS

La relación de Jaume Plensa y sus obras con el espacio público es capital: a lo largo de los años ha embellecido ciudades de todo el mundo y, en casos como la Crown Fountain, en Chicago, y la enorme cabeza Dream, en la antigua localidad minera de St. Helens, en el Reino Unido, involucró a la gente del lugar en el proceso de creación. En otros casos, como con  Carmela, la cabeza que se puede ver enfrente del Palau de la Música Catalana, en Barcelona, lo conmovió que la gente pidiera que la escultura se quedara ahí. Esta vertiente social de la obra de Plensa pone de manifiesto los retos actuales de las ciudades con sus espacios públicos. "Los retos del espacio público existían antes del covid. La pandemia los ha acelerado y disparado", dice Judit Carrera, directora del CCCB y miembro del equipo del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, organizado por el CCCB junto con el Museo de la Arquitectura Alemana, el Museo de la Arquitectura y el Diseño de Ljubljana y el Centro de la Arquitectura de Viena, entre otros. "Si la ciudad europea se caracteriza por algo es por su complejidad, por su densidad y por los diferentes usos simultáneos", subraya.

La ciudad de Barcelona comparte estos retos y también, según el arquitecto Vicente Guallart -que fue el arquitecto jefe de la ciudad y director general de Habitat Urbano entre los años 2011 y 2015-, la renaturalización de la ciudad. "Algunas de las transformaciones que se están produciendo siguiendo el urbanismo táctico -explica Guallart- en realidad deben permitir testear hacia qué solución vamos. El reto a medio plazo es que creo que los vehículos privados estarán prohibidos en la ciudad y, por tanto, los proyectos en torno a la red de autobuses, las supermanzanas y la ciudad de los quince minutos deberán permitir desasfaltar una parte de la ciudad y renaturalizarla. Plantar un árbol en el eje de la calzada es un manifiesto para indicar que hemos roto con la regla de la movilidad rodada y le hemos dado otro sentido. En realidad, el espacio público es un reflejo de cómo está organizada la ciudad".

Ildefons Cerdà proyectó el Eixample en un momento en que no había tantos vehículos, y el hecho de que ahora se pueda superponer un urbanismo táctico a su diseño pone de relieve para Guallart "la flexibilidad" de aquel proyecto. Para la arquitecta Olga Subirós, que representará a Cataluña en la próxima Bienal de Venecia de arquitectura con un proyecto reivindicativo sobre la calidad del aire en las ciudades, es muy urgente rebajar las emisiones de CO2 con medidas como las zonas de bajas emisiones: "Recordemos que Barcelona es la ciudad europea con la densidad de vehículos más alta: 6.000 vehículos por kilómetro cuadrado. Recordemos también que Barcelona tiene más del 50% del espacio público dedicado a la circulación de vehículos y al aparcamiento en superficie". La situación es crítica porque, aunque se aplique esta solución y otras como las supermanzanas, "no son suficientes para alcanzar los estándares de calidad del aire requeridos por la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud". Como se ve en la obra de Plensa, los artistas no son ajenos a todos estos problemas y contribuyen a resolverlos desde su disciplina: el artista albanés Anri Sala formó parte del equipo del despacho 51N4E, que proyectó la reforma de la plaza Skanderbeg en Tirana y que ganó la última edición del Premio Europeo del Espacio Público Urbano. La nueva edición del premio estaba prevista para este año, pero como la pandemia del covid "ha sacudido" las condiciones del premio, como dice Carrera, se ha pospuesto hasta el 2021.

La dimensión económica

El efecto Amazon es uno de los factores de transformación urbana

Reflexionar sobre cuál es la principal fuente de producción de las ciudades europeas, después de que haya perdido peso la carga industrial, es uno de los desafíos más urgentes. "Hay que repensar la ciudad en la era postindustrial y en un momento en que la digitalización está alterando la manera de producir y generar la economía", explica Carrera. Mientras que el comercio está en la raíz de "la identidad de la ciudad europea", el aumento de la compra online (conocido como efecto Amazon), ha tenido consecuencias como "la transformación de los centros históricos". Otro aspecto es el turismo, que llega cuando desaparece la base industrial, que ha sufrido "la huella devastadora" del covid. En lugar del monocultivo turístico, se defiende "una diversidad de economías que no la hacen dependiente de una única fuente".

La emergencia climática

Incorporar medidas para combatirla

Según las Naciones Unidas, tres de cada cinco ciudades corren el riesgo de sufrir un desastre natural y, si se cumplen las previsiones, las ciudades mediterráneas pasarán el verano de 2050 los 50 grados. "Se tiene que introducir realmente la dimensión climática en la gestión de la ciudad y del espacio público", advierte Carrera. "La conciencia de que la ciudad forma parte de un ecosistema algo más amplio, en lugar de creerse autosuficiente, influirá en la manera de percibir y crear espacio público", subraya.

Aunque pueda parecer paradójico, el calentamiento global ha tenido unos efectos que se pueden calificar de positivos porque la población de los países nórdicos puede pasar más tiempo fuera de casa y en los últimos años ha seguido la tradición de espacios públicos como los de los países del sur, como explica Peter Cachola, el director del Museo de la Arquitectura Alemana. "El calentamiento global es terrible, pero para los países más fríos tiene algunas cosas positivas", dice. "El cambio climático no es tan fácilmente predecible, es más caótico", subraya.

Seguir luchando por los espacios

En la Europa del Este los promotores se quedan con los lugares descuidados

Los problemas que afectan al espacio público son diferentes según la geografía. Países de Europa del Este como Eslovenia y Croacia tienen una larga tradición en el terreno del espacio público, pero a lo largo del siglo XX esta tradición perdió la vertiente de procurar bienestar y los ciudadanos deben "luchar" para conseguirlo, como dice Matevz Celik, el director del Museo de la Arquitectura y el Diseño de Ljubljana. "Hay mucho espacio público, pero no es visto como un lugar para invertir, son espacios abandonados. La gente los sigue utilizando pero los ayuntamientos no están interesados en invertir y son mucho más vulnerables". Esto provoca que se pierdan. Entonces a menudo las empresas y los promotores llegan, se quedan los espacios y construyen en ellos", explica. "Es importante entender que hay una necesidad constante de luchar por el espacio público, porque es realmente importante para la democracia europea. Si algo tenemos que entender de la crisis del covid es el valor de los encuentros presenciales, del verde en las ciudades. Creo que ahora mismo estas cuestiones se pueden volver más importantes", subraya.

"Los pequeños espacios públicos también son importantes, no sólo los representativos", reivindica Angelika Fitz, la directora del Centro de la Arquitectura de Viena. "Tienes que tener todas las infraestructuras a tu alrededor y también espacio libre para que no tengas que recorrer toda la ciudad para encontrarlo". Para Fitz, la crisis del año 2008 tuvo "un impacto muy negativo" en las ciudades europeas porque la inflación en el campo inmobiliario hizo subir mucho el precio de la vivienda y amenazó el espacio público, porque hizo que el suelo se volviera "muy caro". "Tenemos que ser muy cuidadosos y aprender de esta crisis global como sociedad, porque no aprendimos nada de la última", lamenta Fitz.

Cuidar más a la gente

Intervenir en cosas existentes renueva las relaciones humanas

Para Angelika Fitz, la dimensión política y social del espacio público son capitales porque "hay muchos públicos, aunque vivan en una misma área de la ciudad; una plaza puede querer decir algo para unos y otra para otros". Las ciudades son cada vez más diversas debido a la inmigración y a los diferentes estilos de vida y, coincidiendo con Judit Carrera, Fitz dice que no se puede pensar en un espacio público idealizado y "de consenso". "Quizás esta idea nunca ha funcionado, y estoy segura de que no lo hace ahora ni lo hará en el futuro". En lugar de eso, habla de "nichos" donde cada uno puede encontrar su propio espacio público.

Angelika Fitz también pone de relieve las diferentes historias del espacio público en los diversos países europeos, y recuerda que en la renovada plaza Skanderbeg de Tirana los autores convirtieron un espacio militar existente sobre todo en regímenes totalitarios en un espacio cívico. "Esta es la grandeza del proyecto", subraya. Estas ideas humanistas ligadas a la configuración arquitectónica del entorno culminan en el afán de Fitz de introducir "los cuidados" en el planeamiento urbano, la arquitectura y el espacio público. Por eso no hay que construir nuevos edificios, sino "reparar" los que ya hay, como la mencionada plaza Skanderbeg. Precisamente Fitz organizó una exposición en su museo sobre esta cuestión hace algunos meses, Critical care. Architecture for a broken planet [Cuidados intensivos. Arquitectura para un planeta herido]. "Creo que esta actitud de no empezar desde una tabula rasa sino modernizando y mejorando edificios existentes es muy interesante porque conecta a varios actores: la sociedad civil, los vecinos y los organismos políticos", explica.

La mejora de edificios y espacios existentes tiene que ver con los cuidados, según Fitz, porque crea nuevas "interrelaciones" entre los vecinos, las administraciones y los encargados de hacer la planificación urbana, que considera necesarias. Precisamente, una de las obras de la exposición Critical care es la ganadora de la edición de 2016 del Premio Europeo del Espacio Público Urbano, la recuperación de las huertas termales de Caldes de Montbui, porque el desarrollo del proyecto de los arquitectos Elena Albareda Fernández, Jordi Calbetó Aldomà y Marta Serra Permanyer incluyó un proceso participativo con unos setenta hortelanos que las utilizaban.

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